Síguenos en redes sociales:

Gilbert lo hace fácil; España se complica

El belga gana el Mundial y Valverde, a quien Freire acusó de haberle dejado tirado, se cuelga el bronce

Gilbert lo hace fácil; España se complicaEFE

bilbao. Gilbert hizo lo fácil. Un ataque monstruoso en el Cauberg sin mirar atrás y una carrera sostenida de kilómetro y medio hasta la meta con el viento de culo, a 60 por hora, y las sombras desfiguradas de sus rivales temblando a lo lejos. De esa manera tan esperada, sencilla y, al mismo tiempo, imparable para cualquiera que estuviese en su trayectoria, se catapultó el belga hasta su primer arcoíris el día que Óscar Freire, el genio, buscaba salir de la lámpara repentinamente, como tantas otras veces, y cerrar con el cuarto Mundial su prodigioso viaje ciclista. Y salió el genio. Pero de mala leche. Otra vez. La última palabra ciclista del cántabro fue una acusación. "Me han dejado tirado", dijo cuando se bajó de la bicicleta. Señalaba a Valverde.

José Luis de Santos no lo había escuchado todavía y andaba por ahí saboreando la medalla de bronce del murciano -la plata fue para Boasson Hagen- después de un trabajo de oro de su selección. De Contador, revolviendo la carrera a falta de cinco pasadas con un ataque en el Cauberg con el que saltó al grupo de cabeza donde le esperaban Lastras y Flecha para tirar millas y hacer sudar a belgas y alemanes. O de Samuel, entregado a la causa en la última vuelta después de que Contador fuese reducido y se pusiesen ambos a tirar del grupo, de los cuarenta que quedaban.

Entonces, la causa era Freire. Lo había dicho De Santos cuando marcharon por última vez hacia el Cauberg. Les ordenó que estuvieran todos con el cántabro. Todos. Eso se dijo. Eso escucharon y eso hicieron. Hasta que llegó el Cauberg y el ataque fácil de Gilbert que dejó sentados a los que andaban por ahí y merodeaban su rueda como sombras pegadizas. A Kolobnev y Nibali, por ejemplo. Y a Boasson Hagen. A alguno más también. A todos.

A Valverde, no. El murciano no vigilaba las piernas del belga y andaba enredado en el laberinto de la duda. La orden y la contraorden. De salida le habían dicho que solo tuviera ojos para Gilbert; y en la última vuelta, que no le quitara ojo a Freire. Un lío. Así que ahí andaba cuesta arriba en el Cauberg sin saber bien hacia dónde enfocar. Hacia arriba o hacia abajo. Estaba a rueda de Óscar, pegado, abrigándole como le habían dicho que le tenía que abrigar. Miraba al cántabro sufriendo y veía al valón alejándose. Se escapaba el oro. "Tenía que haberme ido con Gilbert cuando atacó porque iba delante, con él, pero me quedé esperando a Freire, pues era lo decidido", explicó luego; "y en eso estaba cuando vi que atacaba Kolobnev y también Boasson Hagen. Entonces decidí jugármela yo para conseguir la plata, pues la victoria ya era imposible".

El murciano dejó a Freire, remontó posiciones y llegó hasta Kolobnev y Boasson Hagen, los que mejor encajaron el misil de Gilbert, que corría con el viento de culo y una fuerza descomunal a 60 por hora hacia el arcoíris. Inalcanzable el belga, Valverde se jugó en kilómetro y medio la plata de la que le apartó el noruego en la última recta. Acabó consolándose con el bronce. Es la cuarta medalla que consigue en un Mundial -suma otras dos platas y un bronce más-. Ningún otro ciclista ha ganado tantas sin que ninguna le haya dado el arcoíris. "Pero este lo tenía que haber ganado yo", dijo.

Lo mismo proclamó Freire, que este tenía que haber sido el cuarto, cuando se bajó de la bicicleta para siempre frente al autobús del equipo español, bramó aquello de "me han dejado solo" y señaló a Valverde como responsable y traidor. "Habíamos decidido que nos la íbamos a jugar en el sprint conmigo. Algunos lo hicieron hasta que pudieron. Otros no lo hicieron por falta de fuerzas. Y otros, no han querido. Valverde se fue a buscar a Gilbert y se olvidó de mí y de su compromiso", criticó el cántabro, que acabó décimo su último Mundial, séptimo en el sprint que ganó el alemán Degenkolb para ser cuarto tras Valverde, que no entendía el ensañamiento de Freire, aunque admitió que la orden era quedarse junto a él. "¿Pero si Óscar no podía?", se defendió. "Además, ¿qué puesto ha hecho luego al sprint?", prosiguió su alegato. De Santos, el rostro más serio tras percatarse de la bronca, reconoció que mandó a todos en la última vuelta que se quedasen con Freire. Y, antes, de salida, que le dijo a Valverde que no se despegara de Gilbert, que no supo nada de ese jaleo que se organizó a su espalda mientras corría solo hacia el arcoíris. Es el primero. Freire se quedó ayer, para siempre, en tres.