Una ‘road movie’ para desterrar el estigma del cáncer
Ya está en cartelera ‘El bus de la vida’, el último filme del director y productor bilbaino Ibon Cormenzana. Grabada en diferentes localizaciones de Bilbao y Orduña, la cinta se erige en un canto a la vida en momentos de tribulación
Cáncer. La palabra choca contra el paladar para, justo después, salir escopeteada al exterior. Impacta con fuerza. Incómoda. El aire se hace más denso y pesado cuando alguien pronuncia el nombre de la enfermedad porque se sabe que ésta, en ocasiones, es sinónimo de muerte. “Es un tema difícil y tabú”, reconoce el cineasta Ibon Cormenzana, “y yo quería hablar de un tema tan complejo desde el humor”, agrega.
El anhelo acabó tornándose en El bus de la vida. A caballo entre el drama y el humor, esta road movie “en bucle”, con Bizkaia como escenario y protagonizada por Dani Rovira, pretende desterrar el estigma que pesa sobre la enfermedad. Ayer, DEIA pudo hablar con su director y con uno de los más jóvenes actores del elenco, el catalán Pablo Scapigilati, que se estrena en la gran pantalla de la mano de Cormenzana. Este último, después de producir filmes más oscuros –Robot Dreams (2024), As Bestas (2023)–, se aventura en un género más luminoso. “Esta película se resume con las siguientes palabras: reír, llorar, cantar, gritar”, cuenta el director y productor bilbaino.
Dice Cormenzana que todas las buenas historias comienzan con una confesión. La de El bus de la vida no es una excepción: “En una visita a Tudela un familiar me contó que tenía un tumor en el oído”, relata. En ese viaje el director pudo conocer el verdadero autobús de la vida, un proyecto impulsado por los vecinos de esta zona del sur navarro para trasladar a los pacientes al hospital. “Me interesaron las anécdotas que mi allegado compartió con ese grupo de personas que utilizaban ese autobús. Muchas eran de humor y ahí vi una manera de hablar de un tema tan difícil desde un punto de vista más vitalista, de reír, de cantar…”, explica.
Así, la experiencia de su ser querido es el punto de partida del viaje vital de Andrés (Dani Rovira). Es un profesor de música que se traslada a un pueblo de Bizkaia (Orduña) para trabajar en un colegio. Pero el primer día de clase se ve aquejado por un fuerte pitido en el oído que resulta ser síntoma de un tumor. Para recibir tratamiento, debe trasladarse a Bilbao. Y lo hace en El Bus de la Vida, un autocar destartalado conducido por la altruista Nai (Susana Abaitua) que da servicio a todos los pacientes de la zona.
Allí se encuentra con personas que presentan distintos tipos de cáncer en diferentes estadios. Algunos, muy avanzados, irreversibles; otros, curables. Unai, el personaje que interpreta el jovencísimo Pablo Scapigliati, se sitúa en el primer grupo. Eso sí, su enfermedad no le ha arrebatado las ganas de vivir: “En el cáncer hay muchas fases: la negación, el duelo, la rabia, la aceptación… Unai representa esta última. Juega con lo que hay y lucha por salir adelante, porque hay que disfrutar de lo que tenemos ahora. No sabemos qué puede pasar mañana”, describe el actor. También define a su personaje como una persona “que quiere comerse el mundo”. En ocasiones, lo hace a través de la música, un elemento omnipresente en el largo. “Para mi personaje la música es el altavoz para comunicarse con el mundo. Es rap, es agresivo… Es como: Voy a arrasar con todo y os lo voy a enseñar”, cuenta Scapigliati, quien se ha puesto al micro para interpretar temas de Kase O o los Chikos del Maíz. En la película también suenan las composiciones de la MODA, Fito y Fitipaldis, Ibil Bedin, Morgan, Rigoberta Bandini o Paula Koops. “Son temas que me gustan mucho y que me han generado una serie de emociones que he querido meter en momentos puntuales de la película”, señala Cormenzana.
Un viaje musical
Es precisamente la música lo que impulsa al personaje de Dani Rovira a superar sus miedos. Él es un gran melómano, pero nunca se ha subido a un escenario. Y no sabe qué le va a deparar el futuro, si es que este existe. En ese sentido, El bus de la vida también se erige como un canto a la vida y pretende alentar al espectador a superar sus propios miedos y limitaciones: “Intenta explicar a través del protagonista que, aunque te pasen cosas malas en la vida, tienes que despojarte de la carga de tus miedos, inseguridades y vergüenzas y atreverte a hacer lo que realmente te gusta en la vida, porque nunca sabes cuándo vas a dejar de estar”, detalla el cineasta navarro. Eso sí, cuenta que su intención es presentar el tema de la superación personal desde un enfoque no paternalista. De hecho, más que de superación, Cormenzana prefiere hablar de “un viaje a atreverse”.
En esta expedición también hay lugar para la reivindicación de lo público como argamasa para construir vidas más dignas. Y es que el vehículo que inspira la película comenzó a acumular kilómetros de carretera cuando en el año 2012, en plena crisis, el Gobierno navarro presidido por Yolanda Barcina –entonces líder de Unión del Pueblo Navarro (UPN)– retiró la ayuda económica que daba a la Cruz Roja por llevar en un autobús gratuito a pacientes a tratamiento de quimioterapia o radioterapia que no podían ser tratados en el Hospital Reina Sofía de Tudela. Según Cormenzana, el largo incluye, si bien de “manera subliminal”, una incisiva crítica a la desatención institucional: “Se juega a que lo público no está haciendo su labor, porque lo lógico es que este tipo de servicio existan en todos los pueblos”, reivindica el director.
Cormenzana
Después de una etapa marcada por filmes más oscuros –ha participado como productor en cintas como ‘Robot Dreams’ (Pablo Berger, 2024) o ‘As Bestas’ (Rodrigo Sorogoyen, 2023)–, Ibon Cormenzana toma los mandos de su propia nave: ‘El Bus de la vida’. De marcado carácter vitalista, el filme podría enmarcarse en ese cajón de sastre al que llaman ‘Feel good movie’.
Dani Rovira
El reparto está integrado por Dani Rovira, Susana Abaitua, Pablo Scapigliati, Andrés Gertrúdix, Elena Irureta, Antonio Durán ‘Morris’, Amancay Gaztañaga, Julen Castillo, Roberto Álamo, José Ramón Soroiz, Miriam Rubio e Iria del Río.
Bizkaia
El filme se rodó íntegramente en varias localizaciones del municipio de Orduña y en Bilbao, concretamente, en el Hospital Universitario de Basurto.
Un vuelco
Andrés (Dani Rovira) llega a un pueblo de Bizkaia para cubrir una plaza vacante de profesor de música. El primer día de clase sufre un extraño pitido en el oído: es cáncer. Debe trasladarse a Bilbao para recibir tratamiento. Y lo hace en el Bus de la Vida, donde vivirá toda una aventura.
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