Síguenos en redes sociales:

Invierno en California

Aitor Hernández y Aitor Galdos, sin equipo para 2011, se refugian en el ciclocross

Invierno en CaliforniaFoto: alain laiseka

bilbao. La diferencia entre estar o no estar, o vivir en el limbo, sin saber, sin sospechar lo que ocurrirá mañana, es una frase que escupen las vísceras de Aitor Hernández (Ermua, 1982) mientras se arranca el barro de las canillas con el cincel de un chorro de agua frío, la nariz colorada, el gesto encogido, las mejillas macilentas, las pupilas inyectadas en sangre, las ojeras pronunciadas: "No recordaba lo duro que era esto".

Esto, es ciclocross. Las mañanas gélidas de salda beroa, los hombres estatua bajo la lluvia y las katiuskas verdes sumergidas en el lodo, las amatxus enérgicas angustiadas por los chiquillos trémulos, un patxaran pa"calentar el pecho, Benito Lertxundi en la megafonía, o Maixa eta Itziar, o Itoiz, o Exkixu como concesión límite al modernismo, un poco de barro en el paladar, el calentón, las colas alrededor de la manguera a presión, las papeletas para el sorteo del jamón, la aspiradora, una ayudita para el club, que no corren buenos tiempos, la hilera de caravanas de los pudientes, las figuras, Larrinaga, Murgoitio, los Suárez, Seco y poco más, mientras el resto se sigue aseando, siempre fue así, con el culo encajado en el borde del capó de tapicería de viejas sábanas de flores. "No me acordaba de lo duro que era esto", insiste Aitor Hernández, que pasa el invierno en furgoneta, en una California -el famoso modelo de Volkswagen- gris y hippie. Es la mejor representación de su transición profesional, de su salida de Euskaltel-Euskadi y el ingreso en las milicias de la incertidumbre. "No sé aún lo que va a pasar conmigo". De momento, sin equipo para 2011 pero sin renunciar a tenerlo, "sigo buscando algo, lo que sea", se refugia en el universo secular e inalterable del ciclocross como antes que él hicieron en la misma situación filosa Unai Yus, Javier Ruiz de Larrinaga o Egoitz Murgoitio, que se enraizaron en la modalidad invernal del ciclismo, triunfaron y triunfan.

"Yo lo único que sé es que haré toda esta temporada. Luego, ya veremos", concede el ermuarra -bronce en el estatal junior en 1998 y en sub"23 en 2002-, quien cohabita en esa angustiosa sala de espera con Aitor Galdos (Ermua, 1979), vecino en Ermua y en Euskaltel-Euskadi, de donde también ha salido despedido con el cierre de la temporada.

En apenas un año, Ermua, su factoría ciclista con cuartel general en Santa Ana, el barrio robado a la montaña, ha pasado de la opulencia a la miseria. Contaba con cuatro profesionales y ya, de momento, no tiene ninguno. "Primero fue Igor -Astarloa-, al que le hicieron la vida imposible de manera injusta, y con él se fue Pedro -Horrillo- obligado por las secuelas de la caída del Giro el pasado invierno. Y ahora, Aitor y yo", lamenta Galdos. "Es una pena, una pena, una pena...", conviene su vecino. "Pero no es el fin del ciclismo en Ermua. Se está haciendo un gran trabajo con los chavales y, precisamente, hay dos hermanos, los Goikoetxea, que tienen muy buena pinta", abunda Aitor Hernández, la voz pausada de quien ha logrado dominar su frustración huyendo de la desidia que amenazó con derrumbarle cuando en agosto el equipo le comunicó que no contaba con él. "Por eso, porque ha pasado mucho tiempo y he tenido la oportunidad de recapacitar, ahora no le doy muchas vueltas a lo sucedido. Aunque reconozco que a veces me cuesta dormir pensando en qué va a ocurrir a partir de ahora", reconoce Hernández, joven, 28 años, "una buena trayectoria", y ganas de seguir siendo ciclista. Lo dice con la boca pequeña que articula la resignación, o, quizás, la timidez, su carácter tibio: "La esperanza no la pierdo".

Galdos, inconformista Galdos, más menudo pero más enérgico, un tipo sin temporizador, firme y contundente, no dice que quiere seguir, sino que está seguro de ello. Ha rastreado, como Hernández de la mano de Antón Ormaetxea, el mismo que les abrió la puerta del profesionalismo en el extranjero, el anárquico entramado del mercado italiano y es optimista. "Reconozco que esta es una situación extraña porque no saber qué va a ser de tu vida no es nada cómodo. Pero no bajo los brazos, no me siento lejos de seguir siendo ciclista. Todo lo contrario. Creo que encontraré algo, aquí o en Italia", proclama Galdos en lo que viene a ser un tratado de inconformismo sustentado en una certeza: "Mi temporada es buena". Ha sido el quinto ciclista de Euskaltel con más puntos UCI y ha rozado el triunfo en la primera etapa de la Vuelta a Polonia, en la que fue segundo.

"Deportivamente no puedo achacarme nada y creo que nadie lo puede hacer. Si este año me hubiese arrastrado, yo mismo sería coherente y renunciaría a seguir, pero no es el caso", razona el ermuarra. "Sé que si continúo, lo haré bien", promete; "porque todavía tengo el bicho dentro, las ganas, la motivación. De hecho, con el ciclocross -el sábado en San Sebastián de los Reyes logró su primera victoria, la que prometió que lograría con el maillot de Euskaltel- estoy seguro de que estoy haciendo mi mejor preparación invernal de los últimos años".