Iñaki Alforja: "La familia de Naparra encontró en la soledad su libertad"

El Zinemaldia acoge este sábado (22.00 horas) la proyección de 'Historia de un volante/Bolante baten historia', una película documental de Iñaki Alforja e Iban Toledo sobre el traspaso de la memoria

18.09.2021 | 11:55
Céles Álvarez y Eneko Etxeberria, madre y hermano de José Miguel Etxeberria, sujetando el volante del coche que conducía Naparra.

Se han cumplido cuarenta y un años desde que José Miguel Etxeberria Naparra desapareciera. Su desaparición -forzosa- se produjo el 11 de junio de 1980 en Euskal Herria Norte y, desde entonces, la familia ha efectuado miles de intentos para aclarar qué ocurrió, recuperar el cuerpo y poder cerrar, así, este terrible capítulo en sus vidas. Son cuarenta y un años sin respuestas, con pistas aquí y allá que acaban siendo polvo, nada. Por la memoria, por la búsqueda, por la familia y por si puede ayudar a esclarecer el caso Naparra, nace Bolante baten historia/Historia de un volante, película documental dirigida por Iñaki Alforja e Iban Toledo que se estrena este sábado en la sección Zinemira del Festival de Cine de San Sebastián. A las salas de cine llegará en octubre, de la mano de Golem, en Iruñea, Madrid, Bilbao e Iparralde.

Han pasado 41 años ya desde la desaparición de José Miguel Etxeberria. Cuarenta y un años de sufrimiento para una familia que, además, ha estado muy sola en la búsqueda de Naparra.
?Esto es así porque José Miguel Etxeberria era uno de los ideólogos de los Comandos Autónomos Anticapitalistas. No era de la izquierda abertzale, pero formaba parte de una organización armada... En definitiva, no tenían el apoyo de nadie. Cuando hacen desaparecer a José Miguel, la familia se queda sola en el olvido, por lo que estos 41 años han sido una búsqueda totalmente en solitario, que hacen con los recursos que tienen. Y con esos recursos, los normales, consiguen hablar con la cúpula de ETA, con exmercenarios del CESID, llegan al grupo de desapariciones forzosas de la ONU... Todo ello, solos. Pero creo que dentro de esa soledad han encontrado la libertad, porque no han tenido que plegarse a los intereses de nadie y han llevado el discurso que han querido siempre. Han estado en soledad pero en libertad.

¿Por qué deciden Iban Toledo y usted acercarse a este caso ahora?
- Yo conocía a Eneko a nivel personal y habíamos hablado alguna vez de hacer un documental, pero este necesitaba un principio y un final. Y su historia tenía un inicio, pero no un final. Fue en 2017 cuando decidimos dar el paso, porque la familia acudió por primera vez a la ONU y un exmiembro del CESID dio una ubicación exacta en la zona de Las Landas (Francia). Apareciese ahí el cuerpo o no, había un posible final para ese documental, porque la cuestión que queríamos plantear era qué ocurría a partir de entonces con la familia, tanto si se encontraba el cuerpo o no. Tenemos que agradecer la enorme generosidad de Eneko y su familia, que nos han permitido no solo acceder a los espacios y estar con ellos, sino acceder a sus sentimientos.

Hay una frase que dice Eneko que es muy simbólica. Dice que no quiere ser el "hermano de Naparra", que se ha visto obligado a ello y que él solo quiere ser Eneko Etxeberria.
–Él quiere seguir con su vida. Pero cuando tiene 15 años se ve inmerso en esta búsqueda. Lo que me gusta es que todos somos en cierta manera Eneko Etxeberria. Nos ha tocado vivir en un sitio y en un momento que no hemos elegido, como Eneko. Pero que nos ha llevado a decisiones, a relaciones y diferentes modos de vivir estos años de conflicto violento. Eneko quiere ser el hermano de José Miguel y que a José Miguel no le hubieran hecho desaparecer, que hubiera podido compartir todos esos cumpleaños, navidades y vacaciones en las que él no ha estado. Además, tras la muerte de Patxiku, su padre, y de Celes, su madre, parece que todo el peso recae sobre él. Y esto es lo que plantea esta película: qué pasa ahora, si esa responsabilidad será heredada por el hijo de Eneko... Porque nuestra historia va de la memoria, de cómo la gestionamos como sociedad y cómo la trasladamos a las generaciones posteriores.

¿Es este documental una pieza más del puzzle que construye la memoria de lo ocurrido?
–Es una pieza más en la construcción del relato. Una pieza más de un puzzle en el que el Estado organizó con dinero público grupos paramilitares, y en el que se pagaba a mercenarios para matar a gente, primero con el Batallón Vasco Español y luego con organizaciones de ultra derecha como la Triple A o los Guerrilleros de Cristo Rey, y más adelante el GAL. Porque eso también pasó y es parte del relato.

