bilbao. En mayo pasado Floyd Landis, que se había arruinado tratando de defender su inocencia tras el positivo por testosterona en el Tour de 2006, que lo había perdido todo: su esposa, su hogar, los amigos, y nadaba en el descrédito, confesó finalmente que se había dopado de manera sistemática durante su carrera -"me quitaron el Tour por dar positivo por testosterona, justamente lo único que no había en mi cuerpo. Podría haber dado positivo por EPO, por hormona de crecimiento, por lo que fuera, pero no por testosterona"-. Acusó también ese día a Lance Armstrong de haber hecho lo mismo, que él lo había visto cuando ambos compartieron equipo, lo que además del revuelo y la reacción del tejano, que se defendió diciendo que Landis era un mentiroso compulsivo, provocó que en Estados Unidos se activara una investigación federal encabezada por Jeff Novitzky, el mismo agente de FDA que destapó el caso Balco y llevó a la cárcel, entre otras estrellas, a Marion Jones. Desde entonces, Landis se ha convertido en un tipo incómodo para el ciclismo, para la UCI, para sus antiguos colegas, porque no para de hablar de dopaje, acude a conferencias donde cuenta su verdad con ánimo de enmienda y alecciona a los especialistas en la lucha contra el dopaje diciéndoles cómo, cuándo y dónde tomaban las sustancias prohibidas que luego burlaban los controles. Landis, dicen, ha hecho del trabajo por un futuro sin dopaje el objetivo de su vida. Se ha involucrado tanto, que su relación con la investigación abierta a Armstrong en Estados Unidos no se limita a confesiones y declaraciones.

En la primavera pasada, poco después de señalar al tejano, cuenta el Daily News, ayudó a Novitzky a cerrar el cerco en torno a Michael Ball, el excéntrico empresario cuya marca de ropa, Rock&Republic, se declaró en bancarrota en abril y cuya extensión ciclista, el Rock&Racing donde corrieron Mancebo, Sevilla o Tyler Hamilton, compañero de Armstrong durante tanto años, murió sin remedio. Landis se presentó en el apartamento de Michael Ball en California con un micrófono escondido y una pequeña cámara de vídeo portátil. Recogió imágenes de lo que parece ser hormona de crecimiento y otros productos dopantes en el refrigerador, lo que le ha servido a Novitzky para obtener una orden de registro para el apartamento de Ball, que, de momento, no ha sido acusado públicamente de ningún delito. Tampoco está clara la relación que la investigación tiene con el caso Armstrong, aunque cuando esta se llevó a cabo y Landis grabó aquella conversación en su apartamento, la USADA y los agentes federales ya habían comenzado a buscar pruebas para comprobar si las acusaciones de Landis sobre Armstrong son ciertas.