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Patti Smith, una vida de rock y poesía resumida en cinco canciones

La estadounidense, conocida como la madrina del punk, es la nueva Premio Princesa de Asturias de las Artes

Patti Smith, una vida de rock y poesía resumida en cinco cancionesEP

Figura clave de la música popular, la poesía y la literatura del último medio siglo, Patricia 'Patti' Lee Smith (1946, Chicago, Estados Unidos) acaba de convertirse en la nueva Premio Princesa de Asturias de las Artes. Avanzada a su época, Smith dotó a la generación del punk estadounidense de una coartada literaria alimentada por un activismo humanista. La conocida como la Madrina del Punk cuenta con varios discos y canciones imprescindibles del folk, el pop, el rock y el punk del último medio siglo.

Aprovechando este puente del uno de mayo, resumimos aspectos destacables de su carrera –algo que reonocemos imposible de antemano debido a la profundidad de su obra– rescatando cinco de los clásicos de una artista que también es autora de varios poemarios y libros, especialmente recomendables sus dos ejemplares de memorias: Éramos unos niños, centrado en su etapa juvenil, cuando viajó a Nueva York, y el reciente Pan de ángeles.

Gloria: In excelsis deo'

Ya en Nueva York y con la ayuda de una banda liderada por el guitarrista Lenny Kaye y tras el apoyo de otros pioneros como Tom Verlaine (Television, definido como “un ángel de tebeo descoyuntado”), Richard Hell (The Voidoids y The Heartbreakers), el escritor Sam Shepard y hasta Dylan, Patti grabó su debut discográfico, Horses, en 1975. Pasó de las presentaciones literarias con música como apoyo a liderar a una magnífica banda de rock con canciones como la reggae Redondo Beach (dedicada a su madre y con versos como “recoge las perlas del mar, véndelas y cómprate todo lo que necesites”), la rockera Free Money o la lírica, poética e “incandescente” Birdland. Allí, en un álbum histórico producido por John ‘Velvet Underground’ Cale, estaba el tema que convirtió a Patti en una estrella.

Arrebatado y adrenalítico, mezcla el mítico Gloria de Van Morrison cuando estaba en Them con el poema Oath/Juramento. “Fue una iniciación en toda regla, además de una respuesta a quienes trataban de arrinconarme; mi forma de expresar la decisión de hacerme un hueco”, según su autora. La canción, obligada todavía hoy al final de sus conciertos, incluye esos versos míticos: “Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”. Con ellos, Patti, por entonces pareja del fotógrafo Robert Mapplethorpe, explicó que “dejaba claro mi posicionamiento en la vida y en el arte”.

Because the night’

¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? Durante décadas, hasta que estuvo disponible la versión grabada por Bruce Springsteen, se creyó que Because the Night, incluida en su disco Easter (1978), fue una canción de Patti, la más exitosa de su carrera, por cierto. A ver, digamos que ambos tuvieron que ver en su composición aunque la idea inicial fue de Springsteen. “Conocía bien a Bruce y recordaba una canción que él había abandonado, descontento con la letra”, escribió Patti, que se negó durante un tiempo a escuchar la maqueta inicial de él.

Cuando, por fin, la oyó, “reconocí su potencial al instante”, confiesa sobre un tema que “era muy de mi estilo, inherentemente sensual y con una inmediatez infatigable; maldita sea, es un éxito, me dije”. Última canción grabada de Easter, suena como un himno e incorpora unos versos escritos por Patti, como “una declaración de amor” a su pareja de entonces, Fred ‘Sonic’ Smith: “si alguna vez dudo cuando estoy sola, el amor es un ring, el teléfono”. Ya se sabe, la noche pertenece a los amantes… aunque vivan en ciudades distintas.

Frederick

Incluida en su tercer disco Wave (1979), el que acoge también gemas como Dancing Barefoot, es una oda de amor a su esposo, el músico Fred ‘Sonic’ Smith–vital en la escena de Detroit desde MC5, como combo político y proyecto protopunk a la altura de The Stooges–, con quien después compartiera la escucha de A Love Supreme, de su admirado John Coltrane, por las noches. Frederick, “una cancioncilla” en palabras de Patti, surgió de un paseo en solitario por Staten Island. Ella sabía que su amor –todavía no se habían casado y estaban separados– estaba “dormido en algún lugar de Detroit”. Como escribió en su biografía Pan de ángeles, estaba “triste por estar tan lejos de Fred pero feliz de que existiera”. Tenía la letra y la melodía, así que se la cantó a Richard Sohl en un ferry y al día siguiente el pianista la convirtió en “una nana bailable” producida por nada menos que Todd Rundgren. “Todas las cosas con las que he soñado, todo expresado en este nombre de amor”, se oye.

People have the power’

Tras el torbellino emocional que supuso que Mappletorphe fuera diagnosticado de Sida, Patti grabó, como contraste vital, Dream of Life (1988) un sueño de vida inspirado por la llegada de Jesse Paris, la primera hija de la pareja. Allí se encontraba este himno de la música popular del último medio siglo y, al mismo tiempo, un fracaso comercial en toda regla cuando se publicó. People Have the Power (La gente tiene el poder) fue considerado por su creadora como “una apelación que era una arenga para el futuro”.

El concepto del tema era de su esposo, ya que “la mayor esperanza de Fred había sido que sirviera de voz a la gente y ayudara en todo el mundo a quienes defendían causas justas”. Hoy, es un clásico obligado en sus conciertos gracias a versos como “la gente tiene el poder de redimir la obra de los necios… está decretado que el pueblo gobierne… soñaba que donde había desiertos, vi fuentes, como crema las aguas se elevan y paseamos juntos por allí sin nadie para reír o criticar… la gente tiene el poder de soñar y gobernar”.

Summer cannibals’

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Lanzado en junio de 1996, Gone Again representó el regreso a la actividad discográfica de la poetisa y rockera tras los fallecimientos de su esposo y “amor de mi vida”, su hermano Todd y su antigua pareja, Mappletorphe, a los que el año siguiente siguieron sus amigos poetas y escritores Allen Ginsberg y William Burroughs. El disco, con una foto en portada de la gran Anne Leibovitz en la que Patti porta una cazadora de Fred, es un disco sobre el duelo y el renacimiento.

El espíritu de su esposo sobrevuela todo el álbum e incluso su autoría puede escudriñarse en los títulos de crédito de canciones como My Madrigal –balada amorosa en la que canta “bailamos un vals bajo cielos inmóviles, toda la gloria del cielo se reflejó en tus ojos, expresamos dulces votos… oh, hasta que la muerte nos separe”–, y las rabiosas Gone Again y Summer Cannibals, esta última sobre “los aspectos devoradores de la fama”, según Patti. “Es una obra que me costaba mucho escuchar, porque poseía de forma inconsciente todas las secuelas del duelo transportadas a mi voz”, escribió.