bilbao. Al regresar de la Copa del Mundo de Cali, Juan Martínez Oliver, seleccionador estatal de pista, hizo un breve balance. Reconoció que los resultados no eran los esperados y apeló a los parámetros científicos de la mala suerte y la injusticia para explicarlos. Rescató, también, lo positivo: los récords estatales de Tania Calvo y Leire Olaberria, dos fenómenas, en 200 y 3.000 metros, respectivamente. No dijo ni una palabra del oro en puntuación que se trajo Unai Elorriaga de Colombia. La omisión no es casual. Refleja la enorme brecha, una falla, que separa al pistard vizcaino de la órbita de la selección estatal y, por tanto, de un calendario mundial, competitivo, ordenado y programado. También, como consecuencia final, de los Juegos de Londres, objetivo prioritario del ciclista de Etxebarri en 2012. Elorriaga no cuenta para la selección. ¿Por qué?

El motivo podría ser deportivo, una cuestión de criterio inapelable, si no fuera porque desde que abandonara la carretera y se centrara en la pista su palmarés no ha dejado de engordar. Fue, por comprimir sus logros, campeón de Europa en omnium en 2007; oro en madison en la Copa del Mundo de Melbourne en 2008; y oro en puntuación hace unos días en Cali. Desde 2008 es el único pistard estatal masculino que gana una prueba de la Copa del Mundo.

"No, por ahí no van los tiros", dice Raúl Mena, mánager del Cespa-Euskadi, el equipo vasco de pista que abriga al vizcaino desde su creación en 2006. "En el fondo del asunto hay un veto encubierto porque Unai se negó a firmar un contrato para que su preparación se llevase a cabo en el centro del velódromo de Palma de Mallorca", explica. De eso va esta historia.

"discriminación" Elorriaga está ligado contractualmente al Cespa-Euskadi y, desde 2009, sujeto también a un convenio -Documento de Compromiso con el Deporte Vasco de Alto Nivel- suscrito con la Fundación Euskadi Kirola, dependiente del Gobierno vasco, por el que percibe una beca pública para el desarrollo de su profesión. En 2010, Elorriaga y otros ciclistas integrados en el Club Ciclista Deportivo Velódromo del Duranguesado recibieron una propuesta para adherirse al Programa de Alto Rendimiento de la Federació de Ciclisme de les Illes Balears. Ambos contratos eran incompatibles en varios puntos como el de exclusividad del control y seguimiento médico; la libertad del ciclista para elegir la estructura con la que desee competir; la planificación de la temporada, o los derechos de imagen. Obligado a elegir porque el compromiso con el velódromo de Palma chocaría con el contrato con el Cespa y la beca del Gobierno vasco, Elorriaga decidió quedarse en casa. Fue el principio de su distanciamiento con la selección que dirige Oliver, que figura, además, como coordinador del STRYC -Spanish Track Cycling Center- de Palma.

"Decir no al centro y quedarme donde estaba me empujó a la discriminación", protesta Unai Elorriaga. "No hay otra explicación posible a lo que está sucediendo. Me siento infravalorado e incómodo. Es una situación ilógica, pero lo cierto es que, debido a ella, no cuento para el seleccionador". La discriminación es para Elorriaga la desinformación. "No sé para qué me tengo que preparar, ni cuáles son los criterios, ni qué tengo que hacer para estar en la selección. Por no saber, ahora mismo no sé si voy a correr la Copa del Mundo de Pekín". No contar significa, como en Cali, viajar por cuenta propia con el abrigo del Cespa-Euskadi, tan separado de la actividad de la selección, que Oliver no valora el oro como un éxito de la pista estatal. "Ni siquiera me ha felicitado por ello".

El propio Patxi Mutiloa, director de Deportes del Gobierno vasco, ha dado la cara por el corredor y se ha dirigido en varias ocasiones, algunas de ellas por carta, al CSD para reconducir la situación. "Pero todo es en balde. No hay respuesta. No hay solución", lamenta Mena. "Lo peor", se desconsuela Elorriaga, "es que el tiempo se echa encima y los Juegos se alejan. Y, peor aún, que todo esto no me deja disfrutar de esta medalla". De oro, pero invisible.