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El callejón de las botxerías

Bilbao, sede de la primera presentación de La ciudad de las luces muertas, de David Uclés

La cola de las personas sin entrada, pero con voluntad de asistir, bajaba hasta la calle desde la puerta de Bidebarrieta Kulturgunea

En imágenes: Bilbao, sede de la primera presentación de La ciudad de las luces muertas, de David UclésPankra Nieto

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Dice la wikipedia que David Uclés (Ubeda, 1990) es pintor, músico, traductor y novelista. Como si quisiera cumplir con la descripción a rajatabla, Uclés tocó el piano en el hotel, según reveló la editora Ana Soldevilla durante la presentación. Después, dibujó un Museo Guggenheim en un cuaderno en el que proyecta realizar una ilustración representativa de cada una de las ciudades por las que vaya pasar los próximos meses guiado por Destino, que suena a heroico pero se trata de su editorial. Además, fue protagonista de la puesta de largo, la primera de muchas, de su novela La ciudad de las luces muertas, reciente y flamante ganadora del prestigioso Premio Nadal.

El autor jienense gusta. Incluso se puede decir que levanta pasiones. A las 18:00, una hora antes del inicio del evento, una nutrida cola bajaba desde las puertas de Bidebarrieta Kulturgunea hasta la calle por las elegantes escaleras de la biblioteca municipal. El personal aguantó a pie firme en peldaños y descansillos. No esperaban a que abrieran el acceso al salón, no. Aguardaban a que fallaran personas que habían reservado asiento y se fuera corriendo el turno. Gran poder de convocatoria para cualquier día. Y más para la desapacible tarde de un lunes lluvioso.

La ya citada responsable editorial de Destino enfatizó el orgullo de la casa por incluir esta novela en su catálogo de autores galardonados con el Nadal y mencionó la especial conexión de la obra con Barcelona y el propio premio. “Muchísimas gracias a quienes estáis aquí y lamentamos que haya gente que no ha podido entrar. Agradecemos, además, a la Biblioteca de Bidebarrieta la acogida a esta primera presentación de la novela, con vosotros arrancamos”, concluyó.

Instantes antes, cuando Uclés caminó desde el fondo de la sala hasta el escenario, acompañado por la presentadora del acto, la periodista Elena Sierra, la concurrencia elevó un largo y espontáneo aplauso. Eso pasó después de que la responsable de la instalación y dos jóvenes acomodadores se las arreglaran para ir sentando a la audiencia reserva en los últimos sillones vacantes. Este hecho sucede unas ocho veces al año, con grande firmas. Lo de la ovación antes de llegar al estaribel resulta muchísimo más extraordinario.

Acompañaron a la representante editorial Maite García y Verónica Lodeiro, del área comercial.

Pedro y Aitor San Sebastián, de la Librería Universitaria, montaron su puestito con buenas expectativas.

Entre las personas invitadas por el autor se contaban, su madrina, Carmen de Ubeda, Mentxu García, Marcos Cardenado o Marcelino Gómez.

Se acercó Cinta Marraco Jordana, doctora en Literatura y presidenta de la Asociación de Amigos del Cine y el Teatro de Castro Urdiales.

Charo Cabeza se presentó con txapela puesta en honor “a ese señor, que me parece un caballero”. Lo mismo que la griega Susana Kotsampasi o Eukene Azaña.

Iván Batti acudió con Amaya Vega, que acaba de empezar a leer la novela del día y a quien la anterior le gustó mucho. Josune Zelaia entró al salón con un ejemplar de, precisamente, ‘La península de las casa vacías’, que iba a empezar a devorar y deseaba que sela firmara Uclés.

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Estuvieron Sonia Serrano, Nuria Castilla, Alazne Pinedo, Gloria Guijarro, Mari Luz Rodríguez, Begoña Serrano, Mertxe Peña, Begoña Goikolea, Rafa Sal, Nora Zubiri, Isabel Rey, Yolanda García, Irune Elorriaga, Itziar Cano, Encarni Vitoria, Ana Cornejo, Juan Carlos Galán, Fernando Díez, Mari Luz Bañuelos, Maite Reigada, Karmele Pérez, Violeta Calleja o Alfonso e Isabel García de Cortázar, Marian Fuentes, Fran Illarramendi, Alexandrina y Carmina Encinas, Zuriñe Rodríguez, Eduardo García o Amaia Alonso.

Maitane Arri y Ruth Pérez fueron de las últimas en sentarse del grupo de reservistas. “Nos lo merecíamos, Maitane renunció a su entrada por esperarme”, se alegró Ruth.