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Chris Isaak: ¡Viva Las Vegas!

El rockero celebró su 70 cumpleaños con un concierto tan sensible y melancólico como espectacular y festivo en la clausura de la primera jornada del ‘Legends’ en Miribilla

En imágenes: primera jornada del BBK Legends BilbaoMarkel Fernández

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Chris Isaakcumplió las expectativas en la primera jornada del BBK Legends Bilbao 2026 con un concierto en el Bilbao Arena que, a ratos, se asemejó a aquellos de los casinos y hoteles de Las Vegas donde el Elvis maduro ofrecía conciertos espectaculares. El californiano, que ayer celebró su 70 cumpleaños compartiendo felicitaciones y velas con sus seguidores, alternó gracietas, interacciones con el público, simpatía a raudales, coreografías de baile, una buena forma física a la altura de su magnífica voz y un repertorio que volvió a mostrarse imbatible, entre la electricidad del rockero y la caricia del crooner aquejado de mal de amores.

Seguro que las palabras que más sonaron ayer en Miribilla fueron love y blue. Amor y tristeza, sí, las dos patas entre las que pivota el repertorio de Isaak, además de rock´n´roll, claro. El tipo saltó al escenario de Miribilla tras el aseado, sobrio y elegante concierto ofrecido por sus compatriotas Cracker. El grupo, liderado por David Lowery y Johnny Hickman, hizo un repaso sobrio a su repertorio, entre la Americana polvorienta del country y el rock alternativo, entre lo acústico y la electricidad. Tiraron de éxitos como Euro Trash GirlThe Golden Age, Wedding Day, Low, Teen Angst... o un Another Song About The Rain con el que se despidieron. La cita nos resultó tan corta como intensa y en ella solo desentonó, a veces, su sobreexcitada violinista, Anne Harris, que impregnó de aroma folk al repertorio.

Volvamos a Isaak. Su cuarta vez en Euskadi –dos en el Azkena Rock– y segunda en Miribilla no logró agotar el taquillaje, pero bien que lo mereció. Hubo menos público, pero el concierto nos pareció bastante mejor que el anterior. El californiano salió con ganas y se notó desde el arranque, pisando fuerte con Beautiful Homes y rodeado por su banda, un cuarteto de instrumentistas excelso, uniformados y con traje oscuro. Como el del jefe, aunque este con hileras de brillantes en chaqueta y pantalón.

En imágenes: primera jornada del BBK Legends Bilbao

Ya había cantado “te quiero tanto, tanto” cuando apareció el primer lamento con Somebody´s Crying, sacando a pasear su máster en falsete antes de lanzar al público un “eskerrik asko” por acudir a disfrutar de la música en vivo y prometer a los asistentes una gran y divertida velada. Apenas esperó a la tercera canción, Waiting, para bajar a compartir sudor –menuda carolina, hubo abanicos por cientos– entre la peña madura de la pista. Logró que esta, respetuosa, se abriera como Moisés hiciera con el Mar Rojo.

Solo canciones y carisma

Sin pantallas ni proyecciones, solo canciones, toneladas de carisma y un repertorio infalible, Isaak es ya un veterano, pero se mostró en tan buena forma física como la de su garganta, espectacular en el falsete y en la prolongación de las notas. El de Stockton se marcó un popurrí en el que sonó un blues y la mítica Suzie Q antes de Don´t Leave On My Own, a la que siguió un I Want Your Love con un bello fraseo de teclado derramando lisergia y psicodelia.

Cuando, valiente, provocó la exhibición de móviles con Wicked Game tan pronto –solo era su sexto tema–, ya resultaba evidente la categoría de Silvertone, su banda de acompañamiento, que acabó tomando el nombre de su inolvidable debut discográfico. Al frente, el bajista Roly Salley, todo actitud y con botas rojas, y el guitarrista de Nashville J. D. Simo, que bordó la guitarra lastimera del mayor éxito de Isaak, compartido con David Lynch y que nos regaló envuelto en la luz azul de la tristeza del escenario.

Y espectáculo

Cuando sonó Go Walking Down There ya sabíamos a qué atenernos todos. Aquello era tan divertido como profesional, un show que podría trasladar sin problemas en una residencia de varios meses a un hotel de Las Vegas. Como su adorado Elvis, cuando ya estaba pasado de kilos y tranquilizantes. Entre bromas, pasos coreografiados, algún salto y carreras, descargaron Speak of the Devil y la versión de Pretty Woman, de otro solitario glorioso: Roy Orbison.

Ahí fue cuando la banda, la organización y el público –y él a sí mismo: “happy birthday to me”, le oímos– le felicitaron el cumpleaños y sopló dos velas mientras la banda optaba por unos taburetes para ofrecer una sesión semi acústica que nos recordó al mejor Elvis al atacar Forever Blue entre coros empastados y un silencio atronador. El teclista acarició el acordeón para colorear un fronterizo Two Hearts antes de mecernos a todos con Dancin´ y que el bajista ofreciera su bellísima composición country Killing The Blues, tema conocido a través de John Prine y el dúo Alison Kraus y Robert Plant.

En imágenes: primera jornada del BBK Legends Bilbao

Sonó solo un verso de My Happiness, de Connie Francis, para introducir el esperado Can´t Help Falling in Love, de su amado Elvis, entre besos de las parejas, e interpretar, ya sin chaqueta, un acelerado Blue Hotel y un juguetón San Francisco Days, en el que citó los días y noches de Bilbao antes de que el guitarrista ofreciera el solo más estratosférico de toda la velada al coronar Lie to Me. El jefe le rindió pleitesía y abandonó el escenario tras cantar Big Wide Wonderful World aunque para regresar rápidamente ya con su famoso traje de espejos reflectantes.

Final improvisado

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Entre el rockabilly y el blues turbio sonó Baby Did A Bad Bad Thing, que cediera a la oscura y sensual Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick. Cantaba “me apetece llorar”, pero allí bailaba ya todo Dios, entre ellas 8 mujeres del público que subieron a un escenario reconvertido en un remedo rockero de La Casita de Bad Bunny. Can´t Do a Thing sonó a lujoso y sentido soul negro; se marcó una versión del I´ll Go Crazy de James Brown y sus Famous Flames; otra de la ranchera La tumba será el final, de Los Invasores de Nueva León aunque popularizada por Los Lobos, y sacó a pasear la armónica.

Nos dio un zarpazo eléctrico mientras se contoneaba y movía las caderas como Elvis si hubiera cumplido 70 tacosy se marchó, todo elegancia, declarándonos su amor tras casi horas de concierto y entrega, con púas lanzadas al público e interpretando The Way Things Really Are, una caricia country con gran presencia de piano y compuesta tras una ruptura amorosa. Otra fotografía de un amor roto. Puede que lleve todo el siglo XXI viviendo de las rentas y sin canciones nuevas, y que exprima hasta el paroxismo el arquetipo de crooner lloroso, pero su voz, simpatía y repertorio son difícilmente cuestionables cuando se sube a un escenario. Aunque él lo negara ayer mismo ante DEIA, el tipo, cercano y afable, sigue siendo una puta leyenda.