“La caza de brujas comenzó en Oñati; no en Durango”
El investigador y músico, Ander Berrojalbiz, presentará este martes en el Museo de Durango ‘Mapa del tesoro: brujas herejes y otras musas’, un libro llamado a ser clave para la revisión de episodios fundamentales de la historia.
La obra reúne artículos breves sobre temas que van desde la música a la crítica social y destaca especialmente por aportar nuevos datos contrastados sobre la brujería y la herejía en las tierras vascas. Entre sus hallazgos más relevantes, Ander Berrojalbiz (Durango, 1983) reubica el origen de la caza de brujas de 1507 en Oñati -no en Durango como se creía- y ofrece una nueva lectura de los procesos judiciales que marcaron aquellos convulsos años.
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Uno de los primeros artículos de su libro está dedicado a la muchas veces citada quema de más de 30 mujeres por brujería en 1507. ¿Qué hay de nuevo en él?
Es cierto que una breve mención a esta quema, atribuida a la Inquisición española, ha estado presente en los libros de historia desde hace más de 200 años. Sin embargo, no sabíamos prácticamente nada más, ni siquiera dónde ocurrió. Se especuló erróneamente con Navarra; después Durango, porque la Inquisición estuvo allí en 1508 y 1509… Ahora por fin tenemos fuentes que apuntan a que ocurrió en Oñati, y a que los procesos los llevó a cabo la autoridad local, la justicia civil.
¿Qué documentos concretos le permitieron concluir que la caza de brujas comenzó en Oñati y no en Durango, como se estimaba?
Ya en 2016 encontré documentación inquisitorial que indicaba que la quema ocurrió en Gipuzkoa y señalaba indirectamente al Condado de Oñati. Ahora he podido corroborar este punto gracias a una apelación referente a un conflicto jurisdiccional entre el Condado y la Diócesis de Calahorra. La apelación contiene un poder fechado el 7 de noviembre de 1507 en el que se afirma que la justicia local de Oñati ya había hecho procesos contra “brujas o sorgiñas”. La Inquisición no intervendrá hasta 1508, y para mayo de ese año ya está asentada en Durango.
Sorprende leer que “el grueso del tribunal pudo ser reclutado en el Condado de Oñate y sus inmediaciones”.
Sí, incluido el segundo inquisidor, o inquisidor asesor. Cabe pensar que, entre otras razones, fuera una forma de sortear la barrera del idioma.
¿Qué diferencias clave habría entre los juicios de Oñati y los del año siguiente en Durango bajo la Santa Inquisición?
Hasta ahora no se ha encontrado ninguno de los procesos de Oñati, pero tratándose de la justicia civil, probablemente estarían centrados en los supuestos daños causados a la comunidad por medios mágicos o brujeriles: pérdida de cosechas, infanticidios, esterilidad… quizá la peste; 1507 fue año de pestes. Por el contrario, la Diócesis primero y la Inquisición después parecen tener que reivindicar su jurisdicción en el tema de la brujería, por lo que se esforzarían en sacar bajo tortura pactos con el demonio y reniegos de la fe cristiana. Esto implicaba herejía y haría primar la jurisdicción eclesiástica. Algunos de los documentos llevan a pensar que la de 1508-1509 es de las inquisiciones por brujería menos garantistas de la historia del Santo Oficio hispano.
Entre los casos juzgados por este tribunal en Durango llama la atención el de una partera de Mungia.
Aunque finalmente su juicio lo llevó a cabo la Inquisición, la comadre María San Juan de Garonda había sido apresada en una pesquisa puesta en marcha a principios de 1508 por las autoridades del Señorío de Bizkaia, que también reclamaban su jurisdicción sobre el tema. En cualquier caso, la fama de bruja se heredaba y su madre ya había sido quemada treinta años atrás por la justicia civil. Por lo demás, sabemos que ejercía como partera, que su marido era cubero, que tenían un hijo que la asistió en el juicio, que a pesar de la tortura ella se mantuvo firme y no confesó, y que, aun así, la condenaron a la hoguera tras someterla a una especie de jurado popular. Se pedía a siete u ocho de sus vecinos que dijeran si creían a la acusada o al fiscal. Su sentencia se leyó en un auto de fe celebrado el 16 de noviembre de 1508.
Sigue investigando la herejía que hubo en Durango en el siglo XV. Resúmala para entrar en harina.
En la década de 1430, franciscanos radicales que se oponían a la jerarquía eclesiástica y repudiaban toda servidumbre sembraron sus ideas en Durango y otros lugares de Bizkaia. Ya fuera por la renovada radicalidad de sus ideas, o por la violencia con la que el pueblo parece haber respondido a algunos actos represivos, el episodio acabó con más de 70 personas en la hoguera.
Aunque aporta nuevos datos, como que algunos de esos franciscanos ya habían actuado antes en Aragón, o recupera los nombres de dos durangueses represaliados en 1444, María de Aguirre y Martín de García, esta vez el enfoque de los dos artículos que dedica al tema es un tanto original.
Sí, me ocupo más del devenir de los documentos que de su contenido. Por una parte, doy a conocer una copia de 1935 de dos documentos, hasta ahora desconocidos para los investigadores, que desaparecieron durante la Guerra Civil; es posible que acabaran como pasta de papel en alguna fábrica del Levante republicano. Por otra, recupero, a través de varias copias ignoradas hasta la fecha, parte del contenido de otros dos documentos que se extraviaron, quizá fueran robados, del Archivo Municipal de Durango a principios del siglo XX.
En la película ‘Gaua’ aparece una mujer ataviada como en imágenes de su libro. ¿Ha colaborado de nuevo con el director Paul Urkijo, como ya hizo en ‘Irati’?
En Irati hice de asesor para la banda sonora, pero en Gaua no, no he tenido nada que ver. Con todo, es verdad que la estética de Gaua, sobre todo el corte de pelo de una de las protagonistas, está tomada de grabados como los que muestro en el libro.
Me llama la atención el extraordinario mimo que denotan la portada, la tipografía y el interior del libro.
Sí, el gusto de los responsables de la editorial bilbaina El Gallo de Oro y de la diseñadora Yolanda Isasi es exquisito. Ha sido un placer colaborar con Beñat Arginzoniz; es un editor valiente, un verdadero poeta.
En otro de los artículos de su libro cuenta que para cotejar la caligrafía de una partitura musical y desvelar su autoría visitó la abadía benedictina de Lambach, en cuya escuela “Adolf Hitler juntó sus primeras letras”. ¿Para cuándo una novela? ¿O una película?
Uf, no creo que se dé. Pero lo que no cuento en el libro es que para cuando llegué a la abadía ya había anochecido, llovía y me abrió la puerta un archivero que llevaba puestas unas gafas con un cristal rajado. Imagínese…