El jubilado que está cambiando la vida de este pequeño pueblo de Bizkaia
No hay nadie en Gamiz que no conozca a Pedro Llona, el vecino con el que todo el mundo puedo contar sin dudarlo
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Durante años, Pedro Llona fue conductor de consejeros del Gobierno Vasco en Vitoria. Miles de kilómetros recorridos, cientos de conversaciones escuchadas en silencio, una vida discreta tras el volante. Era, y es, de esos hombres que no necesitan destacar, que prefieren el segundo plano, el que observa, escucha y cumple con su deber sin hacer ruido.
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Y a día de hoy lo sigue haciendo con afabilidad, cercanía y mucha amabilidad. En su trabajo, la confianza era lo más importante y Pedro siempre fue sinónimo de eso: de confianza, de discreción, de lealtad.
Llegó el día de la jubilación, ese momento que muchos esperan con impaciencia y que en su caso suponía el volver a vivir a su pueblo de toda la vida y seguir haciendo por sus vecinos todo lo que hasta entonces hacía en los ratos libres que le dejaba su trabajo.
“Después de tantos años con una rutina tan marcada, ahora disfruto tanto en mi huerta como echando una mano colaborando en todo lo que necesiten en el pueblo o me pidan desde el ayuntamiento”, reconoce con una sonrisa serena.
Sí, colgó las llaves del coche oficial, Pedro no colgó las ganas de hacer cosas, de ser útil, de estar presente. Y si no, basta con preguntar en Gamiz, de donde es oriundo, para saber que Pedro nunca dice que no cuando se le necesita.
Llamemos a Pedro
Y así, en este municipio de Mungialdea encontró una nueva forma de seguir conduciendo —no ya coches, sino ilusiones, proyectos y momentos compartidos—. Pedro es ahora esa persona que siempre está cuando se le necesita.
No hace falta llamarle dos veces: basta con que escuche que hay que organizar algo para que aparezca, puntual y dispuesto, con una mano tendida y la otra preparando lo que haga falta. “Y siempre con una sonrisa” como nos dicen sus vecinos.
Pedro no colgó las ganas de hacer cosas, de ser útil, de estar presente. Y si no, basta con preguntar en Gamiz, de donde es oriundo, para saber que Pedro nunca dice que no cuando se le necesita.
En las fiestas del pueblo, es de los primeros en llegar y de los últimos en marcharse. Cuando hay que montar una carrera popular, Pedro está. Cuando toca preparar la llegada de Olentzero, Pedro está. Cuando la asociación de jubilados estuvo a punto de desaparecer por falta de gente tras la pandemia, fue él quien movió cielo y tierra para buscar voluntarios tras la petición de ayuda que le hizo Ana Rubio, la alcaldesa de Gamiz.
“No podíamos dejar que se perdiera algo tan nuestro”, dice con humildad. Y gracias a su empeño y al de otros cinco compañeros que se sumaron al empuje, la asociación sigue viva con más de medio centenar de integrantes.
BBK impulsa 'Erreferenteak', un proyecto para "sumar vida a los años y no años a la vida"
“Bueno, si puedo ayudar, ¿por qué no?”. Porque Pedro no busca reconocimiento, ni aplausos, ni protagonismo. Lo suyo es pura generosidad, esa que nace del corazón y se demuestra en los pequeños gestos del día a día. De ahí que sea todo un referente de la comunidad de esta nueva jubilación tal y como se demuestra en el proyecto de BBK Fundazioa Erreferenteak, con el fin de impulsar una nueva longevidad en Bizkaia y que se presentará en sociedad el día 29 en Mungia.
Le mueve algo más fuerte que el deber: le mueve el cariño, el sentido de pertenencia, el amor por su gente.
Y todo con una sonrisa
Para muchos, Pedro representa ese espíritu de comunidad que no se ve tanto hoy en día. El de los que hacen sin pedir, el de los que creen que un pueblo se construye entre todos, con esfuerzo, con tiempo, con implicación. Y aunque él no lo diga, su ejemplo ha inspirado a otros a sumarse, a colaborar, a recuperar ese orgullo por lo compartido.
"El consejo para aquellos que se van a jubilar es que no tengan miedo ya que la jubilación no es el final de nada, sino un principio de la nueva etapa en la que puedes hacer cosas que antes no tenías tiempo para hacer", proclama.
“Después de tantos años conduciendo a otros, ahora conduzco mi vida a otro ritmo”, comenta con su habitual sentido del humor. Y lo cierto es que ha encontrado una nueva manera de seguir en marcha: ayudando, participando, siendo parte activa de su entorno... Y si no le ves, es que está en su huerta. Otra de sus pasiones y la que dedica todo el tiempo que puede tras volver de Vitoria.
Pedro es parte de la historia viva del pueblo, parte del alma de su gente. Un hombre sencillo, sí, pero con una grandeza callada, de esas que no necesitan palabras para notarse. Y este es su particular homenaje como referente de Gamiz. Quizá nunca conduzca ya coches oficiales ni acompañe a consejeros, pero cuando hace falta alguien que ayude, Pedro siempre está ahí.