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Bizkaia pone el foco en el envejecimiento para diseñar unas políticas más fieles a la realidad

El Observatorio de Longevidad trabajará para anticiparse con rigurosidad a las necesidades de la sociedad y evitar brechas y desigualdades

Bizkaia pone el foco en el envejecimiento para diseñar unas políticas más fieles a la realidadBFA

La labor de prevención es una línea estratégica para la articulación de políticas públicas pegadas a la realidad social. Más aún cuando en esas dinámicas entran en juego factores como la salud -física y mental-, la vivienda o la economía doméstica -sujeta siempre a tensiones de tesorería y a los vaivenes del mercado-, como ocurre cuando se quiere abordar el envejecimiento poblacional en todas sus dimensiones.

La labor no es sencilla y requiere, entre otros criterios, trabajar con rigurosidad atendiendo a la realidad sin quitar ojo a la evolución que, desde hace años, profetizan todos los organismos y voces expertas en la materia.

Bizkaia ya cuenta con una Dirección específica dentro de la Diputación para abordar todas las cuestiones relacionadas con el reto demográfico y ahora, con la puesta de largo del Observatorio de Longevidad, da un paso más en su objetivo de comprender, analizar y anticipar los cambios asociados a la longevidad, el envejecimiento y las necesidades de cuidados presentes y futuras en el Territorio Histórico. Un dato: en 2031, dentro de solo cinco años, más de la mitad de la población vizcaina tendrá 50 o más años.

Fragilidades y desigualdades

Así las cosas, este organismo -de naturaleza consultiva- facilitará el camino para que la clase política disponga de una mirada panorámica de esa pirámide de edad y poder entender cómo evolucionan las necesidades, “dónde surgen nuevas fragilidades, qué desigualdades persisten y hacia dónde deben orientarse los recursos públicos”, ha resumido Amaia Antxustegi. La diputada foral de Acción Social ha agregado que “esa mirada desde arriba nos servirá para diseñar mejor, priorizar mejor y ajustar mejor las políticas públicas a la vida real de la ciudadanía”.

La presentación de esta nueva herramienta ha tenido lugar en el Nagusi Intelligence Center (NIC), en Urduliz, ha servido también para compartir algunas de las conclusiones del informe Las características y situación de las personas de 50 y más años en Bizkaia. El documento ofrece una radiografía integral sobre población, salud, calidad de vida, actividad, renta, usos del tiempo, vivienda, convivencia y relación con las tecnologías, por ejemplo. Datos y más datos para conformar una base sólida que pueda servir para poner en un contexto -lo más fiel posible a la realidad- de las condiciones de vida de este grupo de población, anticipar necesidades y orientar políticas públicas.

Gran alcance y feminización de la longevidad

En este sentido, una de las miradas que ofrece el citado estudio evidencia una corriente demográfica que arrastra a Bizkaia hacia ese envejecimiento progresivo de la población: en 2021 había 530.603 personas de 50 o más años, el 46,2% de la población, y las proyecciones indican que este grupo alcanzará el 51,6% en 2031 y el 52,3% en 2036. Es por ello que desde las instituciones ya hablan sin medias tintas de una “transformación social de gran alcance”.

Presentación del Observatorio de Longevidad en Nagusien Intelligence Center (NIC), en Urduliz.

El informe constata, además, que esta evolución no es homogénea. Entre 2021 y 2031, la población de 65 a 79 años crecerá en más de 35.800 personas y la de 80 y más años en casi 21.500. Este último grupo presenta un perfil especialmente feminizado: el 64,7% son mujeres y el 25,9% son mujeres que viven solas. Esa feminización de la vejez tiene implicaciones directas en ámbitos como la salud, la viudedad, la soledad, las necesidades de apoyo y la organización de los cuidados.

No existe una única realidad

En este contexto, Antxustegi ha subrayado que “vivir más años es una expresión de progreso social, pero el reto no es únicamente vivir más: el reto es vivir mejor, con autonomía el mayor tiempo posible, con apoyos adecuados cuando hacen falta y con cuidados dignos, personalizados y de calidad”. El informe constata que no existe una única realidad asociada a la edad. Las situaciones vitales, la salud, la autonomía, el género, la renta, la red familiar, el territorio o el acceso a la tecnología configuran necesidades muy diferentes.

También se apunta a un cambio progresivo en el perfil de las nuevas generaciones de personas mayores, con trayectorias educativas, laborales y tecnológicas distintas a las de generaciones anteriores, lo que anticipa una población más formada, más autónoma “y también más exigente en relación con los servicios, la participación social y la calidad de vida”.

Orientar decisiones públicas

Al mismo tiempo, el documento advierte de que esta mejora general no debe invisibilizar desigualdades persistentes: indicadores de salud que empeoran con la edad, brechas de género en los cuidados y el trabajo doméstico, situaciones de vulnerabilidad económica, retos de accesibilidad en la vivienda “y una brecha digital que se reduce, pero sigue condicionando el acceso a determinados recursos y servicios”.

Con estos antecedentes sobre la mesa, el Observatorio nace con vocación de perdurar en el tiempo y no limitar sus funciones a informes puntuales, sino “que sirva para orientar decisiones públicas de forma continuada”. Su puesta en marcha responde, precisamente, a la necesidad de contar con información actualizada y útil “para diseñar políticas más segmentadas, preventivas y adaptadas a trayectorias vitales diversas”, ha expresado Antxustegi.

La diputada foral de Acción Social también ha querido poner el foco en la pluralidad de voces que darán vida a este Observatorio de Longevidad. “Necesitamos sumar miradas, experiencia y conocimiento”, ha concluido.