Bilbao - El frontón Navarra Arena no es un territorio desconocido. Pero casi. Ni Joseba Ezkurdia ni Jokin Altuna pudieron ejercitarse como es debido para la preparación de la final del Cuatro y Medio que se desarrolla en sus entrañas hoy, a partir de las 17.00 horas. Apenas acudieron el lunes en un entrenamiento fuerte y específico y el jueves, día de la elección, en la que el navarro tomó una sesión con Peio Etxeberria y el guipuzcoano, únicamente con Jokin Etxaniz. Los dos manistas de Aspe aprovecharon al máximo la liturgia del material para tomar un poco más de contacto con el escenario de la batalla por la txapela de la jaula, a la que ambos llegan en igualdad de condiciones en ese sentido. Mal asunto. La semana pasada no hubo posibilidad de programar entrenamientos y tuvieron que tirar de otros emplazamientos para continuar con la rutina técnica, cuestión que quizás no pase factura a los protagonistas, pero sí que resta seriedad al evento.
Esquivando esa circunstancia, vital no, pero sí remarcable, la pared izquierda del recinto es otro de los factores que se atornilla al plexo solar de la final del Cuatro y Medio. Es áspera y sigue haciendo extraños. El saque y el resto crecen como razones de peso en mitad de un pleito que asoma al abismo a los más dotados en la distancia. Asimismo, hace tres semanas, después de que los intendentes y el seleccionador de material acudieran al recinto para apartar los diez cueros propuestos el jueves, destacaron que el suelo, pulido de nuevo, estaba muy “rápido” y, aunque quizás no llegue a la altura de los espejos de Iparralde, se notó.
“La pared izquierda es bastante áspera, agarra mucho la pelota, se va enseguida al suelo y no da tiempo de meter la mano, sobre todo cuando va más por abajo”, manifestó Joseba Ezkurdia, quien consideró que “con el saque se puede hacer mucho daño. Si aciertas al sacar por abajo al contrario puede no darle tiempo a llegar”. Por su parte, Altuna III valoró que “a diferencia de otros frontones, aquí si toca la pared, sale mucho la pelota hacia fuera en vez de resbalar, pero cada frontón tiene sus secretos y hay que amoldarse poco a poco a este”. “Es complicado poner pelota aquí y es de valorar la labor del seleccionador”, subrayó Altuna III.
Una vez desbrozados las entretelas del escenario, los focos apuntan a los protagonistas de la función, que estarán animados por las 3.000 gargantas que abarrotarán el macropabellón iruindarra. El actual campeón del Cuatro y Medio, Ezkurdia, asoma con la dinámica de la txapela frente a un Altuna III en un estado excepcional de forma. Los manistas de Aspe se disputaron la misma txapela en el mismo escenario en 2018. El de Sakana se llevó el cetro, atropellando al amezketarra con la violencia de su pelotazo. Joseba marcó el ritmo, un roquero. Altuna, arrastrando problemas físicos, puso la pimienta con técnica y vísceras. El guipuzcoano es un superviviente. Ahora, la cosa ha cambiado. El guión es muy distinto. Los precedentes no sirven para nada.
A Ezkurdia le costó siete campañas conquistar la primera lana de su carrera, fue en el Parejas de 2018 con José Javier Zabaleta, y se confirmó en el acotado del curso pasado. Fue profeta en su tierra, en la final excepcional que puso el punto final al primer campeonato sin botilleros y la primera cita por una txapela en el Navarra Arena. Después, realizó uno de sus mejores Parejas, pero no alcanzó las semifinales, y estuvo a un palmo de la final del Manomanista. Todas esas credenciales no fueron suficiente para Aspe, que no tiró de su experiencia para los compromisos veraniegos. Sin embargo, con un campeonato de galones, en el que no conoce la derrota, Ezkurdia regresa a la primera plana. Es un primer espada. Durante el Cuatro y Medio ha tumbado a Oinatz Bengoetxea (8-22), Unai Laso (22-21), Iñaki Artola (22-14) y Erik Jaka (22-20). Quitando la victoria aplastante sobre el leitzarra, el resto del campeonato no ha sido un camino de rosas y sufrió, sobre todo, en la semifinal, en la que le costó cerrar el duelo ante Jaka, y ante Laso, al que remontó un 13-21.
cuarta final seguida En la otra orilla, el exitoso Altuna III, considerado por su empresa como el número uno por su capacidad deportiva y de atracción, aterriza en su cuarta final del Cuatro y Medio consecutiva. Hasta el momento únicamente conquistó la de 2017 ante Mikel Urrutikoetxea (22-21). En 2018 fue la víctima de Ezkurdia, pero transitó una senda escarpada durante todo el acotado. Se lesionó en San Mateo y participó sin entrenar. Aun así, dio guerra, mucha guerra. La fotografía ha cambiado de cabo a rabo. En la presente edición de la jaula ha estado incontestable. Por el camino quedan los escombros de Peio Etxeberria (22-5), Jaka (19-22), Víctor (9-22) y Laso (22-10). La victoria de las semifinales ante el navarro fue un dechado de virtudes y alumbra el estado de forma del pelotari amezketarra, cuyas condiciones físicas y técnicas parecen talladas para la especialidad. Con todo, la velocidad y el ritmo siguen siendo el caballo de batalla para una colisión entre talentos en el que el saque y el resto pueden tener una importancia capital.