Del Toro releva a Pogacar
El mexicano recoge la herencia del esloveno y conquista el UAE Tour tras un par de exhibiciones y la debilidad de Evenepoel
El desierto es un maná de oro negro, de petrodólares y dinero que escupe la tierra, empachada por el petróleo, que estalla a borbotones, géiseres de riqueza. Así respira el UAE, el equipo más poderoso del mundo, hijo del dinero árabe, del que caen en cascada campeones.
La fortuna es tal que cohabitan en ese palacio de la fantasía ciclista, el monarca, rey absolutista, Tadej Pogacar, y su heredero natural, el príncipe Isaac del Toro, campeón del UAE Tour después de dos victorias de etapa que le posaron sobre el trono.
Antonio Tiberi fue segundo, a 20 segundos, y Luke Plapp, tercero a 1:14 del mexicano, clausuró el podio de la prueba saudí, que evidenció el despliegue descomunal de Remco Evenepoel en las cronos, pero sus evidentes grietas en la montaña.
El mexicano continúa el linaje de la dinastía saudí, de esos lujos exorbitantes, de la opulencia en cada puesta en escena. Venció el primer día de competición, inspirado en Pogacar, que un año antes trató de asaltar el Palacio de Liwa, pero se quedó cortó en aceleración.
Del Toro reprodujo punto por punto el empeño de Pogacar con mejor suerte. El mexicano estaba dispuesto a agitarse salvaje en cada rincón. En la distopía de las carreras en el desierto, el dinero construyó una montaña para la carrera. Nunca tuvo más sentido la descripción de montañas de dinero. Jebel Mobrah es el epítome del poder económico de Emiratos Árabes Unidos.
En esa ascensión, crepuscular para Evenepoel, desfigurado después de su hiperbólica crono que le fijó líder, Antonio Tiberi se enfundó el maillot rojo hasta que en Jebel Hafeet, en la subida icónica que determina la línea sucesoria en la dorada vitrina del UAE Tour, Del Toro irrumpió con dos embestidas que le sirvieron para coger la corona de la carrera, que lució tras el cierre al esprint del último día.
Se impuso Jonathan Milan, otra montaña, esta de músculos y velocidad. Del Toro, ligero, apenas 64 kilos en sus 1,80 metros de estatura, pero de fuerza descomunal, un sansón de perfil de hilo, demostró su superioridad en la carrera. Se embolsó dos éxitos antes del laurel definitivo el fenómeno mexicano.
Un botín formidable para Del Toro, campeón de su país, que a punto estuvo de obtener otra victoria parcial. Solo Antonio Tiberi, excelente, se lo impidió en Jebel Mobrah, donde palideció el brillo púrpura de Evenepol, excelso en la crono, ajado en la montaña.
El único tono gris que se posó sobre el fulgor del mexicano se produjo en la crono en la que se disparó Evenepoel, más tarde descartado en las alturas. Del Toro no alcanzó su mejor versión en la crono. A pesar de ello, remontó con suficiencia y dio continuidad al dominio del UAE. Del Toro releva a Pogacar.
