Entrar en la exposición de Jasper Johns en el Guggenheim Bilbao supone adentrarse en un territorio de símbolos familiares que, bajo su mirada, dejan de ser evidentes. Banderas, números, dianas y mapas aparecen suspendidos en una extraña frontera entre lo cotidiano y lo enigmático.
El Guggenheim presenta una ambiciosa retrospectiva dedicada al artista que revolucionó el arte estadounidense de posguerra. La exposición recorre siete décadas de la trayectoria de Jasper Johns de 1955 hasta nuestros días y ofrece una aproximación a los temas y a las técnicas que ha cultivado el artista a través de una selección de 134 obras, que incluyen dibujos, esculturas, pinturas, grabados, un libro de artista y una escenografía. “Johns rompió de manera radical con las premisas y también con el predominio del expresionismo abstracto ya a mediados de los años 50, introduciendo un cambio que influyó en el surgimiento de corrientes artísticas como el pop art, el minimalismo y el arte conceptual”, ha explicado Miren Arzalluz, directora general del Guggenheim Bilbao, durante la presentación.
Su relación con Rauschenberg
Jasper Johns no tuvo una exhaustiva formación académica, apenas tres semestres en la Universidad de Carolina del Sur, y un semestre en la Parsons School of Design donde aprendió dibujo publicitario, además de una breve incursión en el City College de Nueva York con una beca provisional. Prefirió ser un autodidacta y un gran observador del arte. Después de servir dos años en el ejército, durante la Guerra de Corea, el artista se mudó a Nueva York y comenzó a trabajar en la librería Marbara’s Books. En ese contexto conoció a Rauschenberg, cinco años mayor que él, con quien entabló una intensa relación sentimental y artística. Juntos hicieron equipo para el diseño de las vitrinas de Tiffani’s, algo que sólo hacían para sobrevivir y que no consideraban arte, por lo que utilizaron una firma común bajo el seudónimo Matson Jones. Fue Rauschenberg quien invitó a Jones a visitar la exposición de Marcel Duchamp en el Museo de Philadelphia y allí quedó impactado por su obra.
Más de 100 banderas y objetos cotidianos
Entre 1954 y 1955 Johns destruyó su obra anterior buscando un nuevo lenguaje artístico personal; estaba a punto de cambiar la historia del arte estadounidense. En esta época, pintó su primera bandera americana, inaugurando una serie de obras irónicas que presentan imágenes de signos y elementos planos: números, letras, dianas y mapas, consideradas precursoras del arte pop por su temática cotidiana y fácilmente reconocible. Al mostrarlas en la galería Leo Castelli en 1958, le proporcionaron fama inmediata, comprando el MoMA tres de las obras expuestas.
A lo largo de su carrera creó más de 100 banderas de diferentes dimensiones y técnicas “aunque no las hizo con ningún significado político. En un contexto en el que la figuración era una aberración y una abominación y algo reaccionario y horrible, él se rió de todo esto, pintó banderas, dianas, números, objetos que son completamente banales, sin utilizarlos en ningún sentido simbólico”, ha explicado Enrique Juncosa, comisario de la exposición.
Algunas de estas pinturas se pueden ver en la primera sala que abre la exposición, son sus obras más icónicas realizadas a finales de los 50 y principios de los años 60 en las que pinta imágenes reconocibles de objetos cotidianos.
Marcando ese estilo particular, incorporó a sus obras elementos cotidianos como cubiertos y perchas, junto a números y letras, hasta definir una manera propia y llegar al minimalismo, el arte conceptual y el pop art, tendencia de la que es uno de los grandes representantes. También en sus esculturas se sirve de objetos comunes, como una linterna, que se aprecia en una de sus obras en el Guggenheim, o se sirve de puertas y ventanas como sostén de sus creaciones.
En sus composiciones superpone elementos, mezclando materiales y texturas para comunicar y también experimenta repitiendo en sus cuadros algunos de sus elementos con diferentes técnicas.
Su obras emocionales
Pero, además, en la exposición también se enfatiza el aspecto emocional en su obra: "Siempre se le ha considerado un artista intelectual, frío y hermético y no es esa la realidad”, matiza el comisario.
Así en Memoria de mis sentimientos, marca un momento en el que la temática impersonal de las obras de Johns cambia, dando paso a cuestiones emocionales. El color gris dominante de esas obras les otorga un tono melancólico.
A partir de los años 80, empezó a procesar vivencias personales complejas—como la dolorosa ruptura con su pareja y colaborador, Robert Rauschenberg—en obras cargadas de dolor y referencias directas a su propia historia.
En la serie Las estaciones, Johns abordó el ciclo de la vida humana, la muerte y el renacimiento mediante una docena de obras, entre pinturas, grabados y dibujos, que representan la propia trayectoria del artista.
La muestra termina con creaciones de Johns en el siglo XXI, con relieves metálicos en bronce del año 2000, una pequeña escultura de unas tostadas y un cuadro negro muy oscuro que pintó en 2020.
Patrocinada por la Fundación BBVA, el título de la exposición, Night Driver, hace referencia a un dibujo de Johns de 1960, su primera obra basada en un sentimiento personal, según sus propias palabras.
Jasper Johns: Night Driver podrá visitarse en el Museo Guggenheim Bilbao desde el 29 de mayo hasta el 12 de octubre. La exposición cuenta con la colaboración del propio artista, que ha prestado varias obras de su colección personal.