El hombre invisible es el séptimo trabajo de estudio del músico y actor Fran Perea y quinto que publica de forma independiente bajo su sello propio, Sinfonía en Nobemol, actualmente NBL Música, junto a Víctor Elías. El compositor, cantante y también actor presentará sus canciones nuevas, en la que da la palabra a varios personajes que ha interpretado a lo largo de su vida actoral, este domingo, 22 de marzo, en el Kafe Antzokia de Bilbao. “Soy lo que soy gracias a Los Serrano, ya que la serie me ha permitido seguir en la profesión e ir eligiendo el camino”, asegura Perea.
Imagino que le habrá costado ser considerado más allá de la serie ‘Los Serrano’. A veces, el éxito tiene cierto aire de penitencia.
(Risas). Todo depende del prisma con el que lo mires. Con el tiempo vas colocando las cosas en su sitio aunque, para empezar, no todo el mundo tiene la suerte de tener éxito; y más en esta profesión. Yo soy de Málaga y me fui a Madrid para dedicarme a ello, así que he tenido mucha suerte. Me siento muy afortunado de haber estado en la serie aunque no me puedo meter en la cabeza de cada persona para que no me relacionen con aquel personaje que marcó generacionalmente a un país. Es absurdo luchar contra lo que no se puede, prefiero mirar el prisma positivo del asunto. Hoy, soy lo que soy gracias a la serie, ya que me ha permitido seguir en la profesión e ir eligiendo el camino.
Tuvo cierto éxito internacional muchos años antes de la existencia de las plataformas y de ‘La casa de papel’, por ejemplo.
Claro, reivindico eso. La serie viajó mucho y me permitió desarrollarme profesionalmente en otros países: Serbia, México, Finlandia… En esa época era muy complicado, pero nosotros pudimos salir fuera.
Siendo tan joven, ¿cómo consiguió que no se le fuera la cabeza?
No era tan joven (risas). Sí es cierto que el personaje era más joven que yo, que ya tenía cierto bagaje. No tanto como Travolta en Grease, eso no (risas). Eso fue muy fuerte, como lo de Sensación de vivir, que tenían más años… Yo había estudiado arte dramático en Málaga y también tenía mis bandas en la ciudad. Contaba con cierto recorrido local y autonómico antes del precalentamiento que me supuso participar en Al salir de clase. El boom descontrolado de Los Serrano tuvo cosas que me costó asimilar, así que me agarré a mis amigos y familia, e intenté no cambiar mucho mi modo de vida y lo que era. En esa posición te pueden llevar los cantos de sirena.
¿Qué fue antes, la música o la interpretación?
Fueron un poco de la mano porque en mi caso siempre han estado muy relacionadas. Fue compaginando ambas cosas siempre que pude hasta Los Serrano. Me gusta mucho componer canciones y empecé a hacerlo muy joven.
¿Qué escuchaba?
Desde Nirvana a Siniestro Total, por ejemplo. Era más cañero, no era tan popero en esa época, en los 90. La influencia del pop me viene de mi hermana.
Tuvo éxito en sus inicios musicales, pero optó por su faceta de actor y, sobre todo, por el teatro, más que por el cine. ¿Por qué?
Sí, di un paso atrás en la música. Conocí a mucha gente y trabajé con multinacionales, pero no terminaba de estar cómodo, necesitaba otro espacio. Así que me centré en la parte actoral y volví al teatro, a la raíz del actor. En 2010 edité mi último disco de aquella etapa, Viejos conocidos, y no volví con el siguiente hasta ocho años después. Fui muy prudente y me lo pensé mucho aunque seguía componiendo.
¿No se sintió cómodo, se vio como un producto?
No sé… necesitaba colocar las cosas y pensar qué quería hacer. Hubo un tiempo que no supe si volvería a la música más allá de las bandas sonoras de las cosas teatrales que iba haciendo. Seguía estando ahí, pero no de manera tan troncal. Necesité vivir ese proceso.
Acabó volviendo, pero sin recibir órdenes de casas de discos, desde la libertad total.
Volví haciendo lo que necesitaba, que era coger un par de guitarras y un coche para salir a la carretera otra vez. Coincidió con la pandemia… Iba de garitos yo solo y la cosa fue alimentándose, creciendo y acabé encontrando mi lugar. Y ese lugar lo controlaba yo. Sí, quizás tengas razón, necesitaba tener el control sin arruinarme (risas). Y ahí sigo, de manera independiente y disfrutando de cada proyecto.
“No se le pueden poner diques al mar”, decía en Los Serrano hace casi un cuarto de siglo. Ha vuelto a la música.
Eso es cierto, soy músico y me gusta pensar a través de ella. Solo necesitaba encontrar mi sitio.
¿De qué manera encara una u otra de sus facetas artísticas?
