En un mundo cada vez más globalizado, en el que las fronteras geográficas parecen diluirse gracias a la tecnología y donde las interacciones internacionales van en aumento, el aprendizaje de idiomas desde la infancia se antoja fundamental. De ahí que ya en el momento de la escolarización de los hijos/as, a la hora de elegir el centro donde matricularles, habrá que valorar la formación en idiomas que impartan.

En la actualidad, numerosos centros escolares han consolidado ya sus proyectos educativos de enseñanza trilingüe, que engloba el castellano, euskera e inglés. Y hasta suelen ofrecer como asignatura optativa en niveles de ESO o Bachillerato, un cuarto idioma, como francés o alemán en la mayoría de los casos.

Ser bilingüe o trilingüe en el mundo actual es una ventaja competitiva clara, a fomentar desde la infancia

Fruto de este afán políglota, antes de terminar la Enseñanza Secundaria Obligatoria, son numerosas las familias que optan por enviar a sus hijos a realizar un curso en el extranjero, pensando en el aprendizaje de otro idioma.

Ya en la etapa universitaria, cada vez más alumnos se deciden por grados y másteres en una lengua que no es la nativa, sobre todo el inglés.

Sin olvidar el creciente número de alumnos que toman parte en programas como Erasmus, de la Unión Europea, que financia proyectos de educación, formación, juventud y deporte, facilitando principalmente la movilidad académica de estudiantes universitarios y de FP en Europa. De esta forma se promueve el aprendizaje intercultural y el conocimiento de idiomas, lo que a la postre redundará en una mejor empleabilidad.

Libros para el aprendizaje de inglés. Pixabay

De hecho, la formación en idiomas constituye un plus cuando llegue el momento de buscar empleo, no solo con la vista puesta en el mercado exterior, sino también dentro de nuestras fronteras, en ámbitos como el tecnológico y en empresas relacionadas con el comercio y el turismo, por ejemplo, donde las relaciones internacionales son imprescindibles.

Ventajas

En nuestros días, aprender un segundo o tercer idioma abre puertas a nivel personal y profesional, a la vez que enriquece la comprensión del mundo y conecta a los estudiantes con la actualidad internacional.

Dominar dos o más lenguas diferencia a unos candidatos de otros para conseguir trabajo, con lo que ser bilingüe o trilingüe en el mundo actual es una ventaja competitiva clara.

Entre los beneficios de saber idiomas hay estudios que demuestran que el aprendizaje de idiomas mejora la memoria, la capacidad de atención y la habilidad para resolver problemas. Y ello hasta en la edad adulta, ayudando a retrasar el envejecimiento cognitivo.

A través del ejercicio mental constante que supone la formación en idiomas se fortalece el cerebro, al tiempo que se dan a conocer otras culturas, comprendiendo mejor sus valores, tradiciones y perspectivas. En última instancia, la conexión cultural fomenta el respeto por la diversidad.

El conocimiento de idiomas facilita la comunicación en una sociedad multicultural. Pixabay

Hablar idiomas lleva a descubrir aspectos de otros países que de otro modo se habrían pasado por alto, ayuda a moverse por el mundo y da acceso a cualquier información y recursos necesarios tanto para estudiar como para realizar trabajos o futuros proyectos.

Por otro lado, cambiar entre idiomas a la hora de la comunicación interpersonal requiere flexibilidad mental y ello, a su vez, vendría a mejorar las habilidades multitarea. Aparte de ser un desafío gratificante, dominar otras lenguas desarrolla la autoestima y la confianza en las propias capacidades.

En cualquier caso, como nunca es tarde, las academias y centros de enseñanza de idiomas tienen sus puertas abiertas a alumnos de cualquier edad y apuestan por el aprendizaje temprano, con programas especiales de enseñanza para niños/as desde los 0 años de edad, siendo aún bebés.