El callejón de las botxerías

El Ein Prosit de Bilbao mantiene la tradición de una Oktoberfest particular

01.10.2020 | 01:13

EL Oktoberfest es la fiesta más popular de Alemania y una de las más importantes del mundo, siendo imitada en destinos tan dispares como Brasil, Argentina, Chile o Venezuela, includo el mismísimo Bilbao merced al empeño del Ein Prosit, local donde Enrique, Alfred, Herman y Carmen Thate mantienen la luz teutona en la villa. Este festival se lleva celebrando en Múnich desde el año 1810. La historia se cuenta rápido, La fiesta nació con el matrimonio entre el príncipe Luis I de Baviera y Teresa de Sajonia y Hildburghausen en el año 1810, una boda que lleva celebrándose más de 200 años. 2020 era el año de su defunción habida cuenta de la pandemia, hasta el punto de que el mismísmo Múnich fue una de las primera ciudades del mundo que anunciaron el cierre de luces de una fiesta monumental que este año se guardó en el baúl de los recuerdos.

¿En todo el mundo? Casi. Impulsados por una vocación de defensa de las tradiciones de su tierra natal, los cuatro hermanos del pueblo bávaro se conjuraron por mantener en pie uno de los templos más sagrados de la cerveza. Lograron mantener el espíritu bávaro en una celebración más virtual que física pero que mantuvo en pie la tradición en carne y hueso en un pettite comitte de media tarde en la que se brindó por la larga vida a este sentimento con dos padrinos de excepción, el cónsul alemán Michael Voss y la presidenta de Bilbao Basket de nuevo cuño, Isabel Iturbe, la primera mujer coronada en el baloncesto del Botxo.

Un puñadito corto de germanófilos y germanófilas pasaron por el Ein Prosit de la plaza del Ensanche para desearle larga vida a estos días de celebración. No fue lo que acostumbra o, lo que es lo mismo, no corrieron ríos de cerveza a raudales ni sonaron las músicas de las cuencas del Rhin. Si hubo, eso sí, un par de canciones de celebración con la concurrencia enmascarillada y sentada salvo para la inmortalización fotográfica. La familia Thate vigiló la observancia de todas las leyes sanitarias e higiénicas. No fue lo que era pero lograron que fuese, lo que fue todo un logro de supervivencia.

Al germano Eric Coene le agradecieron su capacidad de regar con buena cerveza (Hb, sin ir más lejos...) la celebración y su invitación a la moderación, una estética propia de la gente que se propuso mantener viva la llama que tuvo más vuelo aún en los campos virtuales que en las tierras tangibles.

Con todo, un puñadito de amantes del pueblo de Wagner se acercaron para realizar un brindis raudo. Entre ellos se encontraban Mariano Gómez, rey del slow food entre los nuestros; Iñigo Urrutia, Esther Otero, Saioa Bustamante, Antonio Pérez, Javier Barco, Elena Barcia, Beatriz Marcos, Ricardo Muñiz, presidente de la junta directiva del Colegio Alemán; Víctor Bustamante, Óscar Alonso., Javier Goikoetxea, Joana Martín, Miren Zulueta, Bengoña Martínez, Ander Olaizola, Joseba Ortega, Ander Zudaire Koldo Arrue y Kepa Martínez, una cuadrilla que se encontró de bruces con la celebración y un buen puñado de amigos más.

Tampoco faltaron a la cita con la tradicion germana hombres y mujeres como Gorka Palacios; quien fuera senador; Emilo Olabarria, buen amigo de la casa, Gerardo Pérez, Mikel, Utu de Dublín, Vanesa Pérez, Nati Ruano, Mariasun Casquero, Itxaso Mendizabal, Idoia Marín, Jon Igatua y un piquito más de nombres propios entre los habituales. no era un asunto de invitar a más amantes de las tierras alemanas. La familia Thate buscó una manera de mantener viva una costumbre de 200 años sin arriesgarse el pellejo. Se lo agradecieron los presentes y quienes apostaron por frenar sus ansias. Así, jugando con el equilibrio, se puede mantener viva la llama. Vendrán otros años donde el prost! de los brindis resuene con más fuerza pero siempre se recordará que hubo un día en el que se mantuvo en pie la alegría.

El Ein Prosit bilbaino mantuvo la tradición de una Oktoberfest particular, más virtual que en carne viva, pero vibrante

La presidenta de Bilbao Basket, Isabel Iturbe, y el cónsul alemán, Michael Voss, apadrinaron la única Oktoberfest mundial