He aprendido a hacerlo con los años. En la música, el disco se convierte en el objeto principal, ya que tiene mucha demanda, sobre todo si la editas tú mismo. Y luego voy poniendo fechas al puzzle, según el tiempo que tenga. El teatro siempre está presente, ya sean proyectos más grandes o pequeños. Sí, he priorizado más el escenario que las cámaras de cine o series. Me gusta mucho el escenario, lo que más. Como actor o músico, estar ahí convierte cada noche en algo diferente. Esa adrenalina que genera es vital para mí. El subidón es de la hostia. En lo audiovisual existe mucho bloqueo de fechas, así que voy poco a poco. Ahora estoy rodando una serie, El marqués 1985, que he podido encajar. Es la continuidad de otra llamada El marqués, aunque con una trama independiente.
¿Qué hay de la antigua contraposición entre el teatro y la música, entre la alta cultura y la más pop o ligera? ¿Es ya cosa del pasado?
Creo que sí. Puede que haya gente que todavía piense eso, pero las líneas cada vez se pisan más. A mí, que me gusta mucho la canción de autor, creo que el pop está contagiado por ella. De hecho, es la música que hago y con la que se pueden conseguir grandes dosis de profundidad. Yo no dejo de componer con una guitarra y una voz, y son canciones que tienen que caminar. Esa es la base, la de la canción de autor, que me permite poder contar mis historias. Todo mi repertorio pasa por ese filtro.
En tiempos de algoritmo y reggaetón su último disco no lo pone fácil. Tiene cierta complejidad en su concepto, en esa invisibilidad a la que alude. Da la palabra a varios personajes que ha interpretado a lo largo de su vida actoral, de la televisión y el amor adolescente a la tragedia clásica.
Música hay mucha, y también audiencia. Solo hay que buscar tu nicho, que la gente entienda lo que le estás contando. Sacar a esos personajes me pareció un gesto de complicidad con la gente que ha ido siguiendo mi carrera. Este disco sí, habla de esos personajes que he ido interpretando, pero se puede disfrutar también como si fueran canciones independientes. Lo que pasa es que yo necesito el concepto, la dramaturgia. Me resulta fundamental porque me gusta como espectador también. Si voy a un concierto, quiero que haya algo más que canciones, quiero una historia, que me cuenten cosas y me planteen preguntas.
Un paso más.
Es que tengo la firme creencia de que la cultura, además de entretener, te puede cambiar la vida. Nunca se sabe quién te va a escuchar, así que me gusta ofrecer cosas diferentes. Y me viene a ver gente variopinta, de 0 a 99, como en el parchís. Eso me lo dice un amigo. Hay gente que viene de la serie, de 35 o 40 años, incluso con sus hijos, y gente más joven. La horquilla mayor es de 20 a 35 años. Igual es que me han conocido con las reposiciones de la serie.
¿Qué papel juega en este proyecto Víctor Elías, otro actor y músico que estuvo también en ‘Los Serrano’?
Está en el grupo, toca teclados cuando puede y está en la dirección musical de la gira. Y también compartimos proyectos en teatro. Nuestra relación personal y profesional es de admiración mutua. Nos gusta tenernos cerca porque nos estimulamos mucho en lo profesional. Es un musicazo del que aprendo mucho.
Hablemos de la invisibilidad o ese no mostrarnos. Springsteen hablaba de “brillante disfraz” al referirse a la imagen que se tiene de los artistas, ya sean cantantes, músicos o actores.
El disco habla de esas aristas, de la invisibilidad de quienes nos dedicamos a esto de la cultura. Su artefactos están por encima de quienes los hacemos. Vas a ver el Guernica de Picasso y no piensas en el autor todo el rato o cómo era él. A veces, escuchas canciones que no saben de quiénes son pero las cantas con el corazón. También tiene que ver con nuestras idas y venidas, ese tiempo en el que parece que no estás y luego vuelves, y sobre la sensación de preguntarte si somos alguien si no hay un guion detrás… Es algo muy poliédrico que canto con un tono más grave en varias canciones del disco. Creo que es un terreno que voy a explotar más.
¿Y cómo es Fran Perea sin guion?
Se suele tener una imagen distorsionada del artista. Los Secretos cantaban aquello de “cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajar del escenario”, y Springsteen me encanta también. En definitiva, que somos personas absolutamente normales, con los miedos, inseguridades y valentías de cualquier otra persona. Intento convivir con ellas y manejarlas como mejor puedo.
¿Qué verá quien vaya al Antzokia, cómo son sus conciertos en 2026?
Suenan muy bien y estoy muy contento. El show tiene mucho de la canción de autor y del actor. Es lo que me diferencia de otros músicos, esa faceta actoral que saco a pasear incluso cuando canto. Los personajes que he ido interpretando visitarán el concierto y recuperaré algunos de sus textos. Será animado pero teatral, con guion incluido. Vamos cinco músicos en escena, en total 9 personas.