Ibon Martín: "Las gaviotas son la banda sonora de mi vida"

'La hora de las gaviotas' muestra como odio y fanatismo se unen para matar de una forma cruel. Una mujer asesinada, y no será la única, pone patas arriba el alarde de Hondarribia durante el desfile mixto. el escritor y periodista Ibon Martín se mete a través de un 'thriller' policiaco en una historia de lo más negra.

15.03.2021 | 10:52
El escritor donostiarra Ibon Martín.

La nueva novela del escritor donostiarra Ibon Martín se ha ido hasta Hondarribia, donde el autor ha buscado de nuevo el olor a salitre para aromatizar sus crímenes. Ane Cestero y su equipo vuelven a investigar los crímenes que se suceden en La hora de las gaviotas, de la misma forma que ya lo hicieran en La danza de los tulipanes en la reserva de Urdaibai. Martín cuenta durante la charla muchas anécdotas sucedidas a la hora de escribir esta nueva historia, ya que una buena parte de ella se hizo durante el confinamiento en su furgoneta, que estaba aparcada frente a su portal. Era el lugar donde encontraba el silencio necesario para urdir sus tramas, así que armado de un plumífero y el café suficiente como para combatir el frío, convirtió el vehículo en una oficina ambulante. Ahora busca nuevo escenario que le incite un crimen literario por perpetrar.

¿Qué significan las gaviotas en su vida y en su libro?
Son esas aves que siempre han estado por encima de nuestras cabezas por ser habitantes de costa. Cada vez hay más gaviotas. Las gaviotas son la banda sonora de mi vida, y también la de este libro. Esta historia se desarrolla a la orilla del mar y era inevitable que estuvieran dando vueltas por encima de los personajes y de las tramas.

Con el Alarde de Hondarribia como telón de fondo.
Cuando tuve claro que el escenario iba a ser Hondarribia tuve también muy claro que el momento tenía que ser el Alarde. Esa tensión que se genera en el pueblo con el Alarde genera un contrapunto interesante con la belleza del lugar, y se convierte en marco magnífico para una novela que llega con la idea de rompernos desde el primer momento.

¿No le parece que se ha metido en la boca del lobo a la hora de hablar de un crimen que se produce con el Alarde como escenario? Los Alardes son material muy sensible.
Era consciente de que este tema es especialmente polémico, a veces muy espinoso, en esa zona, pero después de que se anunciase el lanzamiento de la novela me he dado cuenta de hasta qué punto puede ser polémico. Ahora que con las redes sociales todos somos muy accesibles, el bombardeo de palabras feas y de lectores disgustados porque haya tratado este asunto ha sido bastante potente.

Y en medio de una de las fiestas más esperadas en Hondarribia surge un crimen. Y todo apunta a que es machista.
Eso parece, pero no vamos a destripar todo el libro. Inmediatamente se pone en marcha la investigación para ver quién o quiénes son los autores de ese crimen y también de los otros que se producen y que están relacionados€ Hasta aquí podemos leer. Es machista porque la novela empieza en el propio desfile del Alarde mixto y vemos cómo se vive esa situación. Hay un boicot total con los plásticos, los pitos y todas estas historias que se organizan para humillar a las mujeres que desfilan. En ese punto es cuando se produce un asesinato. Una mujer cae muerta y todo apunta a que está realizado por las personas que están dentro de este boicot.

"ERA CONSCIENTE DE QUE UN ALARDE
ES UN TEMA POLÉMICO, INCLUSO ESPINOSO"

¿Solo machismo?
Es machismo, fanatismo y odio. Estos sentimientos están presentes en toda la novela. El mundo de esta fiesta es fascinante, pero dentro de ella vi unos elementos inquietantes que podían convertirse en la clave de un thriller.

¿Va a cometer crímenes literarios por toda Euskal Herria?
Esa es mi intención, poner un crimen en lugares muy reconocibles de nuestra tierra, pero también está dentro de mí el sacar escenarios nuevos, lugares que no hayan sido testigos de crímenes literarios. En cada uno de ellos busco un punto común con un ambiente y unas vivencias totalmente distintas. Lo que mantengo en las novelas es el equipo policial que investiga, que siempre es el mismo.

Así que no tiene ninguna intención de cambiar de género, el thriller en estado puro.
Es lo que me pide el cuerpo a día de hoy. El día que desde dentro sienta que tengo que cambiar, lo haré. En su día escribí una novela histórica con la que disfruté muchísimo y hay lectores que me piden que vuelva a ese género, pero voy a seguir con el thriller y habrá una tercera entrega de esta serie que comenzó con La danza de los tulipanes, continúa con este libro, La hora de las gaviotas, y Ane Cestero y su equipo de investigación trabajarán en nuevos casos.

