Hay obras que empiezan donde otras terminan. Mientras la mayoría de las historias huyen del velatorio como escenario porque el final ya está dado, Yo solo quiero irme a Francia lo convierte en punto de partida: en ese salón con muebles cubiertos, un bizcocho de limón sobre la mesa y una corona de flores firmada por “el vecino Mauro”, donde dos mujeres que no se conocen van a descubrir que las une mucho más de lo que cualquiera habría imaginado.
El domingo 22 de marzo, el Teatro Barakaldo acoge el estreno en Euskadi de esta pieza, escrita y dirigida por Elisabeth Larena y protagonizada por María Galiana, que a sus 83 años regresa al escenario con una de las propuestas más celebradas de la temporada. Para quien la conoce como la abuela Herminia de Cuéntame cómo pasó, verla en directo tiene algo de reencuentro. Para quien la descubre aquí por primera vez, será difícil olvidarla.
La historia
Leo, la nieta de la fallecida Pilar, regresa a la casa familiar después de años de distancia. Inés, una joven desconocida, aparece con una carta notarial y una herencia inesperada: Pilar le ha dejado la casa, aunque nunca se conocieron. Lo que empieza como un malentendido –incómodo, tenso, con ese humor que nace del dolor– va revelando poco a poco secretos ocultos, identidades entrelazadas y una historia que viaja hasta la juventud de Pilar en la España de posguerra, desde los últimos meses de la Guerra Civil hasta su paso por la Sección Femenina.
Entre el reloj de cuco que interrumpe cada momento incómodo y los restos de lo que quedó por decir, la obra construye una reflexión sobre las herencias emocionales que nadie reclamó pero que condicionan la vida de generaciones enteras. Lo que se hereda no es solo una casa. Es el silencio. Es el miedo. Es también, a veces, el deseo de escapar.
Yo solo quiero irme a Francia es la primera obra teatral de Elisabeth Larena, conocida como actriz por su trabajo en Cuéntame cómo pasó, La que se avecina o No matarás, y también como directora del documental Actores. En el programa de mano escribe que dirigir esta obra fue como entrar en casa de alguien querido que ya no está y empezar a descubrir, en cada rincón, lo que dejó sin decir.
EL ELENCO
Cuatro mujeres, cuatro versiones del mismo anhelo
Junto a María Galiana –Premio Goya, Medalla al Mérito en las Bellas Artes y referente de varias generaciones de espectadores– completan el reparto Nieve de Medina, Alicia Armenteros y Ledicia Sola, cuatro intérpretes de trayectorias sólidas que dan vida a personajes que, cada uno a su manera, buscan ese mismo lugar de libertad. Pilar, que solo es capaz de enfrentarse a la vida en su propio velatorio. Marisol, que huye para encontrar un sitio donde liberarse de la culpa. Leo, que viaja por el mundo escapando del deseo de tener un hogar. E Inés, que indaga en el pasado esperando entenderse a sí misma.
La investigación para dar vida al personaje de Pilar se entrelazó con las memorias heredadas de su propia familia: recuerdos que no vivió en primera persona, pero que todavía laten en quienes vinieron después.
Lo real y lo mágico conviven con naturalidad en la obra
Es esa tensión –entre lo vivido y lo transmitido, entre lo que se recuerda y lo que se inventa para sobrevivir– la que da a la obra su temperatura particular. Lo real y lo mágico conviven con naturalidad. El humor sirve de defensa ante el dolor. Y Francia, más que un destino geográfico, es una idea: ese lugar imaginado donde una podría, por fin, ser otra.