El grupo leioztarra Travellin´ Brothers, que ganó el certamen European Blues Challenge que le acreditó como el mejor grupo de blues del continente en 2015, no cree en el aserto de menos es más. Por ello, en su nuevo disco, Back to Business (Magnolia Records), vuelve a presentarse en formato de Big Band y serán nada menos que 18 los músicos que se subirán al escenario del Kafe Antzokia este viernes y sábado, a las 22.00 horas, en su presentación oficial. “Tener a una Big Band es como tocar con una locomotora detrás. Te eleva y te pone las pilas”, explica su guitarrista, Aitor Cañibano, líder de una formación que ha popularizado el blues entre el gran público y, además, en su versión más abierta a las músicas de raíz, del jazz al r&b, pasando por el rock, el zydeco, el soul, los sonidos latinos o el gospel.
Vuelta al ruedo. Habría ganas ¿no?
Estamos muy activos siempre con el formato habitual del grupo, pero con la Big Band hacía casi 10 años que no tocábamos. Lo habíamos hecho en dos tandas, coincidiendo con los discos en ese formato: la primera en 2012, 2013 y 2014, y la segunda en 2016 y 2017. Estamos con ganas de repetir la experiencia porque el formato es muy diferente. Son canciones con arreglos y una sonoridad distinta. Resumiendo, estamos con ganas pero no para quitarnos el mono de tocar, sino de vivir la experiencia de nuevo.
Tener detrás a tanto instrumentista debe hacerle sentir capaz de cautivar a cualquier audiencia.
Te eleva un montón, sí, te pone las pilas. Suelo decir que es como tocar montado en una locomotora de vapor. Vas a toda máquina, echando carbón. Tiene mucho power y las canciones cogen una gran dimensión. Es mitad gozo supremo y otra parte que te obliga a estar algo más atento de lo habitual, ya que somos 18 personas en el escenario entre músicos y cantantes, lo que te obliga a tener todos los sentidos activos. Hay que mantener el disfrute a raya para que la tensión permanezca. Es algo difícil de manejar a veces, ya que te puedes engorilar y dejarte llevar.
Suelen hacerlo, de hecho.
Es que somos mucho de improvisar y alargar los solos y las canciones. Los arreglos de la Big Band están escritos y hay respetar ciertas partes al menos aunque sí dejamos algunos momentos abiertos. Es una mezcla de gozo y responsabilidad.
¿Menos ‘jam session’ y más partitura, entonces?
Efectivamente. Puede que el formato limite la improvisación. Es algo que nos gusta hacer habitualmente al llevar muchos años juntos, unos 23. Solemos decir,en plan parida, que si te tiras un pedo en el escenario sale afinado porque nos conocemos mucho (risas). Si Jon Careaga (cantante) tiene el día vacilón sabemos que nos la va a liar, o lo mismo pasa con Alain Sancho (saxofonista y director de la Big Band) si está por alargar su solo. Es importante la labor de comunicación entre Alain y yo, para avisar de qué va a suceder, si se le da una vuelta más a la canción.
Debido al tiempo transcurrido imagino que la Big Band se habrá renovado en sus miembros.
Bastante, se mantienen tres: Alain, la saxofonista barítono Itziar y el trombonista Javi. Luego está Iker, que estuvo ya en el segundo tramo, y el resto es gente joven, de 21, 22 o 23 años. Prácticamente todos han pasado por las manos de Alain como alumnos. Él es profesor de saxofón y dirige también la Euskadiko Ikasleen Jazz Orkestra (EIJO), por la que pasa toda la chavalada que estudia grado superior de jazz en Musikene.
Vamos, que tiene controlada a toda la cantera.
Eso es, se ha fichado a los que Alain tenía echado el ojo. Es gente con hambre y ganas que nos ha permitido rejuvenecer la Big Band. Además, los miembros de antaño tienen ya sus vidas hechas, son profesores de conservatorio o viven en otras provincias como Gipuzkoa. La verdad es que los ensayos realizados tienen muy buena pinta, suena todo como un cañón.
La logística de la orquesta no debe ser fácil. Además, hace más caros los conciertos.
Es evidente. Disfrutamos mucho y te eleva el nivel, pero la logística de mover a tanta gente cansa. Nosotros somos un grupo que lo hace todo solo, de la producción a las grabaciones, distribución… Si la logística no está engrasada, te acaba llevando por delante. Por eso, este formato amplio lo concebimos por periodos, por logística y, como bien dices, porque es más caro y no se lo pueden permitir todos, por coste o por infraestructura de escenario, por ejemplo. Por eso, los sitios se limitan y mantenemos abiertos todos los formatos: apostamos por la Big Band, pero actuaremos como sexteto, octeto con coros de las chicas, con deceto y trío de metales… Somos camaleónicos y nos adaptamos a las necesidades, incluido el acompañamiento a artistas extranjeros. Tenemos ya el culo pelado y cambiamos de formato sin problemas.
