bilbao. Camino de cubrir la segunda vuelta en solitaria galopada, Egoitz Murgoitio cruzó una zona bacheada del circuito de Navia sin el virtuosismo técnico que le acompaña en el radiante inicio de temporada y perdió el control. Rota la armonía entre ciclista y bicicleta, la consecuencia pudo ser fatal porque la potencia del manillar se le incrustó en la rodilla, a la altura de su unión con la rótula, y el golpe estuvo a punto de romperle de dolor. No llegó a ocurrir tal debacle. Ni siquiera puso en riesgo el incidente la hegemonía del vizcaino, que para entonces ya llevaba un puñado de segundos de ventaja sobre Isaac Suárez, el rival más contestón ayer, que se multiplicaron después hasta sobrepasar el medio minuto, distancia de seguridad que Egoitz consideró oportuna para tratar de cuidar la maltrecha rodilla, aparatosamente hinchada. Una bolsa de hielo urgente tras el esfuerzo y una nueva dosis de frío aplicado en la zona dañada durante el largo viaje de regreso a Abadiño en furgoneta fueron las medidas preventivas que tomó el vizcaino, que tendrá en cuenta la evolución del golpe para decidir si este fin de semana viaja a Francia o disputa la prueba de Itsasondo.
La quinta victoria consecutiva de Murgoitio tuvo otros rostros felices. El de Suárez, que trató de hacer frente al vasco y acabó segundo, o el de Larrinaga, que luchó con el cántabro hasta el último metro -finalmente fue tercero- en una muestra halagüeña de su recuperación. "Ha sido mi mejor carrera del año", dijo el alavés, convencido de poder progresar para llegar a la altura de Murgoitio, invencible hasta la fecha.
En Amorebieta, claro triunfo del junior Pello Olaberria, que sacó 54'' a Julen Quintano.