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Una iglesia románica previa a la fundación de Bilbao en 1300

Se cree que bajo la basílica de Begoña podría estar el castro de la antigua Vecunia, de la Segunda Edad de Hierro

Una iglesia románica previa a la fundación de Bilbao en 1300Natalia Garcia Zamora

La iglesia de Andramari de Begoña era el santuario más querido de Bizkaia mucho antes de que su imagen, una Virgen gótica entronizada del siglo XIV, fuera declarada patrona en 1738. La iglesia actual, un monumental templo tardogótico que empezó a construir en 1511, era completamente desproporcionada para una pequeña aldea de labradores como Begoña, pero se justificaba por el gran empuje económico de los mercaderes, navegantes y productores de hierro del Señorío de Bizkaia. Begoña era su faro y principal referencia.

Los expertos han descubierto que la comunidad de labradores de Begoña ya tenía una iglesia románica antes de la fundación de Bilbao en 1300. De hecho, cuando don Diego López de Haro funda la villa de Bilbao y la dota de la iglesia dedicada a Santiago, se dice que Begoña “non pierda nada de sus terrenos et de las diezmas et de los otros derechos que a el pertenecen”. Ese templo estuvo al servicio de una aldea de la que se tiene conocimiento por un documento de 1162 por el que don López Díaz de Haro donó a la orden premonstratense el monasterio de San Juan de Gaztelugatxe y un collazo o campesino dependiente instalado en tierra de Begoña.

Los historiadores suponen que dicha iglesia se asentaba sobre un edificio del siglo X o anterior que podía ser de factura tosca o influencia asturiana, levantada por comunidades campesinas o elites locales vinculadas a los poderes políticos y religiosos que desde el siglo XVIII estaban tratando de estructurar política y eclesiásticamente el norte peninsular.

¿Quiénes eran los vecunienses?

Fue un hallazgo singular el que ha multiplicado el interés y relevancia de Begoña como un lugar clave de la identidad de Bizkaia. En 2003, el arqueólogo foral Mikel Unzueta reparó en que un escrito del siglo XVII del jesuita Gabriel Henao citaba que, en una peña del camino de Lauroeta, en Loiu, justo en el punto donde se encañonaba el río, un paraje llamado Axpelueta, había una inscripción en letras romanas que decía VECVENIENSES HOC MVNIERVNT. Esta obra la hicieron los vecunienses.

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La inscripción, tallada en la roca, desapareció hace más de un siglo pero era un epígrafe de la inauguración de una obra pública época romana. La duda estaba planteada. ¿Quiénes eran esos vecunienses? ¿Dónde residían? Hasta ahora, la hipótesis más factible era que se trataba de los habitantes de un importante poblado indígena romanizado que se llamaba Vecunia, situado en el único lugar de Bizkaia que ha mantenido ese topónimo: la zona de la colina de Artagan que desde la Edad Media se denomina Begoña.

Aunque los vecunienses –o begoñenses, como podría traducirse– sabían expresarse en latín, el nombre de su ciudad, Vecunia, no parece ser una palabra latina, por lo que los arqueólogos creen que eran un pueblo indígena romanizado más antiguo que los romanos y que debajo de esa Vecunia es posible que se encuentre el castro, de la Segunda Edad de Hierro, en el que vivían ya antes de la llegada de los romanos.