Ha aparcado el trabajo que le llevó al mundo editorial, los libros de viajes.
Solo en cierta parte. Ahora viajo de otra manera, es un viaje a escenarios que siguen siendo muy reconocibles para mí y para mucha gente de Euskadi. En esta otra forma diferente de escribir sobre viajes camino por aquellas rutas y senderos que un día descubrí cuando elaboraba las guías de viaje.

Y lo hace sembrando las rutas de cadáveres.
Es cierto, pongo cadáveres y horror en unos parajes bellísimos, pero es una excusa para seguir llevando al lector de paseo. Antes le incitaba a ir físicamente por unas rutas fantásticas y ahora le llevo por esos lugares sentado en su casa y recorriendo los misterios y motivaciones que se dan en ciertos crímenes. Además, ahora lo único que podemos hacer es viajar desde casa.

"CUANTO MÁS HERMOSO SEA UN LUGAR,
MÁS HORROR ME APETECE METER EN ÉL"

Seguro que echa de menos viajar físicamente.
Todos los días me descubro soñando con viajes, planeando mentalmente a dónde iré cuando todo esto termine. El último viaje que hice justo antes de la pandemia fue a México, volví totalmente enamorado de ese país y estoy dispuesto a volver. Mi ilusión era volver este año, pero igualmente me apetece ir a Asia o a cualquier destino más cercano: Galicia, La Rioja, Asturias, Andalucía€ Creo que todos echamos mucho de menos viajar; incluso aquellos que nunca fueron viajeros, ahora mismo estarán deseando emprender un viaje.

La tentación de lo prohibido, ¿no?
Es cierto. Como no se puede, apetece mucho más. Ahora mismo me apetecería ir a Marraquech. Necesito bullicio. Creo que estamos tan hartos de esta condena del casi silencio a la que nos ha llevado esta pandemia que deja a nuestras ciudades sin vida, que nos apetece un poco de ruido. Nuestra cultura está colgando de un hilo y a punto de romperse.

¿Y por qué Marraquech?
No lo sé. Es una ciudad que tiene una vida intensa, me gustaría oír a sus muecines llamando a la oración, a esos vendedores pesados en el zoco gritándome para que me pare en sus tiendas. Es lo que me apetece.

Pensaba que los escritores amaban el silencio, el aislamiento.
Yo amo el silencio y también el ruido. No estás todo el día metido en una burbuja y escribiendo. Sí que valoro la intimidad cuando escribo, pero también necesito viajar, moverme, escuchar cómo suena la vida. Me gusta moverme por el mundo.

¿Cuándo sintió ese anhelo?
Desde muy pequeñito. A mí me encantaba pasar por las agencias de viaje y llevarme revistas, y te estoy hablando de cuando tenía seis o siete años. Recortaba las fotos de los fiordos noruegos, de las montañas suizas€ y me hacía mis álbumes de viajes. Me han contado que mi abuelo, que era minero en las cuencas palentinas, era un gran viajero y en cuanto podía se escapaba por Castilla y casi mendigaba por esos caminos pasando hambre. Él no dejaba de viajar y buscaba una válvula de escape.

También ha colaborado en medios de comunicación.
Sí, era algo que me encantaba, y sobre todo hacía radio. En Radio Euskadi me llamaban el experto viajero. Me abrumaba este calificativo, porque era viajero, pero no creo que fuera, ni que hoy sea, un experto. Me gustaba animar a los oyentes a que salieran, a que se lanzaran a la aventura de viajar, a que descubrieran lo más cercano y también aquellos mundos que son distintos a los que conocemos.

¿No se planteó nunca escribir para medios convencionales?
Como todo el que estudia Periodismo, pero tengo que reconocer que me gusta mucho la ficción.

En los periódicos también hay muchas cosas que si no son ficción, lo parecen.
Ja, ja, ja€ Es verdad. Pero a mí me gusta contar historias relativamente largas. Disfruto con la descripción de paisajes, con crear escenas costumbristas y narrar hechos que también pueden pasar en nuestro día a día. Yo me siento cómodo cuando la ficción entra en juego y no tengo que ceñirme a una realidad exacta y contada con datos reales. Prefiero imaginar.

¿Dónde tiene previsto urdir su próximo crimen?
Mi intención es seguir haciéndolo en parajes que en un principio invitarían a la relajación y al sosiego. Cuanto más hermoso sea el lugar, más horror me apetece meter.

Una idea casi psicópata.
No me considero un psicópata, lo que quiero es buscar el contraste entre la belleza del lugar y determinados actos horribles que cometen los seres humanos. Tengo algunos parajes en mente, pero he de encontrar ese que me llame de alguna forma.

