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El Bellas Artes celebra el centenario de Roberto Matta

La muestra repasa la vida del influyente artista, desde su época surrealista hasta las obras más sociales

El Bellas Artes celebra el centenario de Roberto MattaFOTOS: OSKAR MARTÍNEZ

Bilbao. En este año 2011 se celebra el primer centenario del nacimiento de Roberto Matta, un artista muy prolífico, con grandes inquietudes y que dio rienda suelta a su creatividad en casi todas las formas artísticas posibles: arquitectura, pintura, poesía, escultura... Aprovechando la coyuntura, el Museo de Bellas Artes de Bilbao presentó ayer una restrospectiva de su obra -la más importante en el Estado desde hace más de una década, en palabras de Javier Viar, director del museo- que podrá visitarse hasta el día 21 de agosto.

Junto al director de la pinacoteca, inauguraron la exposición la viuda del artista, Germana Matta Ferrari; Luis Carlos Martínez, director de la Fundación Iberdrola, patrocinadora de la muestra; Cecilia Pereira, directora de producción de Acción Cultural Española, coorganizadora de la restrospectiva junto con el Bellas Artes de Bilbao y el IVAM valenciano; y Marga Paz, comisaria de la exposición. Las 32 obras que han llegado a la villa acaban de ser presentadas en el Institut Valencià d'Art Modern, con gran éxito de asistencia, y ofrecen una oportunidad única de conocer piezas del artista jamás expuestas en Euskadi hasta la fecha.

Todo por la libertad "Matta aún no ocupa el lugar que le corresponde, por su exigencia radical de libertad", expresó ayer la comisaria. Y es que, "siempre hizo lo que le dio la gana". Así las cosas, en esta exposición, el visitante se encontrará con una muestra de arte difícil de clasificar, en la que destacan el rompedor uso del color y unos óleos comandados por una combinación de formas geométricas y figuras imposibles.

Matta tenía un gran interés por la ciencia, lo que se refleja en las formas que protagonizan obras como Être atout (Ser baza, 1960), con una especie de fauna submarina; Explosant fixe (Explosión fija, 1974), en la que refleja un mundo imaginario con algo similar a naves espaciales; o Wake (Velatorio, 1974-76), una posible unión entre las dos anteriores. Esta última, además, es el claro ejemplo de por qué muchas pinturas de Matta son difíciles de presenciar en los museos: "No es fácil mover y exponer obras de diez metros de largo", puntualizaba Marga Paz.

El recorrido de la visita repasa las diferentes etapas vitales del creador: desde sus primero años en París, en los que mantuvo gran relación con los surrealistas, hasta sus últimos días en Roma, pasando por el cenit de su biografía, como referencia absoluta en el arte neoyorquino de mediados del siglo XX.

Cuando aterrizó en Estados Unidos de América, Matta se convirtió en el puente entre los surrealistas exiliados por la guerra y los jóvenes artistas americanos. "Matta era una persona brillante, hablaba muy bien inglés y, siendo chileno, no estaba tan afectado como los exiliados europeos", explicó Marga Paz. Así las cosas, se convirtió en la figura referente y en una de las más admiradas de la época, en los círculos de Nueva York.

De estos años son las creaciones "más valoradas" del artista, en palabras de la comisaria. No obstante, decidió dejar atrás el país norteamericano para volver a Europa y seguir trabajando desde una perspectiva más social. "Deja el surrealismo porque no solo le interesa el interior del hombre, sino el hombre dentro de una máquina social". Por ello comienza a introducir conceptos como el amor, el sexo y la violencia en sus pinturas, como es el caso de Les juges partent en guerre (Procès de Nuremberg) [Los jueces se van a la guerra (Juicio de Nuremberg), 1967].

En definitiva, una retrospectiva cargada de los pensamientos y la filosofía de un intelectual del siglo XX. Una centuria asolada por las guerras y bañada de avances científicos que Roberto Matta reflejó en su particular diario artístico.