Cadáveres exquisitos, Cuerpos celestes, gabinetes pedagógicos, proyecciones audiovisuales acompañadas de sonido, cámaras conectadas con su estudio... En total, más de 100 piezas para adentrarse en el universo artístico de Txuspo Poyo (Altsasu, 1963), uno de los creadores vascos más interesantes del panorama artístico actual. Azkuna Zentroa presenta en Bilbao la monográfica más completa que se ha realizado hasta ahora dedicada a este artista multidisciplinar cuya obra, aclamada por crítica y público, se extiende en un original bucle sin fin.
Fusionando dispositivos caseros y alta tecnología, nos propone juegos intelectuales abiertos, que permiten al espectador llevar a cabo sus propias investigaciones, y cuestionarse las relaciones entre arte, ciencia y tecnología.
Bajo el título de Anónima, la muestra propone un recorrido por los códigos, procesos y universos visuales del artista navarro, que ha ido conformando un corpus artístico que combina lenguajes y medios como el cine, el vídeo, la fotografía o la instalación. Según ha explicado el comisario, Álvaro de los Ángeles, el título de la muestra alude al uso de materiales vinculados a la memoria colectiva, como celuloides reutilizados o páginas de periódico intervenidas, que el artista transforma para generar nuevos significados.
Recorrido: meteorito, proyecciones audiovisuales...
“La muestra no se plantea como una retrospectiva, sino como una reactivación de proyectos que, al presentarse juntos, generan nuevas lecturas y capas de significado”, explica Txuspo Poyo.
La exposición está estructurada en tres apartados, pero advierte Poyo, “no son espacios estancos porque hay una forma de trabajar bastante similar que, de alguna forma, contamina en algún sentido todos los proyectos”.
La primera sala acoge obras que contemplan el tiempo como eje fundamental, entre ellos, sus Cadáveres exquisitos. Poyo interviene las hojas de periódico y convierte los obituarios en archivo visual. Al lado, se proyectan grabaciones de cumpleaños que han enviado al artista navarro, compartiendo espacio con estelas funerarias navarras. Vida y muerte.
Llama la atención también la imagen de la Luna, que proviene de la colección de meteoritos del Vaticano, que muestra impactos en su superficie. Poyo expone además un meteorito, que le ha cedido un cazameteorito leonés, que es también divulgador.
En el meteorito se encuentra un pequeño diapasón, “un instrumento que no es solo para calibrar el sonido de los instrumentos, que lo que te da es una nota. En este caso, he pensado de una manera más metafórica sobre la idea de que lo que está generando es una nota que tiene que ver con el sonido del universo”, explica el artista.
La segunda parte del recorrido está dedicado a proyecciones audiovisuales con audio portátil que permite recorrer la exposición mientras se escucha cada pieza, entre ellas el Túnel de la Engaña, la historia de un fracaso franquista, como fue el de comunicar Santander con el Mediterráneo a través de un túnel inconcluso, en el que se utilizaron como mano de obra presos políticos, que fallecieron de silicosis. Poyo no duda en introducir un elefante en el túnel como símbolo de duelo, mezclando de nuevo realidad y ficción.
El proyecto Izaro lo realizó entre 2012 y 2016 y es un ensayo documental que se desdobla en tres relatos: jurisdicción territorial, tradición del día de la Magdalena, nombres femeninos y masculinos, la productora Izaro Films y un atunero con bandera de las islas Seychelles.
O La casa árbol que el artista construyó en Atsasu, su localidad natal, como punto de encuentro cultural, y homenaje a su infancia
Poyo ha rescatado también los gabinetes pedagógicos en su exposición. Muchos colegios religiosos del siglo XX contenían gabinetes de ciencias naturales que se han ido cerrando o traspasando. En uno de ellos, el artista reúne el esqueleto de una ballena.
Su estudio
Una tercera sala acoge un espacio denominado estudio, en el que incorpora objetos de trabajo y una cámara conectada en tiempo real con el taller del artista, integrando el proceso creativo dentro del espacio expositivo. En la muestra, también se incluyen algunas de sus obras iniciales como Celuloides, realizadas durante su estancia en Nueva York, en las que trenzó filmes haciendo metalenguaje del séptimo arte. Allí, empezó a trabajar esta técnica, movido por la curiosidad que suele marcar su obra sobre las técnicas que caen en desuso, reliquias históricas. De esta manera, trenzó celuloides que ya son historia, en una apropiación de la obra, construyendo otra película a través de un cut up. Anónima se puede ver en Azkuna Zentroa hasta el 17 de mayo.