"No se fíen de nadie...”, desliza a modo de advertencia María Luisa, la maestra de ceremonias tras saludar al son de Ojos verdes, de Concha Piquer en la cafetería donde arranca y concluye la aventura. Para anotar las contradicciones ya está el papel que el medio centenar de personas que ha pulsado el botón de viajar a 1937 ha ido recogiendo al entrar en La Encartada. Estamos en plena Guerra Civil, y una manta se ha evaporado de la cadena de producción. Encontrarla cuanto antes resulta de vital importancia porque sospechan que podría servir para algo más que para abrigar.
Sospechan, ¿quiénes? El patrón, la costurera, la que más sabe sobre los batanes y el encargado albergan dudas unos sobre otros y tratan de confundir a los espectadores que, divididos en cuatro grupos, recorren las instalaciones en funcionamiento entre 1892 y 1992 de la mano de los guías, Cristina Callejo, Odei Gómez, Carlos Fernández y Jon Lejardi. Esta original visita al actual museo mediante una representación teatral ficcionada se enmarca en el programa foral MusEkintza, que propone espectáculos de diferentes disciplinas artísticas en enclaves singulares de Bizkaia.
Para Balmaseda “las plazas se han agotado”, según explica la directora, Ainara Martínez Matía, mientras los participantes echan un vistazo a la hoja con el grupo que tienen asignado: A, B, C o D. Preferentemente, sin que permanezcan juntos todos y todas los que han entrado en compañía para abrir el abanico de amistades. “Que nunca se sabe si podéis conocer hoy al amor de vuestra vida”, bromea la anfitriona.
Portugalete, Barakaldo, Bilbao... Las procedencias varían, pero coinciden en admirar la tranquilidad del rumor del río que propulsaba la tecnología, el edificio y la maquinaria, en su gran parte inglesa y original de finales del siglo XIX y principios del XX cuidada constantemente “por nuestra técnica María José Torrecilla y el restaurador Joaquín Marco”, apunta Cristina Callejo, lo que ha consolidado a La Encartada como un punto de referencia. De hecho, en 2019 recibió el reconocimiento de la Ruta de Patrimonio Industrial (ERIH) en la categoría de Anchor Point o anclaje.
Los guías desgranan pinceladas de historia, pero esta vez el público deberá más bien desplegar dotes detectivescas que almacenar nombres de telares o procesos. Bajo la dirección de Marta Urcelay, un elenco conformado por Gurutze Beitia, Itziar Lazcano, Leire Orbe, Josu Angulo y Alfonso Díez reta a resolver un misterio articulado en torno a “recuerdos fragmentados y medias verdades”, señalan, sobre una obra concebida específicamente para este lugar.
La de los batanes
“¡Todavía no ha empezado y ya me siento emocionada! Un sitio precioso”, confiesa una de las visitantes, camino de la primera escena con las indicaciones de la introducción para entrar en materia: “de aquí salían boinas, calcetines, madejas, etc.” “Comentan que la manta perdida porta un mensaje encriptado y que podría haberse infiltrado entre la plantilla una actriz famosa. La primera candidata, Rosa, la de los batanes, una veterana trabajadora que recela de los movimientos extraños que ha observado y escuchado. “Cuando el mundo se tambalea, da la sensación de que aquí sigue todo igual”, una percepción que traspasa épocas.
“No se mueve nada sin que el patrón (o alguien que tiene sus llaves) quiera”; aun así, “por la noche ocurren cosas”, traslada recordando los horrores y el sufrimiento de la contienda: “a mí marido lo mataron los nacionales”. Las dudas sobre los acontecimientos se extienden a sus compañeros, como Martín. “¿La polio de niño? Ni hablar, a mí no me engaña, que su cojera no viene de ahí”. Semilla sembrada para acudir expectantes al encuentro del siguiente personaje.
El encargado
Precisamente, el encargado al que se refiere, en una estancia reconstruida con muebles de época, aunque no en concreto los que albergó La Encartada, espera inquieto moviéndose de un lado a otro a veces con mayor y a veces con menor soltura. Nadie es ajeno a lo que se vive en la calle en 1937, “se habla de que hay gente que ha llegado a quemar muebles para dar calor” mientras en la fábrica intentan que el ritmo no se detenga pese a los detalles inquietantes, como oír “el sonido de madera contra el metal” y los rumores de que “han visto a una mujer elegante, ¿una actriz, quizá?” transmite, pero lo más preocupante “al parecer, alguien dijo que habían cambiado el patrón, no al patrón, entiéndanme, sino el diseño, el dibujo de la manta”. ¿Por eso el jefe lucía un semblante tan “intranquilo”?
