Adentrarse en nuestros territorios, tanto en ciudades como carreteras y bosques, es sumergirse en un mundo donde lo paranormal aflora. Tanto es así que un fantasma que -se dice- pulula por los abandonados pasillos del palacio de justicia de Vitoria, apodado por los vecinos de la ciudad como Andresito, protagoniza ahora uno de los capítulos de Immaturi, el nuevo libro del periodista Javier Pérez Campos (14 de febrero de 1989, Ciudad Real), reportero de Cuarto Milenio con varios libros más a sus espaldas. 

Y este tipo de sucesos nos hacen pensar, inevitablemente, en la conocida como niña o chica de la curva, que se ha aparecido en varios de puntos, también en el condado de Treviño tal y como pudimos comprobar en el mismo programa. Y es que desde Cuarto Milenio se acercaron el año pasado a la Álava natal de Iker Jiménez para tratar de desgranar los misterios de la supuesta aparición que sufrió un motorista cuando circulaba por el Puerto de Vitoria.

En Vitoria, encontramos al fantasma de Andresito. Josu Chavarri

De Andresito nos cuenta el propio Pérez Campos que este caso es “uno de los más mediáticos del País Vasco y diría que de toda España, porque es la historia de un niño de unos siete años que se aparece, en ocasiones de la mano de un anciano, como si fueran un abuelo y su nieto, y que aparece en las dependencias municipales de la delegación de hacienda, en el palacio de justicia y en todos los comercios en realidad que se ubican sobre los cimientos del antiguo convento de San Francisco”, explica, al tiempo que reitera que “son muchos los testigos que los han visto. Policía local, vigilantes de seguridad, vecinos de Vitoria que incluso nos contaban que veían al niño asomado a la ventana de la tercera planta...”. Esta información, tal y como cuenta en el libro, llegó a aparecer en la web del Ministerio del Interior. 

Pudieron pasar varias noches dentro del palacio de justicia y entrevistó al último testigo. “He de decir que es uno de los sitios del libro donde yo de verdad he pasado miedo, por la pura sugestión, porque no ocurrió nada reseñable, pero el edificio estaba en malas condiciones”.

Imagen del antiguo convento de San Francisco. Álava Medieval

Pero, ¿qué tienen nuestros pueblos, valles y montañas que atraen tanto el misterio? “Es un territorio muy mágico, muy frondoso. El bosque es el lugar perfecto para las sombras, y muchas de estas historias perduran y perviven en las sombras”, explica, al tiempo que reseña que hay estudios antropológicos como el que dice que “el tendido eléctrico mató a la Santa Compaña. Los lugares donde antes se aparecían estos espectros tan de nuestra cultura y tradición, dejaron de aparecerse en zonas donde el tendido eléctrico acabó con las sombras. En el norte peninsular tenemos por fortuna todavía lugares mágicos donde pueden existir este tipo de figuras”, asegura.

Asimismo, con Cuarto Milenio hicieron una investigación en el monte Gorbea donde una pareja de alpinistas “totalmente profesionales” tuvieron un encuentro “extraño” en la cumbre, “con tres figuras idénticas, con los brazos en cruz, y que caminaban y desaparecían después por una zona inaccesible. Nosotros estuvimos, subimos a lo alto y conocimos que es un sitio lleno de leyendas, mitos, figuras fantásticas... Y eso es lo bonito al final, el encuentro de una pareja de montañeros nos permite conocer en profundidad la historia y la tradición tan rica de un lugar como el monte Gorbea”, asegura. 

Y es que en Bizkaia también se han dado casos. Al fin y al cabo, recuerda un caso en Bakio, donde el testigo decía que una noche -cuando estaba volviendo caminando por la carretera-, “los grillos dejaron de cantar, el viento dejó de soplar, los árboles dejaron de mecerse y todo quedó en un silencio absoluto. Y fue en ese momento cuando apareció una figura que parecía una especie de manto extendido sobre la carretera, y empezó a perseguirle”, nos cuenta. Al poco apareció una pareja en coche, se subió al coche, y los tres cuentan que vieron esa figura por el retrovisor. Algo similar le ocurre a una de las protagonistas de este libro, que antes de ver al fantasma del que habla en el transcurso de las páginas, recuerda la quietud que precedió al suceso.

