Fulgor y olvido del op-art
La Sala BBK ofrece una selección de las obras del húngaro Victor Vasarely
bilbao
Hubo un tiempo en el que la presencia de Victor Vasarely en Bilbao no pasaba desapercibida y suponía un acontecimiento que acaparaba titulares de prensa. No solo estaba reconocido y se situaba en lo alto del arte universal, sino también era muy popular al reproducirse la obra en todo tipo de soportes y formatos. Tenía interés por llevar el trabajo a la sociedad y no cejó en multiplicarle, pero además hizo numerosos murales públicos, tanto pintados como en cerámica, con metales y cristales.
En cualquier disciplina humana no hay texto sin contexto y el arte hay que situarlo convenientemente en el suyo. Debe tomarse en cuenta la época y la cultura del momento en que se hace, así como conocerse los planteamientos y las búsquedas del autor, para mejor apreciar los valores del trabajo creado. En este sentido, habría cierta orfandad si se dejasen de lado los fundamentos y las piezas se presentaran solamente de manera objetual. Para que no sea así, se ofrece la visita guiada con un especialista, el artista Alberto Palomera.
Las obras están fechadas entre 1948 y 1991, con lo que se ofrece un itinerario sintético del devenir creativo del húngaro. Ilustre heredero de las vanguardias históricas que creían en la redención humana a partir de la aplicación de una creatividad vinculada a prácticas de investigación con base racional y científica.
Nacido en 1906 y fallecido en 1997, Vasarely se forma en la denominada Bauhaus de Budapest entre 1928 y 1929, antes de instalarse en París al año siguiente. Tiene que dedicarse a la publicidad, pero optará por la abstracción geometrista en 1936. Se trata de un pionero cuyo reconocimiento se produjo al final de la Segunda Guerra Mundial. En 1947 obtuvo un premio de la crítica en Bruselas, pero será en las décadas siguientes cuando su influencia será más grande. El Manifiesto Amarillo de 1955 que define sus planteamientos cinéticos hace tomar conciencia del carácter anticipador del trabajo. Hace una obra sin puntos de fuga que se resuelven en el primer plano. No obstante, sugiere la tercera dimensión por medio de sabios encuentros lineales, tonales y formales con el uso de figuras geométricas pequeñas que crean sensación de cierta movilidad en el plano y una oscilación óptica que genera equívocos.
El máximo espaldarazo internacional de la tendencia se consuma con el ascenso de la siguiente generación, la de su hijo Yvaral, uno de los integrantes del GRAV (Grupo de Investigaciones de las Artes Visuales). Ocurre en 1966 cuando el argentino Julio Le Parc logra la estatuilla del León de Oro en la Bienal de Venecia y se consagra el movimiento internacional del op-art, cuya divulgación alcanza los fervores de la pasajera moda y se instala en el vestuario, el interiorismo o el diseño.
Lo que rápidamente se consume tiene como contrapartida una mayor volatilidad. Por eso se ha llegado a decir que el arte cinético ha envejecido muy mal, quizá por no importar demasiado sus preocupaciones y mirarle a la sola luz de un nuevo esteticismo, el del exquisito manejo manual y la consiguiente creación de armonías o equilibrios abstractos. Algo a lo que el propio trabajo se presta.
El recorrido comienza por pinturas en las que aún aflora un cierto aspecto expresivo, cuyo origen parece estar en un sentido onírico de base personal. Pone títulos que hablan de investigación (Del orden al estallido) o aluden a lugares (Belle-Îsle Meaux), mientras que a veces tienen un sentido enigmático y parece imposible conocer qué quieren decir palabras como Garam que es una mezcla de especias. Son trabajos fechados en los 40 y primeros años de los 50. El color es apagado y las formas son escuetas y planas. Presentan un diseño de perfil cerrado que irrumpe de modo libre y tiene en cuenta a materiales encontrados en la naturaleza.
A lo largo de los 50, la restricción cromática es mayor. Se circunscribe al blanco y negro e introduce la percepción oscilatoria. A partir de entonces hay un cambio y el color surge con fuerza, generando la energía de tensiones y contrastes que dinamizan la superficie y la hacen atractiva. Geometría exigente y depurada que conduce la visión y la moviliza.
En muchas aportaciones alterna la pureza de la recta y la de la curva, así como emplea una geometría en perspectiva pero en primer plano. Por ejemplo dispone variaciones de rombos que se inscriben en círculos, y muestra el poder de seducción de su obra. Un lenguaje lineal mezclado con sensaciones volumétricas propiciadas por una técnica precisa de degradados lumínicos y contrastes cromáticos simultáneos.
El Museo de Bellas Artes tiene obra de padre e hijo pero hace tiempo que no se muestra el arte cinético. Una colección que fue creando Crisanto Lasterra y que tanta repercusión tuvo en el arte vizcaino del momento al maridar sus preocupaciones con las problemáticas de Oteiza.
Más en Cultura
-
Sofía Otero, nominada como mejor actriz a los premios Fugaz por el cortometraje 'Abril'
-
El artista japonés Hiroaki Umeda actuará en Azkuna Zentroa
-
Fito publica el vídeo de su canción ‘Como un ataúd’
-
El Bellas Artes de Bilbao reivindica en su Curso de Verano el papel de los legados y donantes en la Historia del arte