El patrón
“Pueden responderme”, interpela él, el propietario en una de las áreas que más sorprende de la visita a La Encartada. La reservada a la vivienda de la familia, también recreada. Hay que tener en cuenta que “además de la factoría existían las oficinas, casa de los propietarios, de los trabajadores y escuelas” para que los empleados pudieran hacer casi su vida entera al lado del centro de trabajo”.
“Pasé varias veces a comprobar que no lo hubieran saboteado”, confirma el empresario al frente de la fábrica, que se presenta como hijo de uno de los fundadores con raíces en Veracruz (México), una vida construida a ambos lados del océano Atlántico como tantos indianos. Pausa su relato para expresar su malestar por las colillas de cigarros. Detalle a no olvidar. “Las mantas no entienden de ideologías. Nuestro telar Jacquard es un prodigio”, afirma antes de despedirse.
La costurera
Lo muestra María, la costurera, que despierta reservas cuando ofrece tabaco. El Jacquard de Balmaseda data de principios del siglo XX, uno de los más antiguos que se conservan en la península y que se ha puesto en marcha varias veces gracias al artesano leonés Laurentino de Cabo y el restaurador alavés Joaquín Marco.
Hay quien lo ha catalogado como un claro antecedente del ordenador por el mecanismo de tarjetas perforadas que definían los motivos a confeccionar, similares a las que enseña la costurera, que se presenta como natural de Andalucía en La Encartada en busca de oportunidades laborales.
La resolución
Pero ya se sabe que en este relato “se urden también otras cosas” a punto de salir a la luz, como anticipa la maestra de ceremonias cuando los cuatro grupos se reúnen y comparten hipótesis para desenmarañar la intriga. A cada cual más enrevesada sin perder la lógica para explicar los acontecimientos hasta el punto de que la directora, Marta Urcelay, asegura que podrían encuadrarse en un guión. Como la secuencia que van a presenciar, recreando a modo de flashback flecos sueltos de la trama.
El telar Jacquard sirve de vehículo para insertar códigos en la manta: nombres de soldados en condiciones de tratar de huir de la zona tomada por los golpistas para ponerse a salvo. Los enlaces en la misión, Martín, el encargado, que era gudari y, redoble de tambores por el plot twist, la actriz y directora catalana Margarita Xirgu (1888- 1969) asociada a las obras de Federico García Lorca, que optó por el exilio en América para no convivir con la dictadura franquista y murió en Uruguay.
En una vida paralela, infiltrada como espía en la fábrica de Balmaseda como costurera, al mismo tiempo que mantenía una relación con el patrón. En la lista de nombres figura el hijo de la encargada de los batanes, que se niega a perderle y, desesperada, roba la manta.
¿Qué ocurre después? “Lo dejamos a su imaginación” porque en esta narración “de ficción” lo más relevante consiste en tomar conciencia de que lo mismo en 1937 que en este convulso 2026 “aunque el mundo se caiga a pedazos hay gente que sigue trabajando por la memoria, el futuro y la libertad”.
Las próximas citas
Muñatones
9 de mayo. Desde Balmaseda, el festival foral MusEkintza, que ofrece espectáculos en lugares singulares de Bizkaia, viaja a Muskiz. El 9 de mayo el castillo de Muñatones acoge Ez da kasualitatea, una actuación improvisada musical de bertsos sobre una base de guitarra, violín y saxo a partir de los temas propuestos por la moderadora en una sesión plenamente femenina. El 9 de mayo desde las 19.00 horas con reserva previa.
Bermeo
23 de mayo. Desde el próximo jueves, 23 de abril, se podrán reservar las entradas para Ai gure juaneteak, “una visión escénica híbrida compuesta por letra y música” que plantea otra perspectiva acerca de las canciones de Mikel Laboa. Sobre el escenario de Arrantzaleen Museoa de Bermeo, “un actor-músico y dos músicos-actores”. Un texto de Patxo Telleria, “con la participación de Adrián García de los ojos al piano y de Maider López a la viola en una obra dirigida por Jokin Oregi”, detallan desde la Diputación Foral de Bizkaia. El 23 de mayo desde las 19.00 horas.