koldo Fernández de Larrea y Euskaltel-Euskadi se cruzaron el viernes, tras ocho años de relación, sendos comunicados de despedida. Con esfuerzo, por la falta de costumbre redactora, el alavés agradeció a Miguel Madariaga la oportunidad que le brindó, en 2004, para ser profesional y a Igor González de Galdeano la confianza de los últimos años. La Fundación Euskadi alabó la entrega y la profesionalidad del alavés y recordó sus once valiosas victorias con el maillot naranja que han ayudado a perpetuar la existencia del equipo vasco. Ninguno de los dos lamenta, en cambio, la ruptura final de su vínculo profesional.
La separación era el camino más natural. Euskaltel-Euskadi, ya lo explicó con sinceridad Igor González de Galdeano a este periódico, no tenía capacidad económica para retener al ciclista y ni siquiera entró en la puja para hacerlo. El nuevo ideario del mánager alavés fija otras prioridades que pasan, fundamentalmente, por arropar en las grandes citas de la temporada a Samuel Sánchez e Igor Antón. En ese engranaje apenas hay hueco para un velocista como Koldo, que no ha corrido ninguna de las tres grandes que Euskaltel ha disputado esta temporada. Arrinconado, emigrar era su mejor -¿única?- escapatoria.
Hay quien piensa que Koldo, 30 años el próximo 13 de septiembre, debería haber valorado antes la opción de salir de Euskaltel, un equipo de tradición escaladora en el que hacerse un hueco o aprender para progresar resulta complicado para un velocista. Uno de los grandes esprinters que corre la Vuelta se preguntaba ayer extrañado por su ausencia en la ronda estatal -la razón es que el Euskaltel de la Vuelta gira exclusivamente, por razones obvias, en torno a la figura magna de Antón- para concluir finalmente que el paso que ha dado hacia el Garmin es acertado, aunque él no lo hubiese demorado tanto.
"Koldo va a crecer en este equipo. Vamos a regarle para que así sea", dice bajo el calor de Benidorm Bingen Fernández, director bermeotarra del Garmin-Cervélo y uno de los grandes valedores del fichaje del velocista alavés. El primer contacto entre Jonathan Vaughters y Fernández de Larrea fue en junio. Lo activó el mánager norteamericano, exgregario de Armstrong, porque necesitaba reforzar el tren de Tyler Farrar, mermado después con la marcha de Thor Hushovd al BMC.
Koldo fue una de las prioridades de Vaughters en ese empeño. Le habló bien de su calidad deportiva el propio Farrar, con el que ha rivalizado en algunos esprines de las últimas Vueltas; le habló, también, maravillas de su calidad humana. La relación entre los dos velocistas es fluida. Hablan regularmente en las carreras e incluso Farrar ha aprendido a decir cuatro cosas en euskera. Zelan zaude?; ondo; bat, bi hiru, lau...
Y Kaixo. Así saluda en la recepción del hotel Sun Palace de Alfaz del Pí donde se aloja estos días el Garmin. "Koldo es un buen tipo", apunta satisfecho por la llegada del alavés a su tren. Koldo será en 2012 el lanzador de Farrar, junto a Petacchi, Freire y el joven Marcel Kittel, un portento físico que, dicen, va a ser la gran sensación, el gran rival de Cavendish desde hoy en los esprines de la Vuelta. "Mark es el mejor, el rival a batir", dice Farrar, que tiene los pies en la Vuelta, donde el año pasado ya ganó dos etapas, y la mente en el Mundial, el de Copenhague, el más plano y sencillo de los últimos años y muy motivado para los velocistas.
Koldo tiene que aprender Para integrarse y aportar lo que de él se espera, que es mucho, Koldo tendrá que asimilar la manera en la que el Garmin organiza el coro que acompaña a Farrar en los kilómetros del vértigo. "Hasta ahora Koldo ha estado en un equipo, Euskaltel, donde las esprinters son una rareza. Ha estado solo y eso se va a notar porque todavía no conoce la forma en la que se trabaja un sprint en equipo. Para él será algo extraño, pero aprenderá rápido, estoy seguro de ello", traza el norteamericano, que ve en esprínter vasco a un futuro gran lanzador, pero, también, a un ganador. "No somos incompatibles. Él es rápido y pasa bien la montaña. Todavía es pronto y habrá que hablarlo con los directores, pero será una baza importante para el equipo", abunda.
Bingen no solo no ve pegas a la inexperiencia de Koldo en las labores de lanzador, sino que pronostica una adaptación inmediata de un corredor que durante estos años ha tenido que buscarse la vida, a la Freire, en la marabunta del sprint. Lo dice por experiencia. "Cuando yo salí de Euskaltel y fiché por el Cofidis, me manejaba en el pelotón en situaciones complicadas como el mejor. ¿Por qué? Porque en toda mi vida nadie me había dado las cosas a la boca como a otros y eso te hace aprender por obligación. A Koldo le va a pasar lo mismo. Su escuela es la mejor que existe. Ahora solo queda que los dos se conozcan bien, sepan de los gustos del otro a la hora de trabajar y todo irá rodado". O lanzado.
Koldo -ausente en la Vuelta, viajó ayer con el resto del equipo a Alemania, donde hoy se disputa la Clásica de Hamburgo, buena plaza para los velocistas- asegura sentirse con la ilusión de un niño, motivado como dicen que sientan, pese al vértigo, los grandes cambios. Desde que se decidió por la oferta del Garmin, tenía otras dos de equipos World Tour, ha estado revisando los vídeos de esprines como el de la etapa del pasado Tour que ganó Farrar tras el trabajo perfecto, acompasado y milimetrado de su tren, para ir tomando nociones del funcionamiento de esa maquinaria. Las impresiones, de momento, son buenas. Después de tanto tiempo solo, Koldo no ve complicado integrarse en el engranaje del Garmin, el equipo que, dice Bingen, le ayudará a crecer.