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GrisonCantante

“He trabajado de todo con tal de no madrugar”

El ‘beatboxer’, músico y cómico de ‘La Revuelta’, actúa este domingo en Kobetamendi, en las actividades gratuitas de comedia de Mendian

“He trabajado de todo con tal de no madrugar”RTVE

Famoso por sus intervenciones musicales, vocales y chistosas en La Revuelta de David Broncano, Marcos Martínez, conocido artísticamente como Grison, se ha revelado como un animal televisivo en los últimos años, hasta el grado de que Televisión Española le ha ofrecido debutar como presentador al frente del concurso El Escondite. Antiguo campeón europeo de beatbox, el fin de semana saca tiempo para presentar su show unipersonal, entre lo musical y la comedia, denominado No es fácil ser Grison, que este domingo se podrá ver, gratis y en Kobetamendi, en el marco de Mendian, una jornada especial para conmemorar el vigésimo aniversario del festival Bilbao BBK Live. “He trabajado de todo con tal de no madrugar”, explica en esta entrevista.

¿Grison o Marcos?

-Llámame como quieras.

¿De dónde viene el apodo?

-De un primo mío que me lo puso. Es una tontería, la verdad, era por el del CSI, el Grisson ese que lo investigaba todo.

¿El personaje que hacía William Peddersen? Venía mucho por Euskadi, tenía relación con Oñati y Arrasate.

-¿Sí, le gustaba Euskadi o qué? A mí también. Me puse el nombre para un campeonato de beatbox y al quedar clasificado entre los cinco primeros, me tuve que dejar ya el nombre.

De un nombre pasamos a la familia. Un poco curiosa la suya ¿verdad?

-Bueno, de churreros, sí. Lo fueron mi abuelo y mi padre. Vengo de una larga estirpe de churreros. Yo también trabajé en la churrería, pelar patatas se me da guay. Te cuento que llevábamos churros con chocolate a los de la cárcel de Soto del Real.

Últimamente tiene huéspedes bastante conocidos.

-Hay mucho churro metido ahí (risas). Y espera que no vayan algunos más en los meses próximos. Está la cosa… Hay un reality montado ahí.

Sigamos con sus trabajos hasta que fue conocido…

-He hecho algo en la construcción, pero nada profesional, solo ayudando a mi padre. Nunca coticé con eso, pero sí de jardinero, socorrista, monitor de tiempo libre… Apagando fuegos, tío. De todo con tal de no madrugar.

En las empresas familiares se trabaja, pero no se cobra.

-Ya te digo, tío. Bueno, ellos te mantienen. Cuando eres joven lo ves de una manera y ahora lo entiendes todo.

Acabó siendo profesor de música.

-Me metí en la carrera de magisterio musical, cuando todavía existía como tal. Ahora quien se gradúa da también matemáticas y otras materias como lenguaje. Yo tenía unas horas a la semana que dar, como especialista, solo de música. 

¿Y lo recuerda con cariño, el contacto con los chavales, influirles así en sus aficiones musicales?

-Hombre, claro, eso es importante. También es cierto que estudiando la carrera se aprendía casi más en los pasillos. Eso sí, pero había gente con mucho nivel y jugábamos mucho al mus.Eran unos estudios con alumnos esencialmente femeninos, así que quienes estábamos allí lo pasábamos muy bien.

¿Pillaban?

En la cafetería, cinco gramos (risas).

¿Llegó primero el beatbox o su afición por la música?

-Lo primero fue la guitarra. Era ya guitarrista y al romperme el hombro y no poder moverme ni tocar durante seis meses, empecé a meterme en el tema. No había internet ni nada para aprender, pero acabé entrando en el beatbox a través de un anuncio.Fue cuestión de experimentar cosas nuevas de manera autodidacta.

¿Qué le llamó la atención de él?

-El ritmo es vital, lo esencial para poder dedicarte a la música. Sin él, eres como el cojo para atletismo. Bueno, ahora hay también adaptado, pero me entiendes ¿verdad? Cuando estaba en la escuela, al niño que no tenía oído se le podía entrenar, pero no al que no tenía ritmo interno. Si no seguían un beat poco se podía hacer. La gente arrítmica es difícil que se pueda dedicar a la música. Hay un punto innato en la música y es el ritmo.

¿Con qué tipo de música empezó?