¿Cómo se pusieron en contacto con las muchísimas personas que aparecen en la cinta?
–Toda la información que obtuvimos en un principio nos vino por Eneko. Él nos contó quién estuvo en aquel momento y después nosotros seleccionamos a las personas que nos parecían clave para la historia. Una de ellas es Tito, un amor juvenil, porque representa a todas esas personas que no estaban involucradas directamente con estas causas y que, de repente, se ven cruzando la frontera para ir a visitar a una persona. Y sin quererlo estaban ya metidas en aquella guerra sucia.
¿Cómo vivieron la grabación? ¿Les resultó duro?
–Es que es una historia muy dura. Y Eneko sufre lo dura que es. Es muy consciente de la responsabilidad que le ha caído encima porque tiene que encontrar el cuerpo de su hermano para cerrar ese dolor familiar. Date cuenta que él lleva con esto desde que tenía 15 años, que de repente tuvo que empezar todo lo que ocurría para entender qué había pasado con su hermano.

Con lo polarizada que estaba la sociedad en aquellos años, no habría sido nada fácil...
–Claro, tuvo que entender cuáles eran las diferentes tendencias, los diferentes posicionamientos, todas las ideologías...

Había tantas variantes que, en un primer momento, no se sabía a quién atribuir esa desaparición forzada.
–El tema es que entre que le hicieron desaparecer y apareció el coche y se reivindicó la desaparición pasaron 9 días. Y a lo mejor pasaron más días hasta que el Batallón Vasco Español reivindicó la autoría de la desaparición. Que la reivindicó hasta en cinco ocasiones. Ahora se sabe que el Batallón eran unos mercenarios contratados, sobre todo neofascistas italianos y de la Organización Armada Secreta de Argelia, de grupos de extrema derecha... Y estaban contratados por el Estado español. Pero como pasó un tiempo hasta que reivindicaron la autoría, surgieron muchas versiones, y algunos comandos autónomos acusaron a ETA. Después, la Agencia EFE dijo que habían sido sus propios compañeros... Claro, con este panorama, ¿a quién acudía la familia en busca de respuestas?

Respuestas que aún no se han dado en un caso que sigue planteando nuevas hipótesis día a día, porque cuando estuvieron grabando este documental, seguían saliendo nuevas informaciones.
–Porque el caso está abierto. Todavía queda pendiente la segunda exhumación en Las Landas (Francia). El forense Paco Etxeberria dio dos lugares posibles para hallar el cuerpo y la Gendarmería dijo que era más posible que estuviera en uno. Se buscó y no apareció. Queda el segundo sitio. Pero es que, además, existen dos cuerpos que están en tanatorios franceses y están sin identificar. Uno de ellos apareció en una estación francesa de esquí, con un tiro en la cabeza, y justo al inicio de la pandemia apareció el otro, a 500 metros de donde desapareció el coche, con ropa y pesetas de los años 80.

¿Y por qué aún no se han identificado? ¿Por qué estos procesos son tan lentos?
–Por falta de voluntad política. Porque no interesa. También es cierto que burocráticamente es complicado, pero sobre todo, creo yo, es voluntad política.

Todavía no hemos hablado del volante, y eso que da nombre a esta película documental...
–El volante surge cuando dicen a la familia que ha aparecido el coche de José Miguel. Hasta allí fueron sus padres y Eneko. Iban a llevar el coche la desguace y el padre necesitaba tener algo de su hijo. El volante era el lugar donde estuvieron las manos de José Miguel por última vez, así que lo soltó y se lo llevó a casa. Ahora, ese volante es un símbolo de la búsqueda, la ausencia, la desaparición...

Ahora, ese volante llega hasta el Zinemaldi.
–Estamos muy contentos. Por nosotros y, sobre todo, por la familia. Porque esto va a permitir que la historia se visibilice en una dimensión que probablemente ayude. Quizás alguien lo vea y diga "yo sé algo"...

¿Es ese el objetivo final de este trabajo?
–Lo que esperamos es que se vea mucho y, sobre todo, que abra nuevas vías para saber realmente qué ocurrió. Que sirva también para meter presión y que se sepa cuáles son las identidades de esos dos cuerpos que existen o que la exhumación en Las Landas se agilice. En definitiva, que ayude a saber realmente qué ocurrió, dónde está José Miguel y la familia pueda descansar.



Bolante baten historia_trailer from ON Produkzioak on Vimeo.

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