El espectacular incremento registrado en el precio del combustible tras el ataque perpetrado por Estados Unidos e Israel contra Irán y la posterior respuesta del régimen iraní, está mediatizando de manera notable el desarrollo de la actividad pesquera para los buques de la flota vasca. Una embarcación que en la jornada del viernes repostó gasoil en el puerto de Bermeo tuvo que abonar el litro a 1,19 euros, cuando hace apenas un mes, días antes del estallido del conflicto en oriente medio, el precio del diesel se situaba en 0,60 euros. Por lo tanto, la factura correspondiente al combustible se ha duplicado para los armadores vascos coincidiendo con el inicio de las campañas de anchoa y verdel para la flota de bajura del Cantábrico.
Una embarcación que faena con red de cerco a la captura de especies pelágicas puede llegar a consumir 3.000 litros de gasoil diarios durante una jornada de pesca. “Los cardúmenes de pescado no permanecen inmóviles siempre en una zona y tenemos que recorrer muchas millas para localizarlos con el consumo de combustible que ello supone” subraya el patrón de un pesquero vasco de bajura. Tres cuartos de lo mismo acontece para los buques de la flota de altura al fresco con base en el puerto de Ondarroa cuyos arrastreros consumen más de 30.000 litros de gasoil en cinco días de faena a la pesca de especies demersales como la merluza.
Miles de litros diarios
El consumo de combustible es aún mayor en el caso de la flota de gran altura -buques atuneros congeladores- que faenan en aguas de los océanos Atlántico, Indico y Pacífico a la pesca de túnidos tropicales como el rabil o atún de aleta amarilla, patudo y skipjack o listado. Se trata de especies altamente migratorias que recorren largas distancias. Un buque atunero congelador vasco puede llegar a consumir más de 100.000 litros de gasoil a la semana.