-El funk siempre me ha molado mucho. Y, sobre todo, la música de los años 70 y 80. Ahí entra de todo, del rock al pop, de Michael Jackson y Earth, Wind & Fire a Led Zeppelin, Black Sabbath, Deep Purple…

Con el beatbox llegó a ser profesional y ganar hasta algún certamen europeo.

-Y de mi barrio también (risas) No llegué pronto, tendría unos 20 años ya. Llegó un momento que me daba para vivir tras ganar el campeonato mundial con un cacharro que se llama Loop Station. Es el mismo show que tengo hace unos 20 años y que haré en Mendian. Hacía una canción mientras explicaba el funcionamiento del cacharro y como a la marca Roland les moló, pasé a ser una especie de comercial de ese aparato, como sucede con la Termomix (risas). Me tiré un par de años explicando cómo funcionaba, tanto en estudios de grabación como para directos. La verdad es que se vendían bien allá por 2013, ya que no se conocía mucho. Yo hacía demostraciones de la máquina y otra gente, como Alex Haskins, de guitarra.

Pasó también por el conocido grupo de danza y percusión Mayumaná.

-Con judíos israelíes, sí. Y estuve otros ocho años con Voca People, que llegaron a hacer un anuncio de chicle muy famoso. Eran de Israel también y aparecíamos como extraterrestres. Me ficharon al ganar el Campeonato de Beatbox de España. Me cogieron como batería vocal del grupo. Yo hacía todas las percusiones y otras siete personas cantaban, hacían el bajo, la guitarra… Hacíamos versiones de The Beatles, electrónica… De todo, como los grupos clásicos de doowoop, a capella, pero yendo a cosas más modernas. Nos hicimos una gira de más de 50 países de varios continentes. Fuimos hasta China aunque solo vi auditorios, no nos daba tiempo a visitar nada.

¿Y cómo aparece Broncano en su mundo? 

-Aunque ese trabajo sí estaba bien económicamente, ya que me pagan unos 150 dólares por espectáculo y todo lo demás, incluso la manutención, pagado y con dietas, apareció Broncano cuando iba a tener el primero de mis dos hijos. Era insostenible estar tanto tiempo fuera de casa aunque volvías con pasta tras pasar cuatro meses dando vueltas al mundo.

El éxito inicial de ‘La Resistencia’ tampoco era muy previsible, pero se lanzó.

-Ellos venían del Club de la Comedia y se hablaba de hacer un programa para unos meses con una banda en directo de una sola persona. Ese era yo. Curraba con ellos de lunes a jueves, y el resto hacía musicales también. No paraba, de lunes a domingo. Luego se sumó Castela al teclado, que lo toca muy bien al ser músico de Conservatorio; y también canta.

¿Qué parte hay en la actual ‘La Revuelta’ y en sus shows de improvisación y de guion?

-El show tiene como un esqueleto y de ahí, pues, a improvisar. Es que llevo ya 20 años haciéndolo. Sí hay que abrir bien las orejas y, pues eso, escuchar mucho a la gente y ver lo que quiere, lo que pide, el timing con ellos... Es una participación, más un diálogo que un monólogo. Al final, es estar hablando con la gente, me pide versiones y sube a cantar conmigo.

En el programa cada vez tiene más espacio como comediante. Empezó más comedido, pero ahora hace chistes constantemente.

-Bueno, yo qué sé. Lo que pueda, dándome a ver y a codazos. Sí, está bien, me están dando margen.

¿Qué me cuenta de ‘No es fácil ser Grison’, el show del domingo?

-Que es un show de comedia musical en el que voy a estar con el loop station. El show, prácticamente, es eso. Y entre medias, pues, hacemos chistes y bromas de actualidad. Todo será muy familiar, porque yo te digo que es un sitio en el que habrá chavales y tendré que cuidar un poco el lenguaje. No van a ver nada que haya que explicar en casa a los niños. Son espectáculos muy físicos y animados en los que me dejo el pecho porque hay mucha interacción con el público. Y cada show es una aventura diferente.

En este caso, será casi como cuando tocaba en la calle.

-Exacto, es como lo que hacía antes. Será corto, como una hora, y tiro de todo lo que me funcionaba entonces.

No pasará la gorra o el platillo al final ¿no?

-No, tranquilos. Ya cobro por otro lado (risas).