Uno de cada cinco universitarios abandona o cambia de carrera durante su primer año de estudios. En concreto, el 22,1 % de los estudiantes de nuevo ingreso deja la titulación elegida inicialmente o se matricula en otra antes de finalizar el primer curso, según los últimos datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
Detrás de estas cifras, orientadores y especialistas en psicología educativa alertan de un fenómeno cada vez más frecuente entre los jóvenes que acaban de superar la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU): la denominada "parálisis por análisis". La presión por elegir correctamente el futuro académico, el miedo a equivocarse y las expectativas familiares y sociales generan elevados niveles de ansiedad en estudiantes de 17 y 18 años, precisamente cuando deben tomar una de las primeras decisiones importantes de su vida.
"Afrontar el cambio de etapa con la sensación de que estás tomando la decisión más importante de tu vida a los 17 o 18 años genera un pico de estrés crónico en los alumnos", explica María Guinart, psicóloga y especialista del Departamento de Orientación de Cumbres School Valencia. La experta advierte de que muchos estudiantes terminan eligiendo carreras muy demandadas para no "desaprovechar" su nota, aunque estas no respondan realmente a sus intereses o vocación.
Para los especialistas, muchas de estas decisiones responden a una elección precipitada, condicionada por la presión del momento y la falta de orientación previa. Por ello, los departamentos de orientación reclaman reforzar el asesoramiento desde 4.º de ESO y 1.º de Bachillerato, para que los alumnos dispongan de más herramientas antes de enfrentarse a una decisión que puede marcar su trayectoria académica y profesional.
Paula Núñez: la nota de corte que cambió el destino
Paula Núñez siempre tuvo claro que quería trabajar con niños. Por eso, al terminar Bachillerato Artístico, su primera opción era estudiar Educación Infantil y también contemplaba Educación Primaria. Sin embargo, se encontró con una realidad que afecta cada año a miles de estudiantes: las notas de corte, que en muchos casos condicionan el acceso a la carrera deseada. Necesitaba aproximadamente un 8,7 para acceder a la carrera, pero su calificación rondaba el 8,3. Aunque mantenía una pequeña esperanza, no le sorprendió quedarse fuera. “Sabía que la nota de corte estaba subiendo cada año porque era una carrera muy demandada”, recuerda.
Lejos de quedarse bloqueada, Paula ya tenía pensadas otras opciones. Entre ellas estaba el grado de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, una rama de Bellas Artes relacionada con su otra gran pasión, el arte. Al final, eligió esta última.
La estudiante reconoce que la orientación recibida no fue especialmente útil. Cuenta que le recomendaron estudiar Educación Social por su similitud con Educación Infantil, aunque ella tenía claro que no era lo que buscaba. “Me insistieron en que era parecido, pero cuando miramos los planes de estudio vi que prácticamente no tenían asignaturas en común”, explica.
No entrar en la primera opción no siempre significa alejarse de lo que uno quiere, sino que, a veces, puede ser el inicio de un camino distinto que termina encajando incluso mejor de lo que se esperaba.