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Pogacar se regala otra exhibición

El esloveno volador conquista su tercera victoria de etapa en el Tour de Romandía, que gobierna con más ventaja a la espera del cierre este domingo

Pogacar se regala otra exhibiciónEfe

La ascensión a Saanenmöser Pass enmarcaba esa Suiza opulenta, bucólica y pastoril de casas magníficas y praderas aún más eufóricas donde el pasto verde enmoquetaba el paisaje por el que transitaba la fuga con Primoz Roglic, dos veces campeón del Tour de Romandía, Valentin Paret-Peintre, Michael Leonard y Louis Vervaeke.

El esloveno rodaba feliz en esos lugares, en ese territorio que fue suyo. Le saludaban, le arengaban y le lanzaban vítores de entusiasmo los aficionados, que reconocían en Roglic a uno de los suyos. Su tiempo remite al pasado.

El de ahora pertenece a Tadej Pogacar, el emperador al que adoran los fans. El dios del ciclismo. El superhombre que todo lo puede.

El líder, el astro alrededor del que gravita el ciclismo, rodaba sereno en el pelotón, despreocupado, consciente de que la carrera será lo que él quiera. Es su capricho. Uno más.

Pogacar decidió vencer su tercera etapa en el Tour de Romandía para afianzar aún más su rango en la cita helvética. El esloveno alzó el vuelo en el Jaunpass y liquidó el Tour de Romandía a falta del cierre de este domingo.  Aventaja en 35 segundos a Lipowitz y en 2:23 al francés Lenny Martínez

El Jaunpass, una mole de 8 kilómetros al 8,3% de desnivel que mostraba su rostro altivo por tercera vez en el día, fue el lugar escogido por el campeón del Mundo para subrayar su poder. Florian Lipowitz soportó la tortura hasta que el esloveno le descontó.

Pogacar y Lipowitz en plena ascensión.

El alemán finalizó a 14 segundos del esloveno y echó raíces en la segunda plaza de la general. El trono pertenece al inalcanzable Pogacar, otra vez solo y al comando.

De amarillo celebró su victoria número 115 en Charmey, donde alzó los brazos con sonrisa de ganador. Lipowitz le rastreó a distancia. Después, el grupo, con Nordhagen, a 1:47.

A la base de la montaña alpina, la escapada se personó con un minuto de renta sobre los mejores, mecidos por el paso de la muchachada de Pogacar. Vervaeke se desprendió. Leonard arrió la bandera.

Roglic, alegre, y Paret-Peintre, resistente, se midieron en un hilo de asfalto festoneado por una postal suiza. Sivakov, porteador de Pogacar, recortaba la desventaja a dentelladas.

El ataque de siempre

El amarillo del esloveno se elevó a falta de 3 kilómetros de la cumbre, que no del final. Pogacar aceleró con convicción, pero sin enorme violencia.

Suficiente para desarticular la dicha de Lenny Martinez y Nordhagen. Lipowitz, diésel, ajeno a las aceleraciones rumbosas y chispeantes, se colgó del esloveno martilleando los pedales. Es su método. A falta de aceleración, un alto ritmo sostenido.

Sólido. Esa es su gran virtud. Se acopló Lipowitz en el rebufo del esloveno un par de kilómetros. El esloveno, con ese punto de euforia que emana de sus piernas atómicas, destempló al alemán.

Cruzó la puerta de Jaunpass y se deslizó en el descenso el líder, al que perseguía a una veintena de segundos el alemán. Un pulso en la distancia.

Tour de Romandía

Cuarta etapa

1. Tadej Pogacar (UAE) 3h40:24

2. Florian Lipowitz (Red Bull) a 14”

3. Jaime Castrillo (Movistar) a 1:42 


General

1. Tadej Pogacar (UAE) 15h47:00

2. Florian Lipowitz (Red Bull) a 35”

3. Lenny Martinez (Bahrain) a 2:23

Más alejado, el grupo de Martinez, Nordhagen o Carlos Rodríguez, que se fue al suelo en la bajada. Otra vez, caído y herido. La espalda abrasada, el maillot hecho jirones. La radio a la vista.

La estampa opuesta era la de Pogacar, insultante la jerarquía y la superioridad, impoluto el maillot amarillo, quedo el rostro, firme el pedaleo, engarfiadas manos al manillar. Luciendo un reloj en una muñeca y otro brazalete en la otra, donde se conectan los datos del potenciómetro.

En ocasiones la aerodinámica no resulta tan importante. En otras, es fundamental para sostener el relato de esa narrativa de la mejoría constante. El ciclismo y su lenguaje burlón.

Sin rivales, encapsulado en su burbuja de luz y de color, el esloveno implacable, reivindicó su tercera victoria parcial, a la espera de la total, en el Tour de Romandía. Pogacar se regala otra exhibición.