bilbao. Tras un sprint imposible e inverosímil, el equipo de Mauro Gianetti y Joxean Fernández Matxín, la estructura de la que Geox borró su nombre después de ganar la Vuelta y con un año de contrato por delante, perdió su última oportunidad para embarcarse en el World Tour, la primera división del ciclismo de la que quedó descolgado ayer sin solución de remiendo tras cerrar la UCI el control para presentar los documentos que avalasen su proyecto. Tocado por la inestabilidad desde su misma creación, cuando desbordaba el dinero que inyectó la marca de las zapatillas que respiran para fichar a Menchov y Sastre, dos totems que, cosas del ciclismo, ni le permitieron entrar en el World Tour ni impidieron que el Tour, negándole una invitación, le pisoteara, el proyecto se tambalea ahora peligrosamente. Le apremia el tiempo, que siempre corre en contra, y reta, algo más asfixiante, a la crisis que planea por todo el mundo pero es más acuciada en la vieja Europa, donde las grandes multinacionales, prudentes, han cosido la boca de los bolsillos hasta que amaine la tempestad económica. De que alguna empresa rompa ese cerrojo de temor depende la subsistencia del equipo, cuya esperanza ahora es inscribirse como continental, la misma segunda división en la que ha jugado esta temporada.
En ese paisaje tan desolador, la esperanza tiene para Matxín, un positivista irrenunciable, algún tono cálido despuntado por un rayo de luz. De eso se alimenta su resistencia. Y por eso habla el vizcaino de seguir luchando. Por eso, también, da fe del enorme interés despertado en algunas empresas a las que solo la urgencia que requería la operación, es tiempo de maniobrar despacio, ha impedido llegar a tiempo para embarcarse en el World Tour. A los interesados, que lo seguirían estando pese a aspirar ahora a una categoría menor que no asegura la participación del equipo en las mejores carreras, algo con lo que ya ha convivido esta temporada con el resultado maravilloso del triunfo en la Vuelta, se sentirían atraídos por conceptos tan abstractos que maneja Matxín como el bestial reconocimiento de marca que asegura el proyecto año tras año o el impacto publicitario, este sí, concretado y documentado en un estudio realizado por una auditoria privada que cifra la rentabilidad de los últimos 12 días de la pasada Vuelta, los de la irrupción de Cobo, en 17 millones de euros. "Esta es una inversión rentable y este un equipo moderno que siempre responde a las expectativas", invita Matxín a subirse a un proyecto del que ya se ha bajado un ciclista, el colombiano Fabio Duarte. Contra eso, la desbandada de los que encuentren cobijo en otro equipo, nada puede hacer el vizcaino, que ha dado libertad absoluta a todos aquellos que deseen, y puedan, asegurar su futuro. "No les puedo retener y pedirles que mantengan esa incertidumbre tan grande sobre el destino de sus vidas. Eso sería tratar de alargar su agonía".
El descarte del Geox como aspirante a una de las tres plazas que quedan en el World Tour -el 20 de octubre ya fueron asignadas las quince primeras en relación a los puntos-, despeja aún más el camino de Euskaltel-Euskadi, que pelea ahora con FDJ, Ag2r y Europcar por un lugar en la primera división del ciclismo. La decisión de la UCI se conocerá esta misma semana.