El título del nuevo disco alude a un regreso al negocio. ¿Relativo, no? Ustedes tienen trabajos estables, no viven de la música.
Es un juego, como un regreso con el nuevo formato. La traducción no debe relacionarse con el negocio, sino como una vuelta al ruedo y a los escenarios para dar guerra. Además, el último disco con originales, Coming Home (2022), se publicó tras la pandemia y no lo pudimos presentar como nos hubiera gustado porque tuvimos problemas personales (falleció el sobrino de Aitor) que nos afectaron anímica y artísticamente. Seguimos tocando en directo, que es lo que más nos gusta, pero nos costó mucho componer. Nos faltó energía para acometer un disco completo, algo que siempre hemos hecho cada dos años porque nos gusta siempre acometer cosas nuevas.
¿Es esa la causa de que el disco actual adapte bastante canciones antiguas al formato de Big Band?
Eso es. Hemos hecho arreglos para la gran banda de temas antiguos y unido algunas versiones. Este disco sonará entero y retomaremos temas de Coming Home, que la gente no ha podido disfrutar como se merecía, con nuevos arreglos. Y luego, canciones de los últimos discos previos.
Hay dos versiones. Abrir con ‘Higher & Higher’, de Jackie Wilson, es un acierto, suena como un tiro.
Está gustando mucho, sí. Parece sencillo por sus solo tres acordes, pero es difícil captar su esencia. Y la de B. B. King, Let the Good Times Roll, también está muy bien. Ambas nos van como anillo al dedo, tanto por su letra como por su música. Nos sentimos identificados con ellas; de hecho, la segunda fue el título del disco durante bastante tiempo, ya que refleja perfectamente nuestro deseo de que todo fluya, de pasarlo bien, como intentamos siempre en los conciertos. Al ser una versión, acabamos cambiando el título.
Y está en el disco ‘Si tuviera un día’, la canción dedicada a su sobrino y la primera que cantan en castellano.
La grabamos para nuestro vigésimo aniversario junto a Fito y Fitipaldis, Quique González y David Ruiz, de La M.O.D.A. Y ahora coge otra dimensión cantada solo por Jon, el autor de la letra, y con los arreglos de banda. Tiene cierto subidón, la hemos elevado algo más y ha acabado aquí porque no estaba en ningún disco.
Suenan muy exóticos en castellano.
Bueno, no descartamos repetir porque somos de según como vienen las cosas. Jon es francés de nacimiento. Vivió en Toulouse hasta los 25 años y su idioma materno es el francés (ha metido ya frases en el idioma en canciones ligadas al sonido de Nueva Orleans) aunque domina el inglés perfectamente. En castellano le cuesta más, pero ya está más cómodo. Nunca se sabe aunque nuestra lengua materna como grupo es el inglés, sin descartar el castellano, el francés y el euskera.
Serán dos noches en el Antzokia.
Sí, y todavía quedan las últimas entradas para ambas, unas 50 por velada. Se rozará el lleno aunque quizás sea mejor no llegar para que la gente se pueda mover a por una cerveza y estar a gusto. Para nosotros meter 1.110 o 1.200 personas es una locura. Nunca le agredeceremos lo suficiente la fidelidad que demuestra nuestro público.
¿Habrá sorpresas?
No se descartan, pero el objetivo es disfrutar de la Big Band. Ya habrá otros conciertos para colaboraciones.
¿Cómo el de julio en el Bilbao Blues Festival, donde recibierán la Txapela de Honor?
Puede ser, no vas mal encaminado. Hay tiempo para todo aunque todavía no hemos dado datos sobre la gira de 2026 aunque sí hay fechas cerradas. Reconocemos que hemos andado algo tarde en la edición del disco y está llegando tarde a los programadores, así que si no hacemos muchos conciertos este año ya los haremos en 2027. No hay ninguna prisa. Es que nos retrasó el disco una gira muy golosa a finales de 2025 por Estados Unidos, en Texas y Nueva York, y luego surgieron los conciertos con Sugar Ray Rayford en enero. Empezamos con el disco el 1 de febrero y ha sido todo un récord tenerlo ahora.
Se adelanta su venta en los conciertos del Antzokia.
Así es, la venta del vinilo y el compacto busca premiar a nuestra gente más fiel, la que va a los conciertos. También estará el merchandising de esta nueva etapa, y ya la semana próxima el disco estará en físico en las tiendas de venta