Ingeniero de sonido y mezclador

Mikel F. Krutzaga: Es un orgullo haber grabado el primer disco en Dolby Atmos de Euskadi, el Estado y Sudamérica"

Ha usado este sistema de sonido envolvente, habitual en cine, en el disco de Sergio Vallín, guitarrista de Maná, en el que colaboran Santana, Juan Luis Guerra, Steve Vai o Alejandro Sanz

18.01.2021 | 01:43
Mikel F. Krutzaga en plena tarea con Sergio Vallín, guitarrista del grupo Maná en su debut en solitario.

El ingeniero de sonido y mezclador Mikel F. Krutzaga tiene en casa un Grammy Latino compartido con Kepa Junkera y es un habitual de las bandas sonoras de videojuegos y de películas de éxito, como La trinchera infinita. Y en el inicio de 2021 se convierte en pionero en Euskadi, el Estado y Sudamérica por el uso del sistema Dolby Atmos, ya habitual en cine y más envolvente e inmersivo, en Microsinfonías, disco en solitario de Sergio Vallín, el guitarrista de Maná, en el que colaboran Santana, Juan Luis Guerra, Steve Vai, la Orquesta Sinfónica de Praga, Ara Malikian o Alejandro Sanz. "Es un orgullo", asegura el técnico vasco, trabajar con este sistema de sonido, que ya ha utilizado Coldplay y considera que "es ya el presente, no el futuro".

¿Cómo llegó al proyecto con Vallín? ¿Había trabajado con Maná?

—Solo le conocía de oídas y nuestro contacto fue el arreglista y orquestador del disco, Edy Lan. Había trabajado con él en una banda sonora para una película en México, de corte fantástico, y ahora está preparando otra producida por Guillermo del Toro. Es joven y tiene mucho talento, y me propuso colaborar. Tras una llamada a tres con Sergio, me embarqué.

¿Hablamos de la época del confinamiento?

—¡Qué va, de 2016! Es un proyecto que llevaba mucho tiempo en marcha. Ese año ya grabamos allí a la Orquesta Sinfónica de Praga, e hice después aquí una pre-mezcla sinfónica que fue la base del repertorio.

Es un disco con un fuerte sonido clásico y orquestal.

—Sí, pero mezclado con el rock, como si fuera rock sinfónico. Pero hay más estilos, de una bachata a un tema clásico dedicado al padre de Sergio, pasando por heavy, rock y hasta flamenco en el caso de Alejandro Sanz.

¿Cuánto tiempo trabajaron con la orquesta? Imagino que pocos días, ya que son muy profesionales.

—Solo tres, y sobró medio. Esas orquestas, con las que he trabajado en Macedonia, Praga, Londres o Budapest, tienen mucho oficio en grabaciones de discos o bandas sonoras. Llegas con las partituras y, sin haberlas leído nunca, se sientan sus músicos y las tocan inmediatamente. Suenan bien a primera vista. Son perfectos para estos trabajos.

¿Y cómo se retrasó tanto tiempo el disco?

—Es que Sergio y todos sus colaboradores fueron grabando sobre esa base, pero estamos hablando de Alejandro, Santana o Juan Luis Guerra, cuya agenda es un disparate. En ningún momento se planteó juntarse todos en un estudio, ya que era inviable. Y no ayudaban las distancias porque alguno vivía en Los Ángeles, otros en Las Vegas, Madrid, Miami€

Ahora la tecnología lo permite todo ¿verdad?

—Exactamente. Además, todos cuentan con estudios de grabación personales a la altura de los profesionales. Al final, yo no me encontré con ningún colaborador, solo con Sergio, y él mismo trabajó conjuntamente solo con Santana, Alejandro o el percusionista Luis Conte, que es un auténtico reloj. La particularidad del disco es que un disco instrumental en el que ninguno de los cantantes canta, sino que tocan las guitarras, del flamenco al jazz, en el caso de Guerra. ¡Toca que flipas la eléctrica y hace arreglos para big band! En ese proceso pasó algo más de año y medio, casi dos.

¿Y cómo hizo usted las mezclas?

—Cuando me llegaban. Tenía las percusiones o guitarras y las incluía. Fue un poco a salto de mata, me fui adaptando al ritmo de llegada de las músicas. Así me fui adelantando a la mezcla final. Ha sido un disco complejo porque además de lo enviado hubo que corregir cosas. En un estudio, con el músico, es más sencillo. Tuvimos que amoldarnos a la situación y el paso del tiempo ayudó a profundizar en pequeños detalles y a probar cosas.

Y al final se puedo completar...

—A finales de 2018, sí. Se masterizó en Los Ángeles después y cuando iba a lanzarse, llegó la pandemia. Y se paró. Curiosamente, yo fui a Madrid a hacer una mezcla de Dolby Atmos y les hablé del proyecto de Vallín. Les gustó la idea y, casualidad, habían sacado una variante Dolby Atmos Music para promocionar el sistema con discos en ese formato.

