El 30% del subsuelo de Galdames aún espera a los espeleólogos

De las 324 cavidades localizadas en el biotopo de Meatzaldea, 287 pertenecen al municipio

11.07.2021 | 00:25
El catálogo del Biotopo Protegido de Meatzaldea identifica 287 cavidades en el municipio.

Tomando como referencia el catálogo del biotopo protegido de Meatzaldea, "hemos localizado sobre el terreno 324 cavidades, de las cuales 287 pertenecen a Galdames", cuenta Ignacio Fernández, de la sociedad de espeleología local, Burnia, fundada en 1994, que ha dado a conocer las novedades de sus exploraciones a la ciudadanía en una charla organizada por el Ayuntamiento en el ciclo divulgativo sobre patrimonio Bat-batean.

La mayoría son "pequeñas cuevas o simas con poca profundidad o desarrollo". Sin embargo, "menos de una decena de bocas dan acceso a una única cavidad de 56 kilómetros de desarrollo y 540 metros de profundidad" y "sumada a esta cifra, el resto de los sistemas importantes del biotopo, podemos hablar de una cifra aproximada de 100 kilómetros de galerías subterráneas conocidas", apunta, "remarcando lo de conocidas", porque " calculamos que nos queda un 30% de territorio por explorar en profundidad".

El trabajo no se detiene pese a la pandemia. Pese a que "ha limitado bastante nuestra actividad durante 2020 y 2021, hemos respetado las directrices de los decretos de alarma y de protección para evitar la transmisión del coronavirus". En esta etapa "los miembros del grupo de Galdames o de los municipios encartados han llevado a cabo labores de búsqueda exterior de cavidades en los momentos en que se ha permitido retomar la actividad al aire libre". Cuando se dio vía libre al deporte federado, "se han llevado a cabo labores de mantenimiento en las instalaciones o labores sencillas en bocas y cavidades pequeñas observando las medidas de protección". Debido a los confinamientos de mayor o menor impacto, "las salidas al campo se han reducido a la mitad, las reuniones se han mantenido de forma telemática, y por las normativas sobre aforos, los miembros de los grupos de trabajo han bajan de tres a dos".

Dentro del entramado subterráneo, la cueva de Arenaza "resulta de gran importancia por su yacimiento arqueológico y sus pinturas prehistóricas y forma parte del sistema Atxuriaga". Desde 2017, hasta 2021 "hemos descubierto otros seis kilómetros de nuevas galerías, lo que pone esta cavidad a la cabeza de las cuevas que se desarrollan en Bizkaia". Cuando descienden a las profundidades de la tierra "las cavidades pequeñas se exploran, georreferencian y topografían cuando son descubiertas", mientras que las de mayores dimensiones "casi podemos decir que siempre se encuentran en exploración". Aunque la labor de Burnia abarca también municipios como "Turtzioz y Karrantza, ciñéndonos a Galdames nuestros esfuerzos se centran últimamente en conseguir localizar una nueva entrada al sistema Atxuriaga que nos facilite las exploraciones", ya que "las incógnitas subterráneas más interesantes se hallan a unas tres horas a rastras desde la boca más cercana". Esto repercute en la organización de jornadas "de doce horas para luego dormir en la cavidad, con el objetivo de poder salir descansados en unas tres o cuatro horas con el objetivo de conservar en lo posible los ritmos de alimentación y sueño, salimos de día y podemos recoger y limpiar el material utilizado".

Entorno minero 

Un paisaje "moldeado por las explotaciones mineras, lo cual a los espeleólogos nos ha facilitado el acceso a muchas cavidades naturales anteriores a la época de la minería". Los propios mineros "se toparon fortuitamente con cavernas naturales que denominaron soplados; el caso más llamativo es el del Soplado de Arañaga, conectado con el exterior a través de la mina de La Fragua". Estas grutas "se utilizaban luego como galerías de transporte del mineral y se aprovechaban para buscar nuevos filones". Consolidado un acceso a la cavidad natural, las formaciones quedaban expuestas, lo que a veces las ha destruido. Otro caso "muy conocido de cueva natural utilizada para las labores mineras lo representa Urallaga (La Magdalena), en la que la cueva original y el río subterráneo que la surcaba quedaron alterados, hasta el extremo que cuesta distinguir donde empieza y termina".

Cuando se da con alguna cavidad nueva "se georreferencia y sitúa en un plano". Si posee cierta entidad "se acomete una topografía que sirve para ubicarla en el plano", puesto que si entrañara "un valor susceptible de proteger esta información resulta esencial" y desgrana "el tipo de roca, profundidad, fallas, fracturas o si existen ríos subterráneos" que puede ayudar a preservar y gestionar los recursos hidrológicos". Con los hallazgos significativos "se colabora con el servicio de patrimonio de Diputación, diversos arqueólogos y paleontólogos reconocidos o con especialistas de la Universidad del País Vasco". Los restos paleontológicos van al Museo Arqueológico.

Los espeleólogos han dado rienda suelta a su ingenio para poner en práctica "inventos y técnicas que luego se han aplicado para la población general: las frontales de leds y muchas de las mejoras de los aparatos de ascenso y descenso por cuerda, que habitualmente utilizan las empresas de trabajos verticales". En la primera década del siglo XXI, espeleólogos de los países del este "modificaron un distanciómetro láser de Leica para que midiera simultáneamente distancia, rumbo e inclinación y así tomar datos con los que en una época en la que aún no existían los smartphones que hoy llevan los mismos sensores magnético y de inclinación". En la actualidad, "algunos de los test sociológicos que servirán de base para las futuras tripulaciones a Marte se efectúan en cavidades naturales.

"Podemos hablar de una cifra aproximada de 100 kilómetros de galerías conocidas"

Ignacio Fernández

Espeleólogo de Burnia


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