“Le hice un cuento a mi hija para explicarle cómo había nacido”
Olatz Mendiola relata su experiencia con la gestación subrogada en Estados Unidos para llegar a tener en brazos a su hija Kala
A los 30 años, la vida le puso a Olatz Mendiola un obstáculo inesperado, ya que un diagnóstico médico le obligó a extirparle el útero debido a unos miomas. En aquel momento, ni su situación personal ni su economía estaban preparadas para la maternidad, pero aquello, asegura, no le iba a hacer renunciar a su deseo de ser madre. Tras descartar la adopción por las trabas burocráticas para personas solteras en aquella época, Olatz encontró en la gestación subrogada la llave para formar su familia.
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Ser madre por gestación subrogada no solo es un reto emocional, asegura, sino un desafío financiero mayúsculo. Sin embargo, Olatz no dudó y pidió un crédito personal a 15 años. “Todavía me quedan unos pocos para terminar de pagarlo, pero ha merecido la pena cada céntimo”, señala
Para Olatz, la ética era innegociable. Buscó un proceso con todas las garantías en Estados Unidos, huyendo de cualquier escenario de explotación. “No me aprovecharía nunca de alguien sin recursos. Buscaba una familia estable, con solvencia y una vida normal, y eso es lo que encontré”. Optó por una doble donación y conoció a la gestante, con quien “la conexión fue instantánea”. “Ella no quería ser la madre de mi hija; ella ya tenía sus hijos y quería ayudar a alguien a tener su propia familia porque le parecía algo precioso”, explica.
"Me pasé dos días mirándole sin apenas dormir"
Olatz estuvo presente en el parto de su hija, un momento que describe como “muy emocionante y muy bonito”, y del que conserva un reportaje fotográfico realizado por una amiga de la gestante. Tras años de espera, el instante de tener a Kala por primera vez en brazos fue, para ella, una experiencia “inolvidable”. “No me lo podía creer”, relata, recordando que pasó los dos días siguientes “mirándole” sin apenas dormir.
Kala tiene hoy siete años y desde muy pequeña, conoce su historia a través de un cuento que Olatz le creó para explicarle cómo nació. En su entorno, la naturalidad ha sido la norma. Incluso en su colegio, que es católico, donde no han puesto ninguna traba. “Nadie de mi círculo cercano me ha dicho nunca nada. Lo digo con total normalidad y si alguien no está de acuerdo, que no lo haga, pero hay que respetar”, afirma.
A pesar de la burocracia inicial en la embajada y los nervios de los trámites legales, Olatz regresó a Euskadi con una sentencia judicial que validaba el contrato y la partida de nacimiento a su nombre. Actualmente, Olatz trabaja con jornada reducida. “He sido madre para estar con mi hija”, remarca.