Usted ya había mezclado en Dolby Atmos, pero para música de cine ¿verdad?

—Eso es, en La trinchera infinita, por ejemplo, y en alguna otra. Y la propuesta llegó cuando ellos estaban negociando con Tidal y Amazon para que se pudiera escuchar el formato en las casas, no solo en cines, como ya sucede con Netflix, por ejemplo, en sonido 5.1.

Estamos hablando de la necesidad de disponer de un dispositivo compatible con Dolby Atmos ¿no?

—Eso es. Del 5.1 pasa a ser 7.1, lo que significa tres altavoces frontales, dos laterales, otros tantos traseros y uno de sub-buffer, al que se suman altavoces en el techo. En Donostia ya existe una sala en los Príncipe con este sistema.

Es la primera experiencia en el mundo de la música en Euskadi y todo el Estado, si no me equivoco.

—Y creo que también en toda Sudamérica. Me siento muy orgulloso. Llevo años trabajando en el audio inmersivo y estoy muy contento. La gente alucina con este sonido.

¿Cuál es la característica principal del sistema?

—Que es inmersivo, como expansivo. Tenemos dos mezclas, la de estéreo, la disponible en Spotify, por ejemplo; y la Dolby Atmos. Aprovechamos la pandemia para mezclarla mejor aunque Sergio, al principio, no sabía de qué le hablaba. En México están más atrasados que en Europa en este campo. Pero confió y ahora está muy satisfecho. Es que es impresionante lo que puede dar el audio en este sistema.

¿En qué medida puede convertirse este sistema pionero en el mayoritario? No olvidemos que hoy la mayoría de las escuchas se producen en dispositivos móviles y sin demasiada calidad.

—Creo que podría suceder, pero sin excluir al resto. No se va a imponer y no todo el mundo oirá así la música, pero progresará. Hay ya gente, aficionada al sonido, que tiene sistemas increíbles en casa. A mí me alegra saber que hay gente al otro lado. Y no son pocos.

Estamos hablando de gente de nivel adquisitivo alto ¿verdad?

—Sí, son equipos de alta inversión y requieren pasta. Dolby ha tirado de Tidal y Amazon, y ellos de marcas, para sacar las barras de sonido y fabricar altavoces que son el equivalente de las pantallas planas de televisión. Son como cuadros en la pared, pero equipos increíbles y a precios digamos que razonables. Si es solo para música, es complicado, pero todo llega por las mismas plataformas, así que serviría para ver las películas y series con ese sonido envolvente. Es tener ya un equipo completo en casa que vale para todo, a golpe de mando, desde una pantalla de 50 pulgadas a una barra de sonido potente. No como sucedía con el Home Cinema, que había que comprar las películas.

El sistema, ahora para frikis del sonido, ¿cree que se puede popularizar también entre los artistas y músicos?

—(Duda). Creo que sí, ellos van detrás de lo que pida el público. Según lo que consuman, en mono, en estéreo o Dolby. En el momento que la gente aprecie el sonido y se vayan comprando equipos, entrarán ahí. Es como con la imagen, que la gente ve películas y series en el móvil, pero también se compran pantallones en casa para disfrutar de vez en cuando. Es casi el presente, no el futuro. Es cuestión de que el descubridor convenza a los fabricantes a través de buques que vayan abriendo el hielo.

¿Y este disco de Vallín es uno de ellos?

—Exacto, como ya lo fue antes uno de Coldplay. Creo que irán editándose dos o tres al mes a partir de ahora porque es el sonido que el músico tiene en la cabeza.

¿Y cree que sirve para todo tipo de música? ¿También para el rock más distorsionado?

—Yo lo veo para todo tipo de músicas. Por ejemplo, se advirtió en la película de Queen, Bohemian rhapsody, que no era lo mismo verla en casa que en un cine con sistema Dolby Atmos. En cine, en el concierto final, el sonido da la sensación de que estás ahí, en el estadio. Imagina escuchar al grupo que te gusta, sea el tipo de música que sea, con esa sensación. Y en casa; es otra cosa.

¿Y qué le depara el futuro inmediato en estos tiempos de incertidumbres?

—Va todo muy lento. Lo más inmediato es mezclar los conciertos recientes en homenaje a Lete, los del oratorio de Joxan Goikoetxea. Hice la grabación en Getxo, con sesenta canales, y de ahí saldrá un disco y, si es posible, en Dolby Atmos. Y una película a final de mes€ Poco a poco.

"Todo llega por las mismas plataformas, así que serviría para ver las películas y series con ese sonido envolvente"

"No todo el mundo oirá así la música, pero progresará. Hay ya gente que tiene sistemas increíbles en casa"