Mamariga se entrega a la Euskal Ezkontza de oro de Bego y Julián
El barrio santurtziarra vivió ayer la décima edición de su Euskal Ezkontza, una cita que no se celebraba desde 2015 l Bego Eguizabal y Julián Cabezas volvieron a darse el sí quiero 50 años después
En una sociedad cada vez más individualista, aún quedan reductos en los que el trabajo en equipo, la labor en comunidad sigue siendo la nota dominante. Uno de esos lugares en el que se consiguen las cosas con el sudor y el trabajo de muchos es el barrio santurtziarra de Mamariga, punto que ayer celebró la décima edición de su Euskal Ezkontza, un evento que llevaba once años si celebrarse, pero que en la jornada de ayer volvió por sus fueros y contó con la colaboración de decenas de personas que hicieron un trabajo impagable ante un sol de justicia.
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Los grandes protagonistas del día fueron Bego Eguizabal y Julián Cabezas, una pareja de Mamariga de toda la vida que decidió celebrar sus Bodas de Oro volviéndose a casar y haciéndolo ante su barrio. “En estos once años en ningún momento hemos pensado que la Euskal Ezkontza ya no volvería a celebrarse en Mamariga. En otro lugar un parón así puede hacer que ya no se vuelva a hacer, pero en Mamariga es impensable. Sólo había que encontrar el motivo ideal para volver a hacerla y las Bodas de Oro de Bego y Julián ha sido ese pretexto ideal para volver a celebrar este acto”, desarrolló Joseba Trancho, uno de los organizadores del evento poco antes de que Mamariga comenzase a adentrarse en su Euskal Ezkontza. Para el mediodía, el barrio fue tomando color y comenzaron a aparecer caseros, sardineras, agentes del orden, el alcalde –que en realidad es concejal–, el fotógrafo, el cura y cómo no, los bueyes que llevaban el ajuar de Bego y Julián.
El primer punto de encuentro de los participantes en la Euskal Ezkontza fue el frontón de Mamariga. Allí se citaron al mediodía y, desde allí, se organizaron las dos columnas, la del novio y la de la novia. La de la novia se quedó en las inmediaciones de la kultur etxea, mientras que la columna que acompañaría al novio se reunió en el otro extremo de la calle Mamariga, en las inmediaciones del bar Kaixo. El punto de encuentro sería, ni más ni menos, que la plaza Itsasoko Ama, donde Bego y Julián volverían a darse el sí quiero casi cincuenta años más tarde de aquella primera vez que les acabó uniendo para siempre. Bego, como buena novia, se hizo esperar y uno de los grandes atractivos de la espera fueron los bueyes que llevaban el ajuar. Allí se vivieron tres épocas en un mismo espacio. Las personas vestidas de época sacaban sus teléfonos móviles para hacer fotos a los bueyes con el mural de en honor a todas unas leyendas en Mamariga como es el grupo Eskorbuto de fondo. De esta manera, se fundieron en un mismo marco el final del siglo XIX, las décadas de los 80 y 90 del pasado siglo y la actualidad, marcada por la tecnología.
Una vez llegó Bego y fue recibida en honor de multitudes por su columna, acabó la espera y tanto la columna del novio como la de la novia empezaron a recorrer el tramo que les separa del punto de reunión, la plaza Itsasoko Ama, epicentro de la vida social de Mamariga. Allí les aguardaban muchas personas para vivir conjuntamente un momento muy especial para Bego y Julián y, también, para todo el barrio que, a lo largo de los años ha sido testigo diario de esta historia de amor. La ceremonia comenzó con la lectura de la dote ante las reacciones del público al conocer qué aspectos materiales aportaba cada parte al matrimonio. Tras ese instante, llegó la ceremonia como tal, oficio que estuvo dirigido por un cura muy leído, ya que quien ejerció de cura fue Unai Gezala de la conocidísima Librería Begoña. Como en toda boda que se precie, no faltaron las pequeñas grandes dosis de nervios de los novios, pero todo tuvo un final feliz cuando ambos, como ya hicieran hace medio siglo, se dieron el sí quiero ante el aplauso y los vítores de las muchas personas que se reunieron en pleno corazón de Mamariga para, por un lado, seguir haciendo barrio y, por el otro, seguir alimentando la flor de la Memoria Histórica.
Tras confirmarse el matrimonio, varias dantzaris agasajaron a la feliz pareja con un baile que, seguro, recordarán para siempre y que será uno de sus momentos preferidos dentro del día tan especial que vivieron ayer. Después, llegó el momento de degustar pastas y mistela. “Este barrio es la leche. Mamariga nunca falla y siempre logra las cosas con mucho esfuerzo unión. Tiene mucho mérito que con este calor y, habiendo otros muchos eventos, el barrio se haya entregado de esta manera a la celebración de la Euskal Ezkontza. Está siendo un día muy importante para todos los que formamos este barrio que se ha construido desde la empatía. Porque desde ahí, fluye todo lo demás”, desarrolló Gezala. La fiesta siguió en el barrio con una comida popular que sirvió para poner la guinda a un día muy especial para Mamariga que tuvo a Bego Eguizabal y Julián Cabezas como grandes protagonistas.