La romería a Santa Lucía y su vinculación con Bilbao

El laudioarra Félix Mugurutza resalta así la importancia que alcanzó el evento

24.05.2020 | 00:59
La romería a Santa Lucía es uno de los festejos más arraigados y populares de Laudio.

El investigador laudioarra Félix Mugurutza ha querido aportar sus conocimientos a la puesta en valor de la romería a Santa Lucía que tenía que haberse celebrado hoy, pero que ha tenido que ser suspendida como consecuencia del estado de alarma. Y lo ha hecho con la publicación, en la página web municipal, de un extenso estudio sobre esta tradicional peregrinación al Santuario de Santa María del Yermo y la relación que, históricamente, ha tenido con Bilbao.

Aunque reconoce que "no sabemos en qué momento se determina que aquel enclave deje de ser un lugar de culto más para convertirse en un entorno al que se le atribuyen cualidades sobrenaturales, con la capacidad de obrar milagros o interceder en el destino de la vida", lo que sí está demostrado es que el templo religioso que se alza desde el siglo XV en este bello paraje natural acabó obteniendo la calificación de santuario "con un reconocimiento tan amplio que provocaba peregrinaciones buscando la intercesión divina en las cuitas humanas", explica. Fue tal su fama que "en diferentes épocas se necesitan reedificar los sucesivos templos para ampliar su capacidad, hasta llegar al monumento actual, con ese descomunal pórtico, construido en el siglo XVII, para poder albergar a los numerosísimos peregrinos que allí se congregaban", añade.

Ya de la época moderna de la historia de la romería, Mugurutza resalta especialmente "el espíritu bilbaino que desembarcó en nuestra fiesta de Santa Lucía". A su juicio, el desencadenante fue, a finales del siglo XIX, la "gran crisis emocional" en la que estaba sumida la sociedad vasca tras la pérdida de sus fueros en 1876 y el recelo y temor que había en algunos sectores ante la llegada de la industrialización fabril, la aparición del proletariado y el aumento de la inmigración. "Era un momento de euforia económica, de modernidad y con ella surgió el ocio. Y, al margen de pasear y dejarse ver, a la nueva sociedad bilbaina le encantaba usar ese tiempo libre para reencontrarse con la esencia rural que se desvanecía, gozándola de un modo quizá artificioso o recreado", apunta en su trabajo documental.

Expediciones desde Bilbao
 

Es el contexto en el que surgen en la capital vizcaina cuadrillas de jóvenes como el grupo de bar de Paloca, en Atxuri, que empezaron a organizar "en sucesivos años, expediciones de bilbainos a la romería del Yermo, en donde se encontrarían con lo más auténtico del paisaje rural, algo que durante muchos años se convirtió en un clásico".

La construcción y puesta en funcionamiento de la línea de ferrocarril que en 1863 también conectó Laudio con Bilbao facilitó la llegada en masa de peregrinos interesados en subir hasta Santa Lucía por el camino tradicional que une el casco urbano del municipio y el paraje natural ubicado a 500 metros de altitud, en lugar de hacerlo desde la capital por la ruta montañera del Pagasarri. La popularidad que alcanzó fue tal que incluso "se fletaban trenes especiales para transportar a los miles de bilbainos que acudían al reclamo de la fiesta".

Mugurutza sustenta parte de la información recopilada en artículos periodísticos de la época, como el extracto de El Noticiero Bilbaíno, fechado el 16 de mayo de 1894, que relata el viaje en coche de Bilbao a Laudio realizado por diecisiete vecinos de Atxuri que solían reunirse en la taberna de Paloca y que durante el trayecto lanzaron cohetes, ejecutaron una marcha vascongada al estilo antiguo a su llegada al pueblo y que fueron recibidos por el Ayuntamiento en comisión en el lugar donde se celebraba la romería.

Un año después, "acudió para cantar la misa el Orfeón de Bilbao", subraya, e incluso se llegó a crear una comisión de veintitrés miembros del Paloca para organizar sucesivas ediciones del evento como la que contó "con diversos actos institucionales de hermanamiento, intercambio de discursos, agradecimientos y regalos, muy al estilo de la época, el más reseñable de ellos el bello cuadro de Marcelino Gómez que entregaron al alcalde del momento, Luis Plaza, y que desde entonces exhibimos orgullosos en el salón de plenos de la casa consistorial".

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