Justo el día que conocemos la muerte del saxofonista Sonny Rollins a los 95 años de edad, uno de los grandes del jazz, otro mito del género con el que colaboró a mitad del siglo XX y para muchos el artista más influyente y rupturista del mismo, el trompetista Miles Davis (Illinois. 1926. Santa Mónica, 1981), cumpliría 100 años hoy, martes 26 de mayo. “Es más importante su obra que su instrumento en sí”, explica Javi Alzola, saxofonista de Fitipaldis, sobre un músico que se codeó con todos los grandes del jazz, de quienes fue maestro, y estuvo en todas las revoluciones del género, del bebop inicial a un ocaso maduro ligado al pop y hasta el hip hop.

La trompeta de Miles Dewey Davis III, famosa por el uso de la sordina de acero Hamon, dejó se sonar el 28 de septiembre de 1991, pero su legado sigue vivo hoy, cuando se cumple el centenario de su nacimiento, ligado a fuego a artistas imperecederos del jazz como Louis Amstrong, Duke Ellington, Charlie Parker o John Coltrane.

Aquel chaval de color nacido en una familia acomodada y que fue criado en Sant Louis, pasó por el instituto Juilliard –de donde fue expulsado porque optó por vivir la vida y el sonido de los clubes antes que la rigidez académica– antes de descubrir el bebop, tocar junto a la orquesta de Billy Eckstine y conocer a Gillespie y Parker, justo cuando el siglo XX se acercaba a su mitad.

Desde entonces, el sonido característico y particularmente lírico e íntimo de su trompeta se encuentra en cada viraje que el jazz vivió durante las siguientes tres décadas: del bebop al cool jazz, del hardbop y la vanguardia a sus fusiones con el mundo del rock, del pop, del funk y hasta del hip hop en la última etapa de su carrera.

Además de su glorioso paso por los escenarios, incluido algún festival vasco, en la numerosa discografía de Davis se advierte, además de su conciencia racial y su lucha antiracista, el papel que tuvo como maestro para muchos de los artistas que han ido configurando la cúspide del jazz de las últimas décadas, de Herbie Hancock a Wayne Shorter y Marcus Miller, que le tributaron un homenaje en el jazzaldia de Gasteiz, o Dave Holland, Chick Corea, Joe Zawinul...

Davis, que perteneció a uno de los grupos más importantes de la historia del jazz, junto a Wayne Shorter, Ron Carter y Tony Williams, ha influenciado también a músicos dados a conocer más allá del ámbito del jazz. Javier Alzola, saxofonista de Fito y Fitipaldis y colaborador de Andrés Calamaro, Kepa Junkera, Ariel Rot (Tequila) o Juan Carlos Pérez (Itoiz), defiende que “es más importante su obra que el instrumento en sí, en su caso la trompeta. Suena tan sugerente que se puede interpretar con cualquier instrumento. Con mi saxofón suena distinto, claro, pero evoca su música”, según Alzola, que ofreció un homenaje a su obra en Euskalduna.

Davis en tres discos míticos

BIRTH OF A COOL’

Primero publicado bajo su nombre, en 1957 y cuando contaba solo 24 años, lo compartió con grandes músicos liderados por el arreglista Gil Evans, el batería Max Roach, el pianista John Lewis y el saxofonista Jerry Mulligan. Incluye 11 composiciones que, como prueban Jeru, Moon Dreams o Boplicity, abrieron la puerta al denominado cool jazz, movimiento que ofrecía una lírica y sofisticación alejada del bebop de la época, cercana al jazz de cámara.

KIND OF BLUE’

Para mucha de la crítica y de sus seguidores, su obra cumbre –comercial también, vendió más de cuatro millones de copias en su día– y una de las más importantes del jazz y de la música popular del siglo XX gracias a clásicos como su apertura, So What, y composiciones del calado y la emoción íntima de Blue in Green o Flamenco Sketches.

Álbum ideal para adentrarse en el terreno del jazz por su belleza y accesibilidad, Davis lo grabó a finales de 1959 en dos sesiones marcadas por la improvisación más absoluta. La leyenda cuenta que se grabó en una toma única aunque, al parecer, hicieron falta cinco. No importa, el resultado es una de las cumbres del jazz gracias a la maestría de su autor como intérprete y director de una nómina impresionante de otras leyendas como John Coltrane, Billy Evans, Julian ‘Cannonball’ Adeerley, Jimmy Cobb o Paul Chambers.

BITCHES BREW’

Una década después, coincidiendo con la apertura de los años 70 del siglo pasado, Davis provocó otra revolución –no solo en el ámbito del jazz, también en el del rock– con este álbum en el que se rodeó de un corolario de jóvenes tan rupturistas como él. En ese momento clave en su carrera, el nuevo rock se había comido por las patas al jazz y el mundo había dejado de adorarle para abrazar a The Beatles o la lujuria guitarrera de Jimmy Hendrix y otros géneros de la música negra.

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Davis repitió con el influyente productor Teo Macero y reclutó a una amplia nómina de colaboradores, varios de ellos repitiendo instrumento, para grabar un disco rupturista que amplió el horizonte del jazz tras las escuchas de rock, funk, soul y pop de la época. Con el apoyo de Jack DeJohnette, Joe Zawinul, Chick Corea, Wayne Shorter y el joven guitarrista John McLaughlin, inmortalizó temas como Pharaoh´s Dance o Miles Runs the Voodo Down. Son 7 composiciones –ronda las dos horas– que abrieron la puerta al jazz fusión, a la electricidad del rock y a proyectos tan influyentes en años venideros como Return to Forever o Weather Report. Se vendió como “una novela sin palabras”.