La accesibilidad afecta a un colectivo mucho más amplio de lo que a menudo se piensa. Según un estudio del Ararteko sobre movilidad reducida en Euskadi, alrededor de 440.000 personas en Bizkaia —el 38% de la población del territorio— pueden encontrarse en situación de movilidad reducida de forma permanente o temporal. En este grupo se incluyen personas usuarias de silla de ruedas, personas con discapacidad física, personas mayores, mujeres embarazadas o quienes atraviesan limitaciones temporales de movilidad. Marisa Castro es integrante de la Comisión de Accesibilidad y socia de Fekoor, tiene esclerosis múltiple y desde hace unos años utiliza una silla eléctrica para moverse. "Hay muchas cosas que puedo hacer sola, pero todavía hay demasiadas barreras que te obligan a depender de otras personas" explica.
Ella es una de las tantas personas a las que no le resulta fácil recorrer algunas calles de los pueblos vizcainos, ni tampoco moverse en transporte público. Para comprobarlo sobre el terreno, DEIA ha acompañado a Marisa para conocer esas dificultades con las que se puede encontrar en su día a día.
Demasiados obstáculos
Aceras estrechas, rebajes mal ejecutados, mobiliario urbano que dificulta el paso o pendientes excesivas son obstáculos cotidianos para Marisa se encuentra cuando recorre las calles de diferentes municipios vascos. Según explica, son muchos los pasos que hay que dar para mejorar el transporte público y adaptarlo para que todas las personas "podamos movernos sin tener que pedir ayuda a nadie. "Muchas veces no es solo el transporte, sino todo el recorrido. Hay momentos en los que tenemos que dar rodeos porque las aceras no están adaptadas a nosotros"
En Bizkaia, la red de Cercanías de Renfe, compuesta por cinco líneas, atraviesa 24 municipios y numerosos barrios de localidades también servidas por metro. En total, el servicio puede ser utilizado por 166.098 personas, de las cuales una media de 16.609 –alrededor del 10%– presentan movilidad reducida o serias dificultades de desplazamiento, ya sea por edad, problemas de visión u otras condiciones.
En el recorrido con Marisa quedaron al descubierto algunas de las dificultades que afrontan las personas usuarias de silla de ruedas en la red ferroviaria de Cercanías, una de las más llamativas es la distancia entre el andén y el vagón. "Es imposible sortear esas distancias para poder entrar en los vagones", se lamentaba.
Desde Fekoor reivindican que la accesibilidad deje de entenderse como una cuestión que afecta únicamente a las personas con discapacidad y pase a abordarse como un derecho que beneficia al conjunto de la ciudadanía. La entidad defiende que eliminar barreras urbanísticas, arquitectónicas y de transporte no solo favorece la autonomía de las personas con movilidad reducida, sino que contribuye a construir entornos más inclusivos, seguros y cómodos para todas las personas.
El acceso al tren y las barreras físicas
Marisa no puede viajar en tren sola. Necesita la ayuda de otra persona que le coloque una rampa para poder acceder a los vagones. Ese es uno de los tanto obstáculos con los que esta mujer se encuentra cuando tiene que viajar a otro municipio. "En Cercanías nos cuesta mucho porque prácticamente no podemos coger ninguna línea. Solo podemos utilizar la de Feve porque tiene rampas y en Abando ni siquiera tienen que colocarlas. En cambio, en Renfe Cercanías hay mucha altura y escalones", concreta Marisa.
Si la distancia entre el tren y el andén sigue siendo uno de los principales problemas, no es el único. En algunos puntos, además de la separación horizontal, existe un desnivel que obliga a realizar maniobras complejas para acceder al interior del vagón. Incluso una vez dentro, las dificultades continúan, ya que la colocación en el espacio reservado requiere maniobras adicionales y en muchos casos es necesaria ayuda externa. "FRASE DE ELLA"
En este contexto, el técnico de Accesibilidad de Fekoor, Aitor Esturo, –que también se sumó al recorrido–subrayó que "la problemática no se limita a casos puntuales, sino a la falta de accesibilidad en tramos concretos de la red ferroviaria". En este sentido, el técnico propone como posible solución que "en las líneas C1, C2, C4 y C5 viaje una persona con una rampa portátil para facilitar tanto el acceso como la salida de quienes necesitan apoyo".
La accesibilidad no depende únicamente del acceso al tren, durante muchos días a Marisa le surgen incidencias que condicionan su recorrido, evidenciando cómo cualquier fallo en la red puede afectar directamente a la movilidad. La avería de un ascensor o la falta de alternativas accesibles en determinados puntos obliga a modificar trayectos completos, generando situaciones de dependencia y pérdida de autonomía. Este tipo de incidencias muestra que la accesibilidad no puede depender de elementos concretos, sino de un sistema continuo que funcione de principio a fin.
Fekoor ha presentado 18 aportaciones al VI Plan de Igualdad del Ayuntamiento de Bilbao (2026-2030), de las que el consistorio ha aceptado 12 propuestas clave centradas en la discapacidad y la interseccionalidad. Se reforzarán los sistemas de recogida de datos incorporando la variable de discapacidad, además de los protocolos de atención para mujeres, niñas y jóvenes en situación de violencia machista y la formación del personal municipal. El objetivo es avanzar hacia una igualdad más inclusiva que tenga en cuenta la diversidad de realidades de todas las mujeres.