Ha escrito tramas centradas en Navarra, en Gipuzkoa y en Bizkaia. Le queda Álava.
Los lectores de Álava saben que siento un cariño especial por este Territorio. En mi etapa de guía de excursiones era la zona de la que más rutas metía. Lo que ocurre es que necesito la cercanía del mar. Álava tiene muchos lugares a los que se les puede sacar jugo, pero a día de hoy no se me ocurre una historia para poder situarla allí. Necesito contar una historia que de entrada esté inspirada por el paisaje y de momento no la he encontrado.

¿Tan importante es el paisaje, más que la historia en sí?
En mi caso, sí. Puedes ver que en las últimas novelas el mar ha estado presente. Para cometer un crimen necesito que haya salitre en el paisaje. A partir de que he identificado un lugar, creo la historia. No es lo mismo lo que he contado en La danza de los tulipanes en Urdaibai que lo he hecho en La hora de las gaviotas en Hondarribia.

No ha podido hacer tantos viajes a Hondarribia como los que hizo en su día a Urdaibai...
Para La danza de los tulipanes estuve viviendo una temporada en Mundaka. Mi intención en este nuevo libro era haber hecho lo mismo, pero me quedé en los viajes previos porque llegó la maldita pandemia. En el mes en el que tenía previsto irme a Hondarribia estábamos confinados, así que mi viaje lo tuve que cambiar por una fría furgoneta.

¿Pasó el confinamiento en una furgoneta?
Ja, ja, ja€ Una parte. Era una furgoneta aparcada frente al portal de casa y allí es donde me refugiaba para escribir. Me ponía un plumífero para no pasar frío. Hice lo que todos: buscarme la manera de poder seguir adelante.

Dicen que escribir es sufrir, pero hacerlo en una furgoneta parece demasiado.
Era cuestión de elegir un lugar. No se podía salir de casa, nosotros no tenemos una casa muy grande y además tengo una niña de seis años. Las horas que podía robarle a la vida doméstica para escribir me refugiaba allí para tener algo de silencio. Recuerdo que tenía delante, aparcada, otra furgoneta de una empresa que arreglaba calderas, y resultaba poco inspirador. Yo estaba allí, pasando frío con mi plumífero y con mi portátil, y así estuve un mes, dos y hasta tres.

Podía escribir sobre esa experiencia tan sui generis.
Ja, ja, ja€ Es posible. Para los vecinos era algo curioso. Salían a comprar el pan o lo que necesitaran para comer, me veían a través de la ventanilla escribiendo y lo concebían como una oficina ambulante que había montado el escritor del barrio en medio de toda la situación de shock auténtico que vivíamos.

Le llevarían café, por lo menos.
El café me lo llevaba yo de casa y ellos de vez en cuando me daban sustos haciéndome ver que venía la policía. Pero nunca tuvieron el detalle de bajarme un maldito café recién hecho, ja, ja, ja.

¿Qué ha aprendido en su vida viajera?
He recibido lecciones de comprensión y también he aprendido a contemplar. Tampoco necesitas ir muy lejos, porque en el momento en el que un vizcaíno pasa a la montaña alavesa o un guipuzcoano se va a Navarra o a Hendaia, ya está cambiando su rutina habitual y está aprendiendo de la que llevan otras personas. Si te vas a otros lugares más lejanos aprendes más. Pienso que viajando te vuelves más tolerante, más abierto. He viajado mucho solo y puedes contemplar, ver e imaginar otros mundos. Poder imaginar es lo que me ha llevado a escribir novelas. 

PERSONAL
Edad: 44 años (5 de septiembre de 1976)
Lugar de nacimiento: Donostia.
Formación: Licenciado en Ciencias de la Información.
Trayectoria: Ha colaborado en medios de comunicación, especialmente en la radio. En Radio Euskadi animaba a los oyentes a salir de casa y buscar en los viajes, cercanos y lejanos, nuevas experiencias y horizontes. Ha escritos guías de viaje con una visión muy amplia. Además de las rutas, incluía relatos históricos y mitológicos de los lugares que recomendaba. 
Novelas: El valle sin nombre (2013) fue su primera incursión en el mundo de la narrativa. Ha escrito cuatro historias alrededor de la selva de Irati: El faro del silencio (2014), La fábrica de las sombras (2015), El último akelarre (2016) y La jaula de la sal (2017). Los últimos dos libros forman parte de una trilogía aún por completar: La danza de los tulipanes (2019), ambientada en Urdaibai, y La hora de las gaviotas (2021), centrado en varios crímenes con el telón de fondo del Alarde de Hondarribia.