El Guggenheim pone en marcha un proyecto de restauración de sus obras tecnológicas
Con motivo de su vigésimo aniversario, que se cumple el año que viene, el Museo Guggenheim Bilbao pone en marcha un proyecto de restauración de catorce de sus obras tecnológicas para garantizar su preservación futura
el Guggenheim Bilbao quiere lucir sus mejores galas en su XX aniversario que se celebrará en octubre de 2017. Y por ello, se ha propuesto cuidar hasta el más mínimo detalle. Para eso, han puesto en marcha un proyecto de actualización o “refabricación” de catorce obras tecnológicas (casi el 10% de la colección) para garantizar la preservación futura de todas ellas.
“Teníamos pendiente alguna restauración y hemos aprovechado el XX aniversario para impulsar este proyecto de carácter más global”, explica Daniel Vega, subdirector de Organización de Contenidos Artísticos. La duración de este proceso, será de 18 meses, aproximadamente, y barajan un presupuesto (aún orientativo) de entre 1.000.000 y 1.200.000 euros. “La propia naturaleza del proyecto lo irá definiendo”, explica.
Los objetivos que proponen son claros. Primeramente, quieren desarrollar un conocimiento exhaustivo sobre cada una de las piezas. Y en segundo lugar, pretenden elaborar y ejecutar un plan de mantenimiento e intervención de cada una de esas obras que asegure su preservación futura.
Estas catorce obras son “marcas del arte contemporáneo” dentro de la colección del museo y su tipología es “muy variada”, según apunta el subdirector. Vega explica que algunas obras tienen sistemas electrónicos; la de Holzer, Instalación para Bilbao, y la de Juan Muñoz, Sombra y boca, son algunas de ellas. Hay otras piezas que cuentan con sistemas hidráulicos, por ejemplo, las creaciones de Fujiko Nakaya, Escultura de niebla, y el famoso Puppy. “Este sorprende porque, a priori, lo ves como una pieza de jardinería pero tiene un carácter escultórico, y por dentro un sistema de irrigación”, aclara.
Las videoinstalaciones también serán tratadas. Entre ellas, se encuentra la pieza de Francesc Torres, Demasiado tarde para Goya o la de Ocariz, Irrintzi. Por otra parte, hay obras que responden a un sistema eléctrico. En este grupo se encuentran las piezas de Boltansk, Humanos; Gillick, ¿Cómo te vas a comportar? Un gato de cocina habla, y Hatoum, Home. “Esta última pieza tiene una corriente eléctrica que está generando un sonido a través de un dimmer”, añade Vega. El experto también destaca la obra de Yves Klein, Fuentes de fuego, situada en el exterior del museo, que está formada por un sistema de gas.
Uno de los puntos de partida de este proyecto global es el estado de conservación de las piezas. Según explica Vega, por un lado, hay piezas que están en exhibición permanente que, lógicamente, tienen un mayor desgaste como las de Holzer y Buren (Arcos rojos). Y por otro, están las obras que se guardan en el almacén, que están en perfecto estado de conservación. “La de Sergio Prego, Secuencia de diedros, tiene un sistema hidráulico bastante complejo y si no nos planteamos un mantenimiento periódico, puede ocurrir que cuando la queramos exhibir, falle”. Por ese motivo, explica, hay mecanismos que necesitan una rutina de puesta en marcha con una determinada periodicidad.
problemas técnicos Sin embargo, abordar una sustitución en estas obras cuenta con un problema de obsolescencia técnica. Vega señala que para la realización de algunas obras se ha utilizado un determinado hardware que ya no se comercializa o que incluso ya no existe. De ese modo, si la obra lo exige, el tratamiento será de reparación, sustitución o simplemente de actualización tecnológica: “Si en su momento una pieza tenía un procesador que generaba una señal que es obsoleto vamos a intentar utilizar el mejor procesador que haya ahora mismo en el mercado”.
Asimismo, Vega recalca que, en este proceso global, es muy importante la documentación previa. “Por ejemplo, podemos conversar con los artista para ver dónde están las cuestiones que son invariables y aquellos ámbitos donde tenemos margen de cambio”.
el arranque El primer trabajo que actualizarán será la Instalación para Bilbao. “Esta intervención es la más compleja porque vamos a hacer una refabricación de la pieza”, afirma el subdirector. Recientemente contactaron con la artista para dar los pasos pertinentes ya que “ella tiene unos criterios artísticos que tenemos que respetar”. La obra tiene un cableado muy complejo, por lo que durante el proceso, pondrán una nueva generación de led, que tengan mayor luminosidad y un menor consumo y posiblemente el diseño del cableado también será distinto. “Queremos crear una pieza que tenga menos problemas de operatividad, que cuente con unos procesadores más fiables y que no tengamos problemas de calentamiento”, especifica. La actualización de esta pieza requerirá el cierre “con total seguridad”.
La segunda obra que abordarán será Arcos rojos de Buren, y se iniciará en verano. Harán una sustitución del tablero rojo y la fachada. “Como en el caso de Hozler, todas las secuencias de programación serán las mismas, la percepción va a ser la misma, el público no lo va a notar”, explica Vega. Es importante incidir en ello ya que todas las obras que restauren mantendrán la integridad conceptual original de la pieza. Este proyecto trata de sustituir elementos que están a punto de perecer o que están dando fallos por otros idénticos o con ligeras variaciones”.
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