lINA Morgan se despidió ayer para siempre de su público. Bajó el telón en el Teatro La Latina, en el Madrid castizo, el lugar por el que esta gran cómica luchó y en cuyos escenarios representó tantos taquillazos. La actriz, vedette y empresaria, fallecida a los 78 años, recibió a lo largo de la tarde el cariño de su público, de sus compañeros, de políticos y de gente anónima que quiso agradecerle las sonrisas y buenos momentos que les proporcionó con el humor blanco que la caracterizaba.

Nacida en plena Guerra Civil en el madrileño barrio de La Latina con el nombre de Ángeles López Segovia fue la cuarta de cinco hermanos en una familia humilde y, con solo 11 años, comenzó a estudiar baile clásico español. Se auguraba lo que más tarde sería esta actriz de eterna sonrisa: una bailarina que usó sus dotes para hacer reír con sus piernas. Hizo Primaria y abandonó los estudios para colaborar con la economía familiar recogiendo cartones y botellas que luego vendía.

Se inspiró en el Pirata Morgan para escoger su nombre artístico y fueron muchos los mares surcados por esta actriz para conseguir, no solo ser una de las más queridas, sino una mujer entregada a su faceta empresarial y reservada en su vida personal. Tras llevar a cabo su primera gira en 1949 con la compañía Los chavalillos de España, con 16 años ingresó en el coro de una revista del Teatro La Latina, del que fue propietaria años más tarde, de 1985 a 2010. Destaca en su carrera la década de los 60 con las películas Las que tienen que servir, Soltera y madre en la vida o la sempiterna La tonta del bote. A finales de los 70 fundó su propia compañía y debutó en el Teatro Barceló, aunque fue algo que ella misma reconoció como un “absoluto fracaso” y donde perdió todo lo invertido.

En los 80 tuvo sus mayores éxitos en las tablas con obras como Vaya par de gemelas. Su paso por televisión se remonta a 1967, cuando empezó a compartir series con Juanito Navarro, aunque despuntó con Hostal Royal Manzanares (1996), en TVE. Después llegó Academia de baile Gloria (2001), también en TVE. Había debutado en la ficción televisiva con la serie Compuesta y sin novio, que emitió Antena 3 en 1994 a rebufo del éxito de la obra Celeste no es un color. También el éxito de Vaya par de gemelas llevó a la televisión púbica a grabar Una de dos, su único fracaso rotundo en televisión.

En 2002 recibió el Premio Ercilla de Teatro a toda su labor como. Allí recordó su paso por varias Aste Nagusia muchos años antes: “Me acuerdo de las giras de cuando nos juntábamos en Bilbao cuatro o cinco compañías y nos reuníamos a comer todos..., es un premio con aroma a cocochas”, dijo al recoger el galardón.