Kneecap: rabia contra el sistema
El combativo trío irlandés, que arrolló en el Bilbao BBK Live y regresará en junio a la capital vizcaina, añade más electrónica a sus rapeados políticos y punk en su tercer disco, un ecléctico ‘Fenian’
El trío irlandés Kneecap son los Rage Against The Machine (RATM) del siglo XXI. Alejados de las raíces rock de Zach de la Rocha y Tom Morello, y abrazando un hip hop trufado de electrónica y punk, representan hoy la rabia contra el sistema y un activismo que rapea contra el colonialismo británico y las fallas de las democracias occidentales, guerras y genocidios incluidos, mientras abogan por la libertad del individuo y de su país. Tras ser juzgados y censurados, regresan más eclécticos y contundentes con Fenian (Heavenly Recordings), que presentarán en la sala Santana 27 de Bilbao el 8 de junio, aunque han agotado ya las entradas. “Es una respuesta meditada a quienes intentaron silenciarnos… y fracasaron”, indican.
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Con ellos llega el escándalo y la controversia, sobre todo entre aquellos que no entienden que el hip hop era desafío y provocación antes de que acabara en las listas absorbido por machirulos revolcados en pistolas y oro. Como bien vendió el año pasado el Bilbao BBK Live, Kneecap incomodan. El trío, cuyo concierto en Kobetamendi fue una celebración de la libertad de expresión entre pogos que alzaron la voz ante la injusticia, publica ahora Fenian, la continuidad de Fine Art, un disco que lanzó su mensaje –más apto para gaztetxes y squads– a estadios y festivales.
El trío de Belfast–Derry, formado por el Dj Próvai y los MC Mo Chara y Móglai Bap, fue el grupo más controvertido de 2025 por los medios conservadores. Mezcla de Public Enemy, The Chemical Brothers, Prodigy, The Pogues y RATM, se enfrentaron a todo tipo de obstáculos antes de entregar el disco, censuras y juicios incluidos, todos ganados. Tras alzar su voz contra el genocidio palestino en el pijo Coachella, Mo Chara enarboló una bandera de Hezbolá en Londres y acabó juzgado como terrorista.
“Intentaron pararnos etiquetándonos como terroristas, con cancelaciones y declaraciones incluidas del primer ministro británico. Teníamos toda la motivación que necesitábamos, así que el disco no es una reacción impulsiva, sino una respuesta meditada a quienes intentaron silenciarnos. Y fracasaron”, explica el trío sobre su nuevo disco, cuyo título se inspira en el termino fenian, “que nombraba a guerreros de la mitología irlandesa y posteriormente se usó como insulto hacia los irlandeses; lo usamos para nombrar a cualquiera que diga la verdad al poder”, según el trío.
Fenian lo han compartido con el productor Dan Carey, conocido por trabajar con Wet Leg Fontaines D.C. y Kae Tempest. “Nos sentimos orgullosos de haber colaborado con él. El sonido es más siniestro porque estos son tiempos siniestros, pero también desafiante y triunfal”, explica el trío, cuyo nombre –tiro en la rodilla– proviene de los por fortuna superados viejos tiempos de los tiempos de la guerra entre UK y el Ira. “Tras 800 años de colonización, pensaron que la lengua irlandesa moriría. No lo hizo. Gracias a todos los gaélicos que se negaron a dejar que su cultura y su lengua fueran destruidas. Kneecap es muy parecido… no nos hemos ido a ningún lado”, se jactan.
Contundente, oscuro y sofisticado
Fenian ofrece más oscuridad y confrontación, a la vez que más diversión y energía, y la solidaridad de siempre con otra sarta de temazos ideales para bailar pogo después de gritar proclamas con el puño en alto. Porque Fenian es un disco más maduro, sofisticado y electrónico, con fraseos rapeados escupidos con rabia usando el inglés y el irlandés como símbolo de la lucha por la supervivencia de los lenguajes oprimidos.
Haciendo suyo el lema de Nina Simone de “la libertad es la ausencia de miedo”, el disco se abre con Éire go Deo, que puede traducirse como Irlanda por siempre, entre voces melismáticas anegadas por sintetizadores. Después llega el primer hit con Smugglers & Scholars, arrollador hip hop industrial con un bajo agobiante, un estribillo quedón y versos que ligan la obsesión de control del gobierno con “una cita con las rodillas de tu hijo”. Solo un pero, rememora y algunos pensarán que idealiza y hasta mitifica peligrosamente la violencia vivida antaño en su país.
Carnival es la crónica del juicio contra Mo Chara, esa “doble moral” que le llevó al banquillo por denunciar el genocidio en Gaza. Lo tacha de carnaval, “la nueva atracción del circo de las distracciones”, y lo coronan con una percusión omnipresente y gritos de libertad para Mo Chara extraídos de un concierto de sus fans en Wembley. En Palestine, con el rapero de Cisjordania Fawzi, denuncian el genocidio con Mo Chara y Móglai Bap saltando del irlandés al árabe. Pura solidaridad trasnacional, que ya se vivió en Kobetamendi con los constantes “Palestina askatu”.
Lo más punk–rave del álbum es Liars Tale, donde ataca a Kier Starmer por su acoso al trío con versos en los que lo denomina “la perra de Netanyahu, mejor como abono para los granjeros”. Y lo más festivo, la propia Fenian, himno de festival/estadio con guiños al grupo folk Clannad, a la peli El viento que agita la cebada, protagonizada por Cillian Peaky Blinders Murphy, y al político y sindicialista James Conolly, ejecutado por su participación en el Alzamiento de 1916 contra el dominio británico.
En la mitad del minutaje destaca el acid house de Big Bad Mo, con su implacable ritmo techno escuela Detroit, que desemboca, entre chándales y pasamontañas, en el caos jungle de Headcase, una canción sobre la masculinidad, la adicción y los peligros de tomar el camino equivocado entre tanta fiesta. Y camino del final, tras sacar el dedo índice al colonialismo británico en An Ra, brinda una melodía prístina en Cold al the Top y un riff de sintetizador inolvidable sobre el narcisismo de la fama; y remiten a la densidad del Mezzanine de Massive Attack en Occupide 6, entre el recuerdo a los coches bombas, lanzamientos de ladrillos, escuadrones de la muerte, tiros y saqueos.
Y tras Gael Phonics, una lección orgullosa de lengua irlandesa, concluyen con Cocaine Hill, a ritmo de trip hop agonizante con el reverso de las juergas de tres días, los pensamientos homicidas y la muerte lenta de la dependencia de la cocaína, antes de mostrar su corazoncito con el rap plácido y casi pop de Irish Goodbye, “una carta de amor” a una de las madres del trío escrita tras el dolor de su muerte. La corona el gran Kae Tempest, que se luce con su fraseo sobre las teclas del piano. Hip hop, rave, punk, electrónica y peticiones de libertad. Rabia contra el poder.
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