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Día del Orgullo LGTBIQ+

En busca de la vejez ‘queer’ en Getxo: una historia de silencios y tachones

Cuatro años después, el proyecto ‘Gu ere bagara’ continúa viajando por Bizkaia para reconstruir, a partir de fragmentos, las vidas de las personas mayores LGTBIQ+ del municipio costero

En busca de la vejez ‘queer’ en Getxo: una historia de silencios y tachonesOskar González

No conocemos sus nombres, prefieren mantenerse en el anonimato; sí sus historias o, al menos, algunas escenas sueltas, como la de dos mujeres lesbianas paseando bajo la lluvia. Imagínenselas escudriñando el cielo, calibrando el color de las nubes, calculando la dirección del viento. Una de ellas les contó a Julen Nafarrate e Inés Bermejo que le gustaban los días de lluvia porque solo así podía pasear con su pareja bajo el paraguas sin llamar la atención

Este es uno de esos retazos que cosen el proyecto Gu ere bagara (“Nosotros también somos”), donde el periodista y la artista visual recogen testimonios de vida de personas mayores LGTBI+ de Getxo.  

Iniciada en 2022, la obra ––sobre la que también se publicó un libro–– es una historia contada a medias. Tal y como dice Nafarrate, se trata de un proyecto que cuenta sin contar. “Esta es la historia de una derrota: no pudimos hacer el proyecto que queríamos. Queríamos que las personas mayores LGTBIQ+ de Getxo contaran su vida en primera persona”, explica. 

No quisieron hacerlo, en parte, porque se ha construido una sociedad donde estas personas mayores no sienten la confianza y la seguridad suficientes para contar su vida, a juicio del periodista. “Han sido invisibles toda su vida. Con 80 años, muchos nos dijeron: ez, eskerrik asko, resume.

Sin embargo, poco a poco sí pudieron colarse por algunas grietas y obtener síes con condiciones: ninguna mención explícita. “No poder contar los detalles también comunica. El libro que hemos publicado está lleno de tachones: nombres, fechas, datos. La historia LGTBIQ+ está atravesada por esos silencios. Y dicen más que cualquier dato”, apunta Nafarrate. 

"Estoy segura de que mi marido era maricón"

A partir de ahí, Nafarrate cuenta que algunas entrevistas comenzaron con cafés y terminaron en marianitos; otras revelaron realidades durísimas. “Nos gustaban mucho los días de lluvia, porque podíamos pasear agarradas del brazo bajo el paraguas sin llamar la atención”, recuerda una de las frases que más le marcó. 

Dos mujeres que no pudieron vivir su historia de amor como les hubiera gustado. Acercarse a esas vivencias y tomar conciencia de su ausencia en el relato público le resultó demoledor: lo que no se cuenta desaparece. “Si no lo contamos, se pierde. Porque la historia de nuestro pueblo no está recogida desde una perspectiva LGTBIQ+”, sostiene.

Precisamente por ello, los creadores del proyecto comenzaron a organizar una gira de presentaciones que se ha dilatado hasta ahora. De hecho, el próximo mes de julio estarán en Etxebarri. En esos encuentros, se acercaron más personas a compartir vivencias no siempre en primera persona,  que con sus aportaciones fueron enriqueciendo un proyecto que sostenía sobre cinco testimonios. 

Hubo quien les contó cómo su padre, en los años ochenta, presenció insultos a dos chicos en los antiguos cines Gurea. Después de una de esas presentaciones, una mujer se les acercó y les dijo: “No se lo he contado nunca a nadie, ni siquiera a él cuando estaba vivo, pero estoy segura de que mi marido era maricón”. 

Ya han perdido la cuenta. Les han ido llegando pequeños retazos. Y, claro, la limitación es que no pueden contar esas historias con detalle. Apenas pequeñas frases que cuentan sin contar del todo y que, en ocasiones, actúan como un espejo deforme de la realidad de hoy en día. 

"Se ha avanzado mucho en algunos ámbitos; no tanto en otros"

Julen Nafarrate . coautor de 'Gu ere bagara'

Una de las conclusiones que Nafarrate extrajo de esta experiencia es que hay cosas que no han cambiado demasiado. Por ejemplo, recuerda cómo una señora mayor les confesó que todavía se le hacía más difícil contar que es bisexual que decir que es lesbiana. “Hay gente joven que sigue sintiéndose cuestionada en este sentido. La bisexualidad sigue sintiéndose como una suerte de fase intermedia”, censura. 

También ha escuchado más casos: “No sabía que eres maricón, pero no te preocupes porque no se te nota nada”. Es el comentario que alguien dirigió a un hombre que se acercó a una de las presentaciones, una frase que refleja prejuicios que, según Nafarrate, no están tan lejos de los que aún circulan hoy. “Por suerte, cada vez hay más personas jóvenes empoderadas; pero también hay mucho discurso de odio en el otro lado. Se ha avanzado mucho en algunos ámbitos; no tanto en otros”, resume Nafarrate. 

'Sexilio': cuando tu pueblo ahoga

Tampoco faltan relatos de sexilio, que describen situaciones en las que una persona deja su lugar de origen en búsqueda de un nuevo espacio donde vivir con más libertad. En ese sentido, Nafarrate cita experiencias de personas que se instalaron en Bilbao, e incluso en Madrid y Barcelona. Algunas, con el tiempo, han regresado. Porque en ese proceso, explica, uno se desprende de ciertas “cadenas invisibles” que lo atan a un entorno en el que no encaja, pero también pierde parte de sus raíces.

“Hay quienes tuvieron que dejar el pueblo no porque Getxo fuera más homófobo que otros lugares, sino por la necesidad de buscar un espacio más anónimo”, explica. “Pero, al final, se pierden también las raíces: las relaciones familiares y de amistad que se han ido tejiendo a lo largo de toda una vida”, añade. 

Destaca que el sexilio suele tener, además, una vuelta. Hay personas que, al cabo de muchos años, deciden regresar. En la ciudad han tejido otras redes que, en ocasiones, no resultan suficientes. 

En otros casos, es más preciso hablar de pequeñas escapadas a Bilbao, donde existían ya algunos espacios seguros en los que la comunidad LGTBI+ podía mostrarse con mayor libertad. “Recogimos la historia de un hombre que vivía su sexualidad con discreción en su entorno, pero en Bilbao se movía en un ambiente incipiente”, señala.

Su familia y allegados nunca lo supieron. Hasta su entierro, en Algorta. “De repente, apareció mucha gente del mundo de la farándula. Su familia y su entorno se sorprendieron”, añade Nafarrate. Según apunta, probablemente esa dinámica siga vigente hoy: cumplir con la norma en Getxo y desplazarse a otros espacios para vivir con mayor libertad.