BILBAO. El ciclismo sigue estos días a vueltas con la polémica surgida a raíz de las bicicletas motorizadas. Por si fuera poco el daño que el dopaje tradicional le ha hecho, el ciclismo se enfrenta ahora a un nuevo enemigo, el dopaje mecánico. La supuesta trampa trata sobre un artilugio, el Grubber, en forma de pequeño cilindro o motor que, insertado dentro del cuadro de la bicicleta, va conectado al engranaje de los pedales.

Así, por medio de una diminuta batería oculta, se puede poner en marcha apretando un botón en el manillar y alcanzar una velocidad de hasta 50 km/h que desarrollaría 100 vatios de potencia. El método, diseñado por fabricantes austriacos como un soporte y ayuda que permite a los cicloturistas y aficionados superar las rampas más duras sin bajarse de la bicicleta, podría poner en duda más de una gesta de un deporte acostumbrado a la épica.

La historia alcanzó su cenit con el reportaje del ex corredor Davide Cassani para la RAI -dos millones de visitas en YouTube-, que no dejaba indiferente a nadie dentro de los círculos ciclistas. El asunto invitaba a una profunda reflexión, sobre todo en el seno de la Unión Ciclista Internacional, comité que regula el ciclismo profesional. Su presidente, Pat McQuaid, no se mostró convencido al principio. "Es un rumor que se está extendiendo, pero que no tiene fundamentos para ello", dijo. Sin embargo, al poco tiempo anunció que la UCI se encargaría de estudiar si la trampa, en realidad, existía dentro del pelotón. Y es que más vale ser precavidos y curarse en salud.

Los miembros del comité regulador de la UCI discutieron los asuntos concernientes al material utilizado en competición y parece que ya se han tomado las primeras medidas durante estos días. Los corredores que participan en la Vuelta a Suiza han recibido la visita de los inspectores de la UCI, quienes más allá de los rutinarios controles antidopaje se han dedicado a realizar diversas comprobaciones visuales en las bicicletas de los participantes.

Sin embargo, la principal noticia radica en un escáner de detección desarrollado por la Escuela Politécnica Federal de Lausana. Un control antimotor que detectaría el uso de estos artilugios en los cuadros de las bicicletas. Las pruebas realizadas con el nuevo método de detección de dopaje mecánico han resultado ser muy positivas y, tras comprobar su eficacia, la Unión Ciclista Internacional comenzará a hacer uso de los escáneres a partir del próximo Tour de Francia, realizando un exhaustivo examen sobre todo el material que cada equipo participante disponga en la Grande Boucle.

Aunque no todo acabará ahí. La carrera estará sujeta a una reglamentación más estricta a fin de garantizar que los equipos participantes sólo puedan utilizar el material revisado desde el inicio hasta el final de la competición. Del mismo modo, sólo se permitiría el cambio de bicicleta por otra que haya sido revisada y forme parte de la carrera.

Esta última medida se ha tomado a consecuencia de las sospechas que giran en torno a las exhibiciones de Fabian Cancellara en el Tour de Flandes y la Paris-Roubaix. Y es que quienes hablan de sospechas, temen que Cancellara recibiera la bicicleta motorizada de manos de un mecánico que estuviera en un punto estratégico de la carrera.

El suizo, por su parte, continúa ajeno a toda la polémica. Cancellara habló sobre el asfalto al ganar el prólogo de la ronda helvética y dejó una frase demoledora: "Sí que tengo un motor, el mío."

doblete de Burghardt en suiza El alemán del BMC Racing obtuvo su segundo triunfo en tres días al adjudicarse, tras una larga escapada, la séptima etapa de la Vuelta a Suiza, 204 kilómetros entre Savognin y Wetzikon. Sin cambios en la general, el holandés Robert Gesink (Rabobank) logró mantener el maillot de líder.