Luis García Jambrina, escritor: "A Unamuno, como detective, le hubiera gustado investigar su propia muerte”
Presenta en Bilbao 'El último caso de Unamuno', una entrega de la nueva serie policíaca en la que convierte al escritor bilbaino en detective
Hay muchos Unamunos en Unamuno. Intelectual, filósofo, novelista, articulista, ensayista, poeta, rector, diputado de las Cortes... El profesor de Literatura en la Universidad de Salamanca y escritor Luis García Jambrina (Zamora, 1960) ha convertido también a don Miguel en “detective andante”. Acaba de publicar la segunda novela de esta serie, El último caso de Unamuno, mientras trabaja junto con investigadores de la Universidad de Salamanca y del País Vasco en investigar la misteriosa muerte del filósofo y escritor bilbaino en 1936.
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Lleva profundizando en la figura de Unamuno desde 1980.
Así es, todo empezó cuando acabé la carrera, estuve trabajando en la casa Museo Miguel Unamuno, que es donde él vivió cuando era rector. Trabajaba todos los días con los manuscritos, las notas, los papeles, estábamos haciendo el inventario y catalogación de su obra, que no se había hecho. Fue entonces cuando tuve ya la idea de convertir a Unamuno en este personaje. Quería centrarlo durante la segunda mitad de 1936 y en torno al enigma de su muerte. Pero ha tenido que pasar mucho tiempo para que me atreviera con esta saga policiaca.
La primera entrega de su serie de Unamuno como detective la ambientó en 1905 y esta, en 1936.
El proyecto desde el principio era hacer una serie de novelas, al menos cuatro más, centradas en casos criminales que tengan una base real y estén, de alguna manera, relacionados con el contexto histórico y biográfico de Unamuno y donde se fuera viendo al personaje investigando en diferentes épocas y circunstancias de su vida. Pero, de hecho, en esta segunda novela he dado un salto cronológico porque es la que cierra la serie y en medio va a haber otras más;me apetecía mucho escribir esta. Al igual que pasó con mi serie de los Manuscritos, las novelas toman sus propias decisiones, lo que, en este caso, no importa mucho, pues se tratan de novelas independientes que se pueden leer sin seguir ningún orden ni pauta.
¿Cuánto hay de invención y cuánto de realidad histórica en ‘El último caso de Unamuno’?
Está basada en datos y hechos reales y en investigaciones ajenas y propias, pero también hay una buena dosis de invención o ficción, siempre coherente con la verdad histórica, que es limitada y está llena de lagunas. Lo que he hecho es completar la línea de puntos de lo que sabemos por medio de la invención con el fin de llenar esas lagunas con un contenido simbólico. Lo importante es que no se noten las costuras entre una cosa y otra.
¿Qué retos implica mezclar hechos históricos con narrativa? ¿No puede llevar un poco a la confusión sobre la figura de Unamuno?
El lector nunca debe perder de vista que se trata de una novela de carácter histórico y policíaco, en la cual hay una gran base de realidad muy documentada, pero claro, hay una parte de ficción. De hecho, los historiadores también incurren en la ficción en el momento que se ponen a ordenar los hechos. Yo lo que trato es hacer un personaje que sea fiel a lo que sabemos de él, cómo era en el día a día, un personaje de carne y hueso, un gran intelectual que estaba subido en un pedestal, pero lo humanizo, lo muestro también con sus debilidades, con sus contradicciones... De modo, que ahí hay mucha verdad.
En la novela, Unamuno investiga un crimen y es a la vez investigado.
Por un lado, es el caso que él tiene que investigar en esos primeros meses de la guerra, en esas circunstancias de Salamanca, que es una ciudad ocupada, una ciudad en la que está el cuartel general de Franco y el aparato de prensa y propaganda y soldados nazis, italianos, etcétera. Y, por otro, hay una investigación de su propia muerte llevada a cabo por sus eternos colaboradores: Teresa Maragall y Manuel Rivera. Hay dos líneas temporales que se van entrecruzando y son dos casos que, al final, de la novela confluyen y tienen que ver entre sí.
“Hemos encontrado indicios de que la muerte de Unamuno no fue de forma natural
Filósofo, escritor, intelectual... pero ¿qué rasgos reales de Unamuno le permitieron imaginarlo como detective? ¿Hubiera sido un buen investigador criminal?
De hecho, a Miguel de Unamuno le interesaba este tipo de cuestiones, además hay documentación de que muchos abogados y gente que había sido detenida injustamente se ponían en contacto con él para solicitar su apoyo. Yo he leído un informe de unos jornaleros que habían sido acusados de haber matado a unas personas y resulta que estaban a muchos kilómetros del lugar del crimen, pero los detuvieron. Este abogado le mandó un dossier a Unamuno muy completo para que investigara. Unamuno se pasó la vida buscando la verdad detrás de las mentiras, intentando aclarar algunos misterios de la conciencia humana. De modo que sí, habría sido un excelente detective. Tenía una curiosidad por todo, un gran conocimiento del alma humana... Hubiera sido mejor que Sherlock Holmes, que es el detective más famoso de la historia, al que muchos consideraban real. Unamuno también tenía en cuenta no solo lo que tiene que ver con la inteligencia y con la razón, sino también con los sentimientos y las emociones y este es un aspecto muy importante de su pensamiento. Pensaba que no hay pensamientos sin sentimientos ni sentimientos sin pensamientos.
La historia oficial dice que murió en su casa de Salamanca pocos meses después de comenzar la Guerra Civil. ¿Cree que él se hubiera quedado con esta versión?
A Unamuno le hubiera gustado investigar sobre su propia muerte. No sé si hay pruebas suficientes para determinar que no fue una muerte natural, pero hay indicios de que fue un asesinato.
Usted publicó en 2021 ‘La doble muerte de Unamuno’, un ensayo en el que profundizó en las circunstancias poco claras del fallecimiento del escritor bilbaino.
Lo escribí con el cineasta Manuel Menchón. Él había hecho una película donde ya hablaba de esto, pero quedó mucha documentación sin utilizar y entonces me propuso escribir este libro. Investigamos todo lo que pudimos sobre las circunstancias que rodearon esa muerte y todo lo que tiene que ver con ella, las cuestiones médicas, el certificado de defunción... Incluso lo consultamos con personas expertas, como el forense antropólogo Francisco Echeberria. El primer objetivo que teníamos, y también en la novela lo hago, fue estudiar la versión oficial, esa versión que decía que había muerto de manera accidental, de muerte natural y de manera apacible. Y lo que hemos encontrado y lo que existe a día de hoy son una serie de indicios. No disponemos de ninguna prueba, pero sí de un conjunto de indicios tan grande que por sí mismos podemos, de alguna manera, demostrar que efectivamente fue sospechosa, de carácter criminal y probablemente un asesinato. Hay un grupo de la Universidad de Salamanca y del País Vasco, entre los que me encuentro yo, que estamos investigando de una manera científica, académica, forense, etcétera, cómo fue esa muerte y seguramente se encuentren indicios más poderosos y probablemente alguna prueba de que fue asesinado. Creo que estamos a las puertas de poder saber, por fin, de manera rigurosa y científica cómo pudo morir Miguel de Unamuno.
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