No era una sensación de felicidad completa, ni mucho menos de euforia, pero sí de satisfacción, de optimismo moderado, de control de daños, de haber salido muy vivos de la primera batalla pese al 79-73 adverso y de verse con opciones serias de darle la vuelta a la situación y volver a levantar el título de la FIBA Europe Cup en casa, al calor de Miribilla y de los 10.000 incondicionales de la marea negra que, más que nunca, tendrán también la misión de elevar los decibelios y la temperatura ambiental hasta el infinito y mucho más allá para volver a hacer historia.

Sobrevivir

Con ese estado mental regresó de Salónica la expedición del Surne Bilbao, con jugadores, cuerpo técnico y aficionados convencidos de que la posibilidad de repetir cetro continental está en sus manos. No se puede hablar de miedo, pero sí que había notable respeto a lo que pudiera acontecer en el primer intercambio de golpes con el PAOK en el volcánico Palataki, pero el conjunto de Jaume Ponsarnau salió bien parado en términos generales. Sí que es cierto que en los minutos finales hubo incluso posibilidad de estrechar todavía más el margen si hubiera habido más acierto en un puñado de acciones tanto en ataque como en defensa, pero también lo es que en varias fases de los cuartos intermedios el conjunto vizcaino caminó sobre el alambre, haciendo la goma con desventajas de dobles dígitos que llegaron al máximo de doce y con la sensación de que los de Pantelis Boutskos no estaban lejos de provocar daños mayores.

Aleix Font

Entre los protagonistas, los jugadores, reinaba la satisfacción por el trabajo realizado y la conjura para que un nuevo trofeo se instale en las vitrinas del club. “Hemos estado sólidos. Hemos recuperado varias veces desventajas de diez puntos y eso habla mucho de lo enteros y concentrados que hemos estado. No ha sido un partido en el que hayamos estado con gran acierto y por eso hemos perdido, pero tenemos que felicitarnos los unos a los otros por lo centrados que hemos estado”, argumentaba ante el micrófono de Radio Popular un Aleix Font que apuntaba que se había conseguido el primer objetivo: “La final se va a decidir en Bilbao porque seis puntos no es nada y ahora son ellos los que tienen que venir a nuestra casa y sabemos cómo nos defienden y cómo atacarles. Va a ser otra cosa. Con su defensa te obligan mucho a que el que finalice sea el manejador o el pívot, a jugar el dos por dos. Hay que encontrar al jugador más inspirado y en ese sentido Justin (Jaworski) y Darrun (Hilliard) han estado excelentes y han hecho un auténtico partidazo. Hemos seguido el plan”.

Hlinason

Por su parte, Tryggvi Hlinason hacía un análisis similar al del alero catalán, pues consideraba que “salimos bastante contentos. En los minutos finales pudimos sacar dos o cuatro puntos más, pero una desventaja de menos seis está bien. No es algo que no se pueda remontar en casa. Tuvimos porcentajes más bajos de lo normal, pero hemos competido bien”.

Pantzar penetra entre dos rivales. Efe

Rival

Y es que tampoco fue que el PAOK Salónica acabara la noche en estado de euforia. Durante gran parte de la cita tuvieron la oportunidad de asestar un gran golpe a la final, no de dejarla vista para sentencia pero sí para inclinarla más aún a su favor, pero no fueron capaces de conseguirlo. Y no pudieron hacerlo porque, a falta de acierto en el tiro, desde todas las distancias y de demasiados jugadores, el Surne Bilbao tuvo la gran virtud de la resistencia, de la dureza mental, de ser capaz de agarrarse al partido con uñas y dientes dentro de un ecosistema general adverso, tanto en la cancha como en la grada. Bueno, eso y el enorme paso al frente de Jaworski y Hilliard,

Jaworski y Hilliard

Porque si el conjunto vizcaino fue capaz de sobrevivir al mal partido en ataque de muchas de sus piezas principales -solo tres puntos en el puesto de ala-pívot entre Martin Krampelj y Luke Petrasek y sobre todo un 3 de 20 en tiro entre Melwin Pantzar, Harald Frey y Margiris Normantas, con un 1 de 10 para el base sueco, MVP de la anterior final- fue porque el dúo estadounidense asumió galones, anotando entre los dos los veinte puntos del equipo en el acto final y asumiendo a lo largo del encuentro 39 de los 70 lanzamientos de campo del colectivo, con 23 para el escolta, que acabó con 24 puntos, y 16 para el alero, que sumó 19 tras llegar a la cita sin apenar entrenar la semana anterior por una lesión muscular.

Beverley y Tyree

Tampoco el PAOK fue un dechado de colectividad. Entre Patrick Beverley (24 puntos) y Breein Tyree (19) lanzaron más de la mitad de los tiros de los de Boutskos: 32 de 61. Eso sí, en el bando griego hubo una tercera pieza, Ben Moore, que sumó en dobles dígitos.