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El callejón de las botxerías

Un ‘sí quiero’ para toda la vida

Cerveza La Salve y el restaurante El Globo, de la Plaza Nueva, organizan una cena maridaje para relamerse de gusto

En imágenes: Un ‘sí quiero’ para toda la vidaJosé Mari Martínez

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La noche cayó despacio sobre la Plaza Nueva, como si alguien hubiera bajado un regulador invisible de intensidad y dejado la ciudad en modo íntimo. Bilbao tiene esa forma de recogerse sin apagarse del todo: murmura. Y en ese murmullo, entre soportales que han visto cuadrillas, vermús eternos y alguna que otra reconciliación, se celebró esta noche una ceremonia pagana y feliz: el matrimonio entre la cerveza de casa y la cocina que no necesita presentación.

A un lado, las botellas de La Salve, alineadas como una promesa. Al otro, el pulso de El Globo, que lleva años demostrando que lo popular puede ser delicado y que lo delicado no está reñido con mancharse los dedos. Había una liturgia contemporánea que consiste en compartir fotos antes de compartir pan.

Por orden del sumiller beer de PatxiKoop, Josu Cires, y bajo la atenta mirada de uno de los santones de La Salve, Eduardo Saiz Lekue, del chef de El Globo, Manuel Gómez, la encargada del local, Izaskun García, y dos trabajadoras como Ana Rosa Da Silva Santos y Freci Calvio el primer acto llegó con los gratinados de patata trufada. Dorados por fuera, cremosos por dentro, con ese perfume que asciende y te toma por sorpresa, como un recuerdo de infancia que no sabías que seguía ahí. La trufa no gritaba: susurraba. Y a su lado, la frescura limpia de La Salve Lager –rubia, directa, sin artificios– hacía de contrapunto. La cerveza entraba como entra el Cantábrico en los pulmones en enero: fría, honesta, despejando el camino para el siguiente bocado.

Después, el txangurro. Ese animal mitológico que en Euskadi no es marisco sino patria. Desmenuzado con mimo, ligado con la exactitud de quien sabe que el exceso arruina la memoria. Aquí apareció La Salve Lucía, con su carácter ligeramente turbio, su punto floral, su personalidad que no pide permiso. Si la Lager había sido conversación amable, Lucía fue confesión a media voz. Juntas, cocina y cerveza, encontraron un equilibrio que no se estudia: se siente.

El tercer tiempo fue territorio serio. Vaca madurada, roja y brillante, con esa grasa que no es exceso sino argumento. El cuchillo entraba sin resistencia, como si supiera que no debía estropear nada. Y entonces, la tostada profunda de La Salve Munich. Oscura, con notas de pan y caramelo, casi de sobremesa anticipada. La carne pedía algo que la abrazara sin domesticarla, y la Munich cumplió: redondeó, amplió, sostuvo. Hubo un silencio breve en las mesas, ese silencio que no es incómodo sino reverente.

Y llegó la torrija caramelizada. Crujiente por fuera, húmeda por dentro, con ese azúcar quemado que cruje como una promesa cumplida. El postre no fue un epílogo sino un recordatorio: que la vida, cuando se tuesta en su punto exacto, sabe mejor. Algunos volvieron a la Lager; otros se quedaron con la Munich, que en el dulce encontró un espejo inesperado. Las copas ya no estaban llenas del todo. Ya no hacía falta.

Todo sonó como un si quiero para toda la vida. Borja Elorza y Jon Marín se movían de acá para allá para dar la bienvenida a la concurrencia. Hablaban de una experiencia gastronómica exclusiva que reunió a creadores de contenido y perfiles destacados del ámbito gastronómico y lifestyle de Euskadi. A la cita no faltaron Ariana García, de Rincón.foodie, Eider Jambrina, Amaia Díaz, Edurne Santiago, Eva García, de Gourmet Bilbao, Mónica Araujo, otra Eva García, Pelayo García, Vanessa Mulas, Arantxa Calvo, Nagore García y Ander Alburquerque, hombres y mujeres que llegaron para contar una historia suculenta donde las tres referencias más premiadas de la cervecera bilbaína, responsables de la mayoría de los 11 galardones internacionales obtenidos en 2025 en certámenes de prestigio como Frankfurt, Lyon, Londres y Norwich entre otros. se dieron cita con los golden pintxos de El Globo.