El periodista Javier Pérez Campos acaba de publicar ‘Immaturi’.

El periodista Javier Pérez Campos acaba de publicar ‘Immaturi’. Oskar González

Y es que en este libro, por supuesto, además de a Andresito conoceremos a otros muchos fantasmas -gran parte de ellos en Extremadura-, porque aquí Pérez Campos ha querido explorar las historias relacionadas con los fantasmas de niños, los fantasmas infantiles, para ampliar su colección de libros (Los otros, Los intrusos...). Libros dirigidos también a excépticos, tal y como él mismo asegura. “Son libros para todas las personas que quieren sentirse vivas. El miedo es nuestra pulsión más extrema, es la pulsión que nos hace sentir más vivos, precisamente porque es una emoción que servía como una forma en la prehistoria de estar alerta contra el depredador natural. El miedo que sentimos ahora es un miedo controlado, que no obedece ya a esa necesidad de seguir con vida, pero creo que es un libro -aunque sea de fantasmas- que paradójicamente es para quien quiere sentirse vivo”.

Pero, ¿por qué centrarse ahora en estos fantasmas infantiles, en los que en el libro conocemos como los inocentes? Porque en este libro descubriremos muchos fantasmas y espíritus. “Lo que a mí me interesa del fantasma, más allá incluso de si existen o no los fantasmas, o qué son los fantasmas, es cómo nos han impactado a nivel cultural a lo largo de toda la historia, y cómo todo eso se ha manifestado después en el arte, en la literatura, y después en el cine”, señala. Y ahora en televisión, en programas como este, Cuarto Milenio, o a través de las tecnologías, esas en las que lo captamos y recogemos absolutamente todo. “Hay quien dice que claro, con todos estos teléfonos cómo no hemos conseguido la fotografía de un fantasma. Quizá no pueda captarse con los medios que tenemos a nuestra disposición. No podemos captar el amor. Hay cosas que se escapan a la tecnología y quizá se trate más de sentir que de creer”, resume finalmente. Pero, ¿algún día seremos capaces de tomar esa fotografía? Asegura que tenemos tecnología para aproximarnos “muy ligeramente, pero no creo que podamos nunca tener a nuestra disposición una tecnología capaz de hacerlo. De hecho, desconfío absolutamente de la tecnología actual creada expresamente para captar lo misterioso”.

Personal

La primera toma de contacto con lo paranormal que recuerda Javier Pérez Campos fue cuando sus padres le llevaron a pasar el día en Madrid. “Pasando por el palacio de Linares, mi padre me contó que en los años noventa se hablaba de que había unas voces extrañas, y de una niña llamada Raimunda, que era una niña fantasma, y que había dado mucho miedo a los trabajadores del palacio”, nos cuenta. Aquello le impresionó tanto con ocho años que recuerda “perfectamente” pegar el oído a los muros del palacio para tratar de escuchar algo. “Es muy simbólico el recuerdo, porque de alguna manera desvela mucho de mi curiosidad y mi interés por ser testigo de algo extraño ya desde mi más tierna infancia”, confiesa. 


Su siguiente paso en el camino fue descubrir con doce años en la biblioteca de su tío un libro llamado Enigmas sin resolver, de Iker Jiménez, donde descubrió que “uno puede dedicarse a esto, estudiar y especializarse en esto desde la rama del Periodismo”. Eso, cuenta, le cambió la vida, porque le hizo decidir que quería estudiar Periodismo y especializarse “en esto. Y hacerlo de una manera rigurosa, seria, acudiendo a las fuentes históricas, a antropólogos y expertos, y formar mi propia biblioteca del misterio”.