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“Ya no somos ‘señoras mayores’, estamos llenas de energía”

Cristina Llorente rompe con los prejuicios de la maternidad tardía relatando su vida como madre de un bebé de 10 meses a los 46 años

“Ya no somos ‘señoras mayores’, estamos llenas de energía”Gaizka Portillo

En la cuadrilla de Cristina Llorente, lo “extraño” no es ser madre a los 46; lo inusual empieza a ser ver a jóvenes de 30 con hijos adolescentes. Cristina forma parte de una generación de mujeres que han desplazado el reloj biológico para sincronizarlo con el vital. Hace diez meses nació Markel, y lejos de los miedos o el cansancio que los manuales de medicina suelen atribuir a las madres de más de 40, ella relata una experiencia marcada por la “normalidad absoluta” y la energía. 

Para Cristina, esperar no fue una estrategia meditada, sino el curso natural de los acontecimientos. Cuando decidió dar el paso con su actual pareja, su edad nunca fue una barrera mental. “En ningún momento lo vi como un problema. Durante el embarazo todas las pruebas salieron súper bien; no tuve ningún contratiempo”, cuenta. Esa seguridad interna la blindó contra la presión externa, aunque admite que, en su caso, esa presión ni siquiera existió. “Nunca me he sentido juzgada. De hecho, seis meses después de tener yo a Markel, otra amiga de mi cuadrilla ha sido madre también con 46 años. Es lo que se lleva ahora”.

Uno de los grandes tabúes de la maternidad pasados los 40 es el agotamiento físico. Cristina, deportista y “superactiva” por naturaleza, cuestiona que la edad sea el factor determinante. “No sé si me hubiera cansado más o menos a los 20 o a los 30 porque no era mi época para tener niños. Pero hoy en día, la imagen de la mujer de 40 ha cambiado; ya no somos ‘señoras’ mayores, trabajamos más y hacemos más deporte, estamos activas y llenas de energía”, reflexiona.

"Si tú no te sientes mayor, adelante"

Esa vitalidad se refleja en la crianza de Markel, un bebé que “come de todo, duerme bien y está sanísimo”, y que ahora ha empezado a gatear y ponerse de pie, convirtiendo la casa en un pequeño campo de entrenamiento. “No pongo ninguna pega a tener un hijo a los 46. Si alguien tiene miedo de ser ‘muy mayor’, yo le diría que adelante, a no ser que ella misma se sienta así. Yo, en mi caso, me siento estupenda”, señala.

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Cristina huye de los discursos dramáticos sobre la maternidad tardía. Para ella, no hay murmullos ni prejuicios que valgan frente a la realidad de ver a su hijo crecer fuerte. Markel todavía no ha pasado por la guardería y se mantiene ajeno a los virus y a las etiquetas sociales.

La historia de Cristina es un reflejo de los nuevos tiempos en Bizkaia, en los que las madres aportan la calma de la experiencia y la energía de una vida activa. Como ella misma resume, el mensaje es claro y directo para quienes dudan por la edad: “No hay pegas. Es una decisión grande, pero si tú estás bien